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Publicado en:Clarin

Heroína en el atentado a las Torres Gemelas, enfrentó tres veces a la muerte

“Lo que no te mata te hace más fuerte”, dice un dicho popular. Si eso es cierto, Alejandra Ciappa -médica argentina especialista en genética- podría participar en cualquier historia de Marvel o DC Comics.

Por Sabrina DÍaz ​Virzi


"¿Una heroína? No, nunca me sentí así; me sentí una persona común que tuvo el privilegio de estar en un atentado terrorista y vivir una experiencia que me hizo una persona más rica. Más que eso, soy una agradecida, porque lo que viví me dio la motivación para seguir haciendo cosas".

La tandilense Alejandra Ciappa tiene 48 años, pero su edad no le hace justicia a su experiencia. Si la vida está hecha de recuerdos, ella vivió varias vidas en una. Y como la vida y la muerte son dos caras de una misma moneda -una no existe sin la otra-, enfrentó cara a cara a la muerte en varias oportunidades. Especialista en neurociencias e investigación científica, fue socorrista durante la emergencia de los atentados a las Torres Gemelas, en Nueva York, el 11 de septiembre de 2001. Unos meses después, vio "la luz al final del túnel" durante un incendio en el edificio en el que vivía, y un cáncer de cuello de útero la obligó a reubicar sus seguridades y deseos.

Reinstalada en Argentina hace quince años, dice que encontró su talento hace unos años, cuando su hija le preguntó qué hacía con pasión. "Inspirar a otros a encontrar su propio potencial" se convirtió en su foco y, como está convencida que "cuando sabés qué querés, todo complota a tu alrededor para que tomes acciones que te lleven a eso", se dedicó a contar su experiencia, cruzada por el conocimiento formal y académico en medicina genómica, coaching ontológico, ayurveda y periodismo científico.

En cada conferencia o charla motivacional que da (y eso que da muchas, a eso se dedica ahora), se ocupa de transmitir que "no necesitás vivir esto que yo viví para aplicar esta mentalidad, en la vida cotidiana; el optimalismo, el optimismo realista es tomar decisiones acertadas desde lo positivo, creyendo que va a salir bien. Cada uno tiene 'sus Torres Gemelas', su pequeño mundo; si uno se mira a sí mismo, casi que vivís en crisis: de la edad, ni hablar de la crisis social y económica, crisis con quién querés ser, con tu pareja... Todos podemos ser héroes en la vida cotidiana, porque podés generar acciones de bondad como ser humano".
Habla rápido. Su voracidad por decir y compartir no se come su serenidad. Es que cada experiencia traumática, dice, te transforma en una persona resiliente y, cuando viene otro trauma, "tenés como 'un formato' para saber cómo superarlo, te aparece la creatividad y te cambia la mirada".



Lo que no te mata...

"Lo que no te mata te hace más fuerte", dice un dicho popular. Si eso es cierto, Alejandra podría participar en cualquier historia de Marvel o DC Comics.

La mayor de cuatro hermanos, desde sus ocho años sabía que sería médica. Pero cuando terminó de estudiar medicina, en 1999 en la ciudad de La Plata, era consciente que su carrera no se desarrollaría en hospitales. Se fue a Nueva York -"su" ciudad en el mundo- para cursar un postdoctorado en la Universidad de Columbia para el que se enfocó en estudiar la enfermedad de Alzheimer y tempranamente entendió la importancia de los bancos de ADN en la investigación científica a largo plazo.

Unos meses después de haber llegado a Estados Unidos, le diagnosticaron cáncer de cuello de útero. Su sueño de ser madre estaba en juego, pero ella se dijo: "De esto no me voy a morir". Y así fue. Se operó, salió adelante e, incluso, ya tiempo después, tuvo a su hija Catalina, que hoy tiene trece años.

Al año siguiente, la mañana del 11 de septiembre de 2001 estaba en su casa, ubicada en el Upper West Side, a unas setenta cuadras de las Torres Gemelas. Mientras se preparaba para irse al laboratorio como hacía cada día, vio en la televisión una imagen que mostraba que algo había golpeado contra las Torres Gemelas. "Veo en vivo cuando golpea el segundo avión, pero seguí con mi rutina", en esa mezcla de inconsciencia y no entender qué era lo que estaba pasando. Tomó el subte -"debió haber sido uno de los últimos que pasaba"- y en el vagón le comentó a una mujer lo que había visto por TV; la señora le dijo que estaba loca. "Claro, ahí todos seguían como si nada. Nadie lo había visto. Eran tiempos en los que la gente leía libros, no había celulares".

En el laboratorio recibió la llamada de su madre, que quería saber que ella estuviera bien, y lejos del centro de la escena crítica. Desde la provincia de Buenos Aires, la cacheteaba con la frase "se cayeron las Torres Gemelas, Alejandra; ¡no hay más Torres Gemelas!", para que reaccione. Pero "yo me imaginaba que se había caído el techito, me parecía que mi mamá estaba diciendo una incoherencia". Ahí empezó a ver lo que pasaba, le pidió permiso para salir a su jefe y, en un bar, vio las primeras declaraciones del alcalde Rudy Giuliani. Ahí se dijo: "Tengo que ir". No sabía ni a qué, pero desde la 168th Street se tomó otro subte que la dejó cerca del Central Park. Salió a la superficie y todo era un caos. "El cielo estaba parado. No había ni un avión en el aire", le impactó.

Caminó y se ofreció como voluntaria. La hicieron esperar siete horas, todo estaba desbordado. Los médicos tenían que ir a otro lugar, a una escuela donde dispusieron el auxilio que se enfocaba principalmente en los rescatistas, ya que no había sobrevivientes. De miércoles a viernes atendió en lo que se iba necesitando. Los profesionales se distribuían en áreas que se iban armando en el momento, que se ocupaban de los ojos, la piel, los traumatismos, la cuestión respiratoria y el costado psiquiátrico. Como era una de las pocas que hablaba español, con el correr de las horas se ocupó de contener a aquellos que hablaban el idioma.

En esos instantes, vivió los extremos: "Conocí la maldad extrema de la humanidad, y lo otro, la bondad y la solidaridad". "A través de los años vas interpretando y entendiendo lo vivido, qué te dejan las cosas que hiciste, cosas que no creíste que eras capaz de hacer. Jamás había rescatado gente de edificios; nunca creí que iba a ser capaz de vivenciar las emociones que vivencié. Estas cosas permiten entender que uno puede hacer muchas más cosas que uno se cree capaz de hacer".

¿Cómo hacer carne el aprendizaje? "Hay un hecho que pasa, que vos no podés evitar, pero es tu responsabilidad lo que vas a hacer con esos hechos: te podés dedicar a victimizarte o podés elegir ser protagonista de lo que te pasa, y en ese elegir también vas a tener que elegir acciones. No siempre sabés qué tenés que hacer, generalmente empezás con ensayo y error".


Abrir los ojos y estar viva

"Todo lo que hablo lo digo por experiencia, como lo hace Carlitos Páez Vilaró, cuyo conocimiento adquirido es su experiencia. Cambia la tragedia". Alejandra dice que todos tenemos un potencial que tenemos que dejar fluir, algo instintivo que se anula con el pensamiento. "Creo en el poder de la mente, en que tus pensamientos generan lo que sentís".

Al año siguiente del infierno del que fue testigo, estaba en su casa neoyorquina junto a su pareja. Entredormida en la cama, supo que algo pasaba: un incendio cercano puso al edificio en alerta. "Cuando pregunté, me dijeron que no había riesgo en mi departamento, pero mi intuición me decía que me tenía que ir. Fui a buscar a mi pareja, pero había tanta concentración de monóxido de carbono que estuve tres horas y media atrapada. Sentí que me iba a morir. Sentí la experiencia de la muerte, vi el túnel blanco, me sacaron del departamento y luego, terapia intensiva". Reflexiona: "Vivir una experiencia traumática te transforma en una persona resiliente".

En 2004 volvió a la Argentina; trabajó en FLENI, en el plantel del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, en INECO. Se casó, se divorció, tuvo a su hija, "cumplí todos mis sueños, ahora tengo nuevos", dice esta mujer que asegura que disfruta cada paso de la vida.

Nueva York significa mucho para ella, y vuelve cuando puede. "Yo iba a bailar a las Torres Gemelas, estuve parada sobre los escombros, y prometí que iba a pararme en la torre Freedom con mi hija. Lo hice, es una forma de resignificar lo que sos".


Ciappa obtuvo varios reconocimientos por su labor humanitaria, es ciudadana honorífica de su ciudad y le dieron medallas de honor al héroe por sus acciones en el atentado 911. Pero -más allá de que se mudó 22 veces- no se quedó quieta. Durante la última década, se formó en medicina genómica y ayurvédica, y también estudió repostería profesional y canto. Escribió un libro sobre Alzheimer y planea otro para conmemorar los veinte años de la caída de las Torres. Fue goleadora de hockey en su equipo Buenos Aires Cricket & Rugby Club ("hice 45 goles, a pesar de que no era esperable para mi edad"), jugó torneos nacionales de squash.

Además de jugar golf, hoy se dedica a dar conferencias, es capacitadora y docente. Mañana 12 de septiembre dará una charla gratuita con inscripción previa en el ciclo Mujeres que inspiran del CONFyE del IAE Bussines School (inscripciones: https://lnkd.in/gdX_xw7), mientras planea cuándo hacer la prueba de ropa para el desfile de un evento a beneficio del que participará el domingo próximo.

Multifacética, Alejandra reafirma su compromiso con la vida: "Uno es diferentes cosas. Todo lo que hago está relacionado. Como decía Steve Jobs, uno va uniendo los puntos".