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Opinión -
Publicado en:El Cronista

¿Frente a una destrucción creativa?

 

​Columna de opinión de Silvia Torres Carbonell, directora del Centro de Entrepreneurship del IAE Business School, y directora Global de Entrepreneurship Monitor.

Hoy, la Argentina enfrenta un difícil y doloroso proceso de deconstrucción y reconstrucción, que va a requerir de mucho esfuerzo e incluso sacrificio de los ciudadanos, y una conducción clara y firme hacia un futuro que nos ponga definitivamente en el camino del progreso. Y creo que el rol que tienen los emprendedores y los empresarios honestos y visionarios en este desafío es fundamental, contribuyendo al bienestar de la sociedad, y al desarrollo real y a largo plazo de la economía. 

Poniendo en el centro del análisis a los emprendedores, veo su impacto desde dos perspectivas. Primero, porque son el germen de la actividad empresarial y es, justamente, el tejido empresario robusto, sano, competitivo, ético y sustentable el que debe ser el motor para sacar al país de la recesión y ponerla en el andarivel de la prosperidad. Y, segundo, porque los emprendedores son fuente de innovación. Sin la creación de nuevas empresas es difícil imaginar que las nuevas tecnologías disruptivas puedan penetrar la economía y provocar los cambios profundos que requiere nuestro sistema. Hoy más que nunca necesitamos emprendedores que creen empresas innovadoras que exporten al mundo, transformen industrias, inviertan en investigación y desarrollo, introduzcan nuevos productos y servicios, mejoren procesos, atraigan capital, y no solo creen nuevos, sino mejores empleos. Estamos atravesando un vertiginoso momento de la historia que yo defino como `tornado de cambio`, en el cual las transformaciones globales y locales están marcando una transición turbulenta desde un contexto previsible hacia uno inédito, donde el avance del conocimiento y las disrupciones tecnológicas se combinan en una curva exponencial en términos de masividad, de velocidad y de impacto transversal.
 
Hoy como nunca creo en la vigencia de la visionaria definición moderna introducida por Joseph Shumpeter en 1934: `El dinamismo desequilibrante provocado por los emprendedores innovadores es la causa de una economía sana y pujante, mucho más que el equilibrio y la optimización de los recursos`.
La Argentina podría estar comenzando, hoy, una nueva etapa de `destrucción creativa` profunda, consecuencia, por un lado, de esta revolución tecnológica que produce un proceso de reajuste en la sociedad, generando nuevas estructuras, empleos, sectores; y, por el otro, una revolución ética, cultural e institucional, que `destruye` los vicios e ideologías que nos atan al pasado. Esta `destrucción creativa` puede tener la potencialidad de generar soluciones disruptivas en forma masiva a grandes problemas. Y la Argentina puede tener un lugar central en el capitalismo del futuro, que será el `talentismo`, ya que los recursos más valiosos serán el talento y el conocimiento. 

Hoy, nuestro país necesita estos `talentos` emprendedores que no se inmovilizan frente a la incertidumbre: la transforman en riesgo y, finalmente, en valor. Las organizaciones, todas, incluidos los gobiernos, ya no pueden seguir confiando siempre en lo que funcionó en el pasado, en procesos estructurados y en tecnologías probadas para generar riqueza hoy. Necesitan explorar nuevas posibilidades, incrementar la diversidad de ideas y visiones internas y externas. Por eso se necesitan mentes disruptivas. El biólogo estadounidense, Edward Wilson, tiene una frase genial para describir este desacople: `El principal problema de la humanidad, hoy, es que tenemos mentes paleolíticas, instituciones medievales y tecnología de los dioses`. 

Hoy describo al país como la Argentina bipolar: por un lado, está llena de oportunidades que se potencian con estas nuevas `tecnologías de los dioses`, que, bien usadas, pueden generar transformaciones profundas, y con la apertura al mundo que experimentamos con un tipo de cambio más competitivo y nuevos mercados. Por el otro, sufriendo enormes problemas y deficiencias, producto de esa `mentalidad paleolítica`, y de ideologías y comportamientos del pasado que se potenciaron con instituciones medievales, autoritarias y, muchas veces, corruptas. 

Los emprendedores de 2019, tanto en lo público como en lo privado, en los nuevos start-ups o en las empresas establecidas, deben sentir la responsabilidad ciudadana de pensar, como decía Albert Einstein, soluciones nuevas a problemas viejos, con mentalidad innovadora, poniendo en juego su trabajo, su capital y sus conocimientos, emprendiendo con un propósito, mirando el largo plazo y, lo más importante, viendo el país como un vaso, que está medio lleno y medio vacío, y que les demanda ir con urgencia en búsqueda de agua nueva, no `solo para su molino`, sino para la gran laguna del país. 


Publicación en versión impresa.