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Opinión -
Publicado en:Clarín PyMEs

La pandemia y la empresa familiar

La vuelta a la presencialidad no parece ser tan simple como imáginábamos que iba a ser: volver llevará un tiempo, un nuevo acostumbramiento.


La definición de éxito en la empresa familia incluye la generación de riqueza en la empresa, la generación de felicidad familiar y la realización de las personas que se vinculan de diferente forma con ella.
Una de las cosas que ocurrieron desde marzo de 2020 hasta hoy fue redescubrir una frase: no hay empresa familiar sin empresa, no hay empresa sin negocio y no hay negocio sin mercado y las capacidades para encararlo. Esta última parte es la que más llamó la atención en las empresas familiares. Hemos visto atravesar a este tipo de empresas los peores años de su vida. Entre las más golpeadas vale mencionar turismo, restaurantes, hoteles, gimnasios, colegios. Las familias empresarias dueñas de estas empresas no olvidarán estos años de sufrimiento y de verse obligados a vivir una economía de austeridad, impensadas en otras épocas.

Otros sectores atravesaron circunstancias totalmente diferentes y recordarán estos tiempos como los mejores. Tal es el caso de empresas de alimentación, negocios de cercanía y otras actividades particularmente favorecidas, por ser esenciales, o por ofrecer productos o servicios en cuyo consumo las familias se recluyeron para pasar las restricciones de la cuarentena.

En el ámbito de las familias empresarias se vivió un muy fuerte solapamiento del trabajo en la vida familiar. Los límites se volvieron difusos, se vivieron mucho más cercanas las contrariedades y se aprendió una forma distinta de estar presente a través de la virtualidad, tanto en lo familiar como en contacto con su gente.

Lo actual, 2021, es la reflexión sobre la vuelta a la presencialidad, tema que no parece tan simple como imaginábamos que iba a ser: volver llevará un tiempo, un nuevo acostumbramiento.

En el ámbito de las personas, se han observado jóvenes sucesores ocupando espacios del fundador o fundadora, en forma más rápida de lo conocido como proceso sucesorio, en muchos casos porque el fundador o fundadora, por formar parte de los grupos de riesgo debido a su edad, se quedaron en sus casas. Los equipos gerenciales se unieron en la adversidad asumiendo las responsabilidades que la época les demandó.

Como dueños se aprendió a valorar lo que se tiene, entender la importancia de estar cerca de la gente con quien trabajamos y saber compartir. Se apredió a tomar decisiones de economía en tiempo de crisis y ocuparnos de lo básico: mucha austeridad en el gasto y cuidado de la caja.

Como aprendizaje hemos comprobado que, en períodos como éstos, nadie se salva solo: la responsabilidad social está en saber compartir, la tecnología ayuda mucho y los jóvenes se llevan mejor con ella que los mayores; la salud es un tema a cuidar en la familia y en la empresa. Y la empresa es algo por lo que vale la pena luchar para sacar adelante.

Me gusta creer que podremos copiar a las empresas familiares de más de 10 años que defienden valores que vale la pena resaltar en estos tiempos: estar siempre muy cerca de las necesidades de nuestra gente -colaboradores, clientes y proveedores-; honestidad y rectitud en el comportamiento; compromiso solidario, más allá de la empresa; transparencia, sin doble discurso; pasión por la calidad; orgullo por ser empresarios con compromiso por hacer crecer la empresa.

Y el mayor desafío: que todos estos valores transiten generacionalmente.

La clave. Poder copiar a las empresas familiares de más de 10 años que defienden valores que vale la pena resaltar en estos tiempos: estar cerca de colaboradores, clientes y proveedores, con un compromiso solidario más allá de la empresa.

Guillermo Perkins es profesor del IAE Business School, Universidad Austral.