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Opinión -
Publicado en:Perfil

Gestión Gelbard: el programa populista que fracasó en su intento

 


Columna de opinión de Eduardo Fracchia*

Tras la presidencia del general Lanusse, en 1973 el peronismo nuevamente estuvo en el poder con las gestiones de Héctor José Cámpora, Juan Domingo Perón y Estela Martínez. Se había heredado una tasa de inflación del 64% anual en 1972, con tensiones sociales, crecimiento económico del 3%, precios de las exportaciones en ascenso y desempleo del 6,1%. Las tensiones internas derivadas de la inflación demandaban un plan de estabilización de corto plazo.

Siendo un gobierno de alcance popular y perspectiva nacional, luego de cierta estabilización lograda por Krieger Vasena (1967-1970), se optó en el 73 por un control de precios casi soviético. Quien condujo el proceso fue el ministro José Ber Gelbard, que se hizo cargo de la gestión económica por orden de Perón.

El ministro consideró que la política antiinflacionaria debería gestionarse desde una concepción de puja distributiva. Un acuerdo con los formadores de precios (capital y trabajo) podía frenarla, anclar las expectativas y estabilizar los precios.

Esencialmente, la política pretendió resolver la inflación de costos y la formación de expectativas desde una perspectiva sectorial, no teniendo en cuenta la dimensión fiscal y monetaria. El poder político que tenía Perón se pensaba que podía disciplinar a los formadores de precios y cumplía el rol de una virtual ancla nominal.

El programa tuvo un éxito inicial en estabilizar las expectativas, y la tasa inflacionaria cedió. Durante junio de 1973, se comenzó a evidenciar cierto proceso desinflacionario. Los precios subieron 1,9% mensual, entre julio y diciembre, luego del 64% anual de 1972. La economía creció un 3,7% en 1973 y, en 1974, un 5,4%; mientras que el tipo de cambio se estabilizó en $ 10 por dólar y la mejora en los términos de intercambio se concretó en el aumento de las exportaciones.

Hacia fines de 1973, Perón y el ministro Gelbard presentaban el Plan Trienal a los efectos de profundizar la perspectiva política en un plan económico. Este buscaba estimular el crecimiento económico incrementando la participación del sector productivo nacional a partir de la industria, apertura de mercados internacionales e incrementar la calidad de vida mejorando la distribución del ingreso. La distribución se abordaba con ajustes salariales por encima del incremento de los precios –controlando a estos últimos a través del Pacto Social–.

Bajo el objetivo de generar empleo y mejorar la distribución del ingreso, las cuentas fiscales comenzaron a deteriorarse. El déficit había subido de un 4,6% del PBI en 1972, al 6,9% en 1973. El financiamiento del déficit público se realizaba desde el Banco Central.

Durante 1973, la creación de dinero fue la principal fuente de financiamiento del déficit: la tasa de emisión ascendió a 119%. El aumento del déficit incrementó la cantidad de dinero y las presiones inflacionarias.

El cierto éxito inicial comenzó a revertirse por factores internos y externos. Se produjeron reclamos por aumentos de precios y salarios. En ese contexto, la suba del precio de las importaciones en 1974 tornó más difícil el congelamiento dada la inflación internacional, motivada por el aumento del precio del petróleo.

La suba de precios se aceleró hacia la segunda parte de 1974. El peso del poder sindical y los aumentos no esperados de los bienes importados –cerca del 60% interanual– impulsaron el aumento de precios y salarios.

El déficit fiscal aumentó llegando, después de Gelbard, al 14,5% del PBI en 1975. El gasto público registró un gran crecimiento desde 1973 por encima de los ingresos fiscales.

El mecanismo de transmisión monetaria a precios de la economía había sido olvidado por la gestión económica. Un ejemplo de ese accionar suponía que los desequilibrios que generaba el marco de restricción de aumentos sobre el sector privado eran financiados mediante redescuentos bancarios, desde los cuales se solventaban los aumentos salariales. En un principio, la transmisión a precios de esa expansión monetaria fue parcial a causa de los controles de precios que realizaba el gobierno. El límite del proceso estuvo dado por la caída del acuerdo político.

El proceso de acumulación de inflación reprimida y distorsiones nominales se tenía que sincerar, y eso se hizo más evidente ante la ausencia de poder político con la muerte de Perón. La instancia final fue el arribo a una situación de crisis inflacionaria aguda, fuertes distorsiones de precios relativos, caída de la producción, desabastecimiento y déficit fiscal.

Las condiciones para un régimen de alta inflación y para un plan posterior de ajuste estaban generadas. Ese ajuste fallido, posterior a Gelbard, fue armado por Ricardo Zinn y se conoce coloquialmente como el Rodrigazo.

En cierto sentido, Gelbard sentó las bases con su política de inflación reprimida (inflación cero) del ciclo de fuerte fuga de dólares para protegerse de la megainflación que se extendió desde 1975 hasta 1993, momento en que la convertibilidad volvió a estabilizar los precios.

*Director del Area de Economía del IAE.


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