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Opinión -
Publicado en:Perfil

La destrucción de empresas es la destrucción del futuro del país

Para volver a crecer es indispensable reanimar el tejido productivo y para ello, además de los deberes macroeconómicos que el Estado debe realizar, el rol de las empresas es insustituible.


(Revista Noticias)

En un reciente estudio, Claves identificó la evolución del número de empresas en Argentina. Es un trabajo interesante, basado en los CUIT que se dan de alta y baja. Las conclusiones son fuertes. En el año 2018 existían en Argentina 543.839 empresas con más de un empleado y 271.067 con tan sólo uno (esto no son empresas sino individuos registrados). En el año 2021, el número de empresas con más de un empleado había bajado a 487.555 empresas (se perdieron 56.284 empresas) mientras que los CUIT con un empleado habían crecido a 285.087. Esto es, en la medida en que mueren empresas, no están siendo reemplazadas por otras empresas sino, en una proporción mucho menor, por cuentapropistas que aún creen que vale la pena realizar la actividad económica en el sector formal. 

 El estudio de Claves tiene sus limitantes metodológicos, como todo estudio, pero da una idea de la magnitud del problema que tenemos entre manos. Es impensable crecer sin un sector privado pujante. La destrucción del sector empresarial es la hipoteca del crecimiento del futuro. ¿Por qué no se crean empresas? 

La pandemia sólo agravó un problema que lleva décadas: hemos puesto una presión impositiva sobre las empresas que las hace inviables. En recientes estudios se muestra que en la actual gestión de gobierno se han creado o aumentado impuestos en 18 ocasiones. La dirigencia política sigue legislando en automático, agregando presión impositiva sobre el sector formal, agregando regulaciones y leyes, sin mirar ni preocuparse por ver el impacto de sus medidas.

 Nuestro sector empresarial es débil, y se desgasta navegando contra la pandemia, contra el aumento de impuestos, contra las restricciones de despido que hacen que toda la volatilidad la deba absorber el dueño de la empresa, contra las amenazas de mayores impuestos, contra las infinitas restricciones para mover dinero desde y hacia el exterior, con miles y miles de regulaciones, muchas de ellas contradictorias entre sí, sin financiamiento, y con una ley de quiebras que impone costos siderales incluso para cerrar un negocio. Somos un país que maltrata a sus empresas como en pocos lugares del mundo.

 Pero hay un problema de igual gravedad: al diseñar un sistema impositivo que hace inviable (salvo excepciones) la creación plena de valor en el sector formal, estoy diseñando el país para que haya economía informal. Quien diseña el marco impositivo del país no sólo sabe que habrá gente que no querrá pagar impuestos (esto pasa en todos los países), sino que en Argentina no se podrán pagar los impuestos aun queriendo. Y siempre, la contracara de la informalidad es la creación de pobreza. Lo más dramático es que en Argentina creamos pobreza por diseño, al crear un sistema impositivo que impide la plena vigencia de los negocios en el sector formal. Para que una sociedad baje su pobreza necesita tener protección al trabajo y necesita tener impuestos para financiar la educación y salud pública. Argentina no es un país desigual y desprotegido porque los empresarios son malos o porque el mundo nos quiere dominar: Argentina se ha diseñado para que haya cada vez más pobreza y menos creación de valor.

 El círculo vicioso que hemos creado como nación requerirá una reforma fiscal integral que empiece por bajar la presión impositiva sobre el sector empresarial. Bajar la pobreza y mejorar las condiciones de hacer negocios en el sector formal son las dos caras de la misma moneda. Este es el gran debate que se debe dar previos a la elección. Para la dirigencia política el desafío es alto: convencer a un sector empresarial exhausto que en los próximos años van a hacer lo que no han querido hacer en décadas. 

*Roberto Vassolo es profesor e investigador del IAE Business School.

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