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La productividad inclusiva, clave para el desarrollo sostenido de la Argentina

En el mundo post pandemia, la PI será aún más necesaria, dados los aumentos de la pobreza y la desigualdad y un entorno de gran cambio tecnológico.


Publicada por EMPRESA, la revista digital de ACDE, escrita por Juan José LLach.

Nuestra economía no crece desde hace una década y lo ha hecho lentamente desde hace mucho más tiempo. Las peores consecuencias son los actuales records de pobreza y desigualdad. Para salir de esta situación, los desafíos centrales de la Argentina son los mencionados en el nombre del proyecto Productividad Inclusiva (PI), hace dos años en marcha en el IAE Business School y en la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral.

 Porqué la Argentina necesita una estrategia de productividad inclusiva

¿Por qué la Argentina necesita aumentar, conjuntamente, la productividad y la inclusión? Mayor productividad es esencial para crecer, pero no es aceptable por sí sola, políticamente. Y la inclusión sola, más frecuente  en la Argentina, no es sostenible sin desarrollo económico[1]. Por eso deben ir juntas. Sus claves son aumentar la calidad y cantidad de inversión en capital humano y en capital físico, para así crear millones de empleos formales, erradicando la pobreza y reduciendo la desigualdad. Obvio y fácil de enunciar, difícil pero posible, pocas veces intentado y nunca realizado nuestro país.

En el mundo post pandemia, la PI será aún más necesaria, dados los aumentos de la pobreza y la desigualdad y un entorno de gran cambio tecnológico. Ese marco sería ideal para acordar políticas que promuevan la PI.

La “macroeconomía de corto plazo es insuficiente sin un rumbo claro

La PI conlleva la necesidad de un rumbo claro y acordado por los actores relevantes, del que carecemos hace tiempo. Las políticas económicas suelen centrarse en “la macro” de corto plazo: reducir la inflación y el déficit fiscal, encarrilar el precio del dólar, dotar de recursos a la ayuda social y lograr una reactivación, casi siempre pasajera. Lo dicho es necesario, pero no suficiente, aunque consiga la “bendición”, no sencilla, del FMI. Buena parte de las políticas sociales tienen un tinte de ayudas pasajeras, a veces también de dádivas políticas, y mucho difieren de las que ayudarían a una auténtica inclusión, reduciendo la pobreza y la desigualdad.

Pareciera no advertirse que un rumbo claro es esencial y se necesitan mutuamente con la macro de corto plazo. Si hoy el rumbo del país estuviera en marcha clara y correctamente, la Argentina podría crecer más y, por la mayor inversión y la creación de empleos, se morigerarían las privaciones para los más necesitados, asociadas a la imprescindible reducción del déficit fiscal. En más de un año y medio de gestión, el gobierno no ha definido su rumbo. Estas omisiones y, más aun, optar por rumbos equivocados, como el que con frecuencia se adopta ampliando sin ton ni son las estatizaciones o amigándose con países muy cuestionables, atenta contra la inversión, en capital físico y en capital humano. Esto genera “mudanzas” de empresas al exterior o emigrar. Se estima que hay cerca de un millón de argentinos económicamente activos en el exterior, dos tercios de ellos profesionales, técnicos o personas con oficios.

La puesta en práctica de la PI requiere acuerdos mayoritarios

Poner en práctica una PI que ayude a sacar a la Argentina del prolongado decaimiento requiere acuerdos básicos mayoritarios[2]. Por ejemplo, una ley de responsabilidad fiscal, la autonomía del Banco Central, el aumento sustancial de la productividad del sector público, con rendición de cuentas anuales, una reforma impositiva compatible con un salto en la inversión y en las exportaciones, una apertura gradual de la economía y políticas sociales que, mediante la educación en todos los niveles y la capacitación laboral apuntalen al desarrollo tecnológico y a la creación de empleos.

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