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Entrevista -
Publicado en:Tiempo Argentino

Las automotrices, entre el subsidio estatal y la quimera exportadora

Mañana arranca la producción Volkswagen. En el sector apuestan a los acuerdos con el Smata para su reimpulso. El 75% de las autopartistas recibe fondos del ATP.


Por Martín Ferreyra

La vuelta de las automotrices a la actividad tras largas semanas sin operar por la pandemia del coronavirus fue promovida en el marco de la “cuarentena administrada” y acarreó inicialmente la reactivación del sector autopartista y, después, de las concesionarias, el otro eslabón fuerte de la cadena.

El retorno se limitó de entrada a la producción para exportación (la automotriz es la segunda generadora de divisas después de la soja). Por eso una de las primeras que retomó el trabajo fue Volkswagen, que puso en marcha su planta de cajas de cambio en Córdoba. Y mañana retomará la producción la planta de VW en Pacheco, en el norte del Gran Buenos Aires, con un único turno para continuar con la producción del modelo Amarok.

Pero a contramano, y casi en simultáneo, en Alemania la casa central anunció el jueves pasado el cierre de dos plantas que había puesto a funcionar a principio de mes debido a la caída de la demanda. La empresa leyó rápidamente las señales negativas del mercado y volvió a boxes.

En Argentina las empresas apuestan al exterior, desde donde solo llegan indicadores sombríos. Los argumentos de las empresas se apoyan en la estrecha relación que supieron construir con el Sindicato de Mecánicos (Smata) y sobre esa base redoblan la apuesta con la mira en las reformas estructurales que defendieron en los últimos años como medios para mejorar la competitividad del producto argentino.

Como incentivo señalan un conjunto de señales del mercado internacional que definen como oportunidades.

Pero antes deberá superar la situación actual. Según un informe de la cámara que agrupa a las autopartistas, el 79% de las firmas del sector consiguió ingresar al programa de Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP), que otorga un subsidio para el pago del 50% de los sueldos y bonificaciones con respecto a las contribuciones patronales. Un 11% no pudo acceder y un 10% no se inscribió.

El consenso

El gobierno es considerado un garante central de ese entendimiento. A fines de 2019, las empresas y el gremio presentaron los términos al recién asumido Alberto Fernández.

En diálogo con Tiempo, Roberto Luchi, profesor de IAE Business School de la Universidad Austral, y titular de Consensus, el centro de negociación y resolución de conflictos de esa institución que auspició la firma de ese pacto social sectorial, destacó a la industria automotriz como la mejor perfilada para avanzar en el contexto de la pos pandemia porque a diferencia de otras “tiene definidos sus ejes estratégicos relativos a inversiones, sistema de trabajo, ventas y modelos. Es una industria que se vacunó y gracias al buen diálogo facilitó la apertura de plantas. La crisis es terrible pero esta industria tiene ese pacto firmado por este gobierno. Es un marco no menor”, resumió.

En líneas generales el gremio admitió en el marco de ese acuerdo diferentes maneras de flexibilidad laboral. En rigor, el sindicato que conduce Ricardo Pignanelli tiene experiencia de años en la adaptación del convenio a las necesidades coyunturales de la industria.

Con esa garantía, que recorta considerablemente las posibilidades de conflicto gremial, las empresas evalúan el presente y proyectan sus planes a futuro. El consenso, tal como lo describen, estaba pensado para tiempos excepcionales, pero en diciembre de 2019 nadie preveía una emergencia como la del coronavirus, que paralizó el mundo y en particular los polos industriales más importantes del sector: Europa, China, Japón, Estados Unidos, y en la región México, Brasil y Argentina.

Según la mirada de Luchi, la comparación de la estrategia de Volkswagen Alemania con la de su filial local es errónea. “El  modelo argentino es más cooperativo que el alemán. Acá las plantas ya no recortan porque sí, sino que buscan innovaciones y siguen con la producción. Es un ‘te bajo el salario pero te ofrezco una salida’. Hay un diálogo de largo plazo”, analizó.

La agenda

Días atrás, referentes de diversas fábricas se cruzaron en una teleconferencia organizada por el Grupo de Líderes Empresarios LIDE Argentina. Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat, Manuel Mantilla, de Mercedes Benz, y Rolf Epp, de BMW, coincidieron en el pronóstico crítico de la producción y el mercado automotriz tanto como en el beneficio que supone el acuerdo con el Smata.

También estuvieron de acuerdo en una lista de reclamos que se puede resumir en un enérgico pedido de eximiciones impositivas con eje en la eliminación de Ingresos Brutos y retenciones a las exportaciones, además de otras condiciones macro “para mejorar la eficiencia y simplificar el funcionamiento de la economía”, según expresó Ratazzi, quien defendió que “Argentina tiene que aprovechar la situación para ir a un cambio de época”.

Mantilla se sumó al objetivo de “poner a la industria argentina en el mundo y salir de la dependencia con el Mercosur porque la escala que necesitamos demanda ir a conquistar otros mercados”.

A propósito, Luchi destacó que el pacto social genera a su vez una responsabilidad a los directivos de las empresas “de ir a sus casas matrices y defender mercados para la Argentina, así como también de pelear nuevos lanzamientos”, concluyó.

De la flexibilidad al pluriempleo: GM y Unilever

La flexibilidad que garantiza el pacto social firmado por el sector automotriz con el Smata auspició la llamativa ocupación de personal inactivo de la terminal General Motors en la empresa Unilever, que produce en Santa Fe artículos de consumo masivo de alta demanda en el contexto de la pandemia.

Las vacantes a ocupar son 15 según pudo confirmar este medio con Unilever. La empresa aclaró que son contratos temporales en el  marco de la categoría “pluriempleo” y que los contratados no perderán su empleo en General Motors mientras dure el vínculo.  

Para Roberto Luchi, profesor del IAE Business School de la Universidad Austral, no es otra cosa que una consecuencia del entendimiento acordado entre las partes con la bendición del gobierno nacional: “Es una señal de confianza hacia afuera porque significa que a pesar de la crisis en el país hay mecanismos que están aceitados. A un inversor extranjero algo así le compensa el riesgo que supone por ejemplo una posible entrada del país en default”, comparó el analista.

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