La importancia del conocimiento para la competitividad de los negocios y por ende del crecimiento de la economía es actualmente innegable. El conocimiento, a través de la generación de ventajas competitivas, es ahora la base de la generación de riqueza y desarrollo económico.
El conocimiento en los negocios se enfoca en generar innovaciones con alto potencial de crear valor a empresas y sus clientes. Si dichas empresas se involucran en las áreas con mayor potencial de creación de valor, sus respectivos países tendrán más oportunidades de alcanzar altas tasas de crecimiento.
En una economía centrada en la información y el conocimiento, estos aspectos se convierten en los factores clave de la producción, la productividad y la competitividad de todos los agentes involucrados en este nuevo paradigma, y en definitiva en la herramienta esencial del desarrollo económico y social de nuestros países.
Algunos de los países que han tenido éxito en materia económica, lo deben en buena parte a que sus modelos educativos están vinculados con la economía y el proceso socioeconómico, lo que supone que al tomar políticas de educación, convergen los intereses de los diferentes sectores de la sociedad construyendo un ambiente propicio para el desarrollo de los objetivos de cada nación.
En los países desarrollados el sistema educativo va de la mano de las necesidades de su Estado y su sociedad. Las políticas adoptadas vinculan la vida productiva de los países con las empresas y universidades, donde éstas últimas están directamente vinculadas con grandes empresas. Por una parte las Universidades forman y transmiten los conocimientos y por otro las empresas se dedican a impulsar la investigación y el desarrollo.
Si bien en el mundo desarrollado existe una intensa red empresarial, corporativa y académica tendiente a la generación, divulgación y aplicación de nuevo conocimiento, la realidad es que en Latinoamérica la conformación de dicha red es limitada.
Lo anterior, entre otras cosas, ha impactado de manera importante en el desarrollo y crecimiento de la región. En 1960, la región representaba casi el 8% del comercio mundial; 20 años más tarde, participaba con menos del 6% y, en 1990, con el 3,3%. La participación en el mercado tecnológico mundial representa menos de un 2%, frente al 43,5% norteamericano o el 23,7% de los países asiáticos y el pacífico. La brecha entre el mundo y América Latina parece estar acentuándose.
En tanto, China e India ofrecen mercados enormes y en sostenido crecimiento económico. Como vimos, nuestra región ha perdido relevancia por sus crisis y continuos vaivenes socioeconómicos.
Por otro lado, la escasa investigación científica incentiva a los profesores interesados en hacer investigación a emigrar en busca de desarrollo hacia universidades de EEUU o Europa. Éste es un enorme costo tanto para las escuelas de negocios que invierten en la formación de los académicos como para las economías latinoamericanas, que pierden capital humano invaluable.
En las economías más desarrolladas, empresas e individuos contribuyen a la investigación financiando cátedras universitarias, patrocinando trabajos de investigación específicos o conferencias de investigación, financiando infraestructura adecuada, etc. En América Latina esto como vimos es incipiente.
La falta de investigación limita nuestra comprensión sobre cómo promover la innovación y el emprendimiento en nuestra región y coloca a nuestras empresas en una gran desventaja frente a la competencia internacional, haciendo más difícil el crecimiento de nuestros países.
A medida que entramos en la sociedad global del conocimiento, las compañías de la región deben tomar la iniciativa de comprometerse con las escuelas de negocios para crear áreas de conocimiento que las hagan internacionalmente competitivas.
Es necesario que las escuelas de negocios de la región generen y divulguen conocimiento propio, que tienda a comprender y solucionar o mitigar problemas típicos de nuestra región. Muchas veces las empresas han aplicado “recetas” a problemas, generadas en los países desarrollados, que han fracasado en nuestro medio, debido fundamentalmente a las enormes diferencias y particularidades de nuestra realidad regional.
En su proceso de transición hacia la sociedad de la información y el conocimiento, el primer desafío al que deben enfrentarse las naciones latinoamericanas es el de lograr una difusión rápida, simultáneamente eficiente y equitativa, de las tecnologías de la información y el conocimiento en sus economías.