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Opinión -
Publicado en:Perfil

Tres claves para renovar el aula

Ideas para renovar el encuentro alumnos-docentes en este ciclo lectivo 2019


Columna de opinión de Paola Delbosco.

Los días del aula se nos están acercando, con el riesgo de la rutina, con la amenaza de una estéril repetición. Es bueno llegar preparados y con nuevas ideas para darles vida a esas horas de encuentro con la nueva generación. A continuación analizaremos tres posibilidades concretas para renovar el compromiso activo con la educación.

1- Encuentro y confianza

La vida del aula empieza con el encuentro entre educadores y alumnos. Entrar al aula implica para nosotros como educadores comprometernos a que eso sea, para los chicos y las chicas frente a nosotros, una de las mejores cosas que les pasen ese día. (Esta frase pertenece a un profesor cuyo nombre no me fue dicho, pero le hago el homenaje de repetirla y adherirme a ella.)

Ese encuentro significa confiar anticipadamente en ellos como grupo y en cada uno como persona. Quien se pone voluntariamente en riesgo con esa confianza ofrecida, para decirlo de alguna manera, es el adulto a cargo, que es educador cuando y porque cree en el valor del otro.

Ese encuentro confiado anticipa el alumbramiento de los talentos de cada uno, que en general todavía son desconocidos por la persona en formación, que por eso necesita a alguien que se dedique a hacerlos visibles, y fecundos en resultados. Esas capacidades son siempre una sorpresa para las dos partes, y eso es uno de los aspectos que más entusiasmo introducen en la jornada de trabajo.

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2- Atención y realismo

Descubrir los dones de cada uno implica una mirada atenta y realista, con conocimiento de las muchas modalidades de la inteligencia, del temperamento, del estilo de aprendizaje y de la sensibilidad. La persona que educa necesita una formación específica para el reconocer con agudeza en cada alumno o alumna ese don específico.

Esto es una gran ventaja respecto de otros tiempos educativos, cuando primaba una clasificación homogénea de las capacidades, casi un ranking de mejores y peores. Hoy hemos aprendido a reconocer dones distintos, pero todavía necesitamos un entrenamiento oportuno para entretejer esos dones en proyectos comunes: en primer lugar, la convivencia en el aula.
Parecería que la pérdida del poder vertical del educador tiene sus efectos positivos, como la eliminación de la arbitrariedad, pero si no es compensada por otro tipo de capacidad de intervención, muchas veces no deja recursos para encarar la aparición de lenguajes inadecuados o conductas violentas.

Parte de la tarea docente consiste en la educación emocional: entenderse, entender al otro, elegir la mejor reacción, proporcionada a la situación y con los mejores efectos para todos. Claro, es un programa de vida prudente, pero no por represión de lo que uno siente, o coerción externa, sino por ejercicio lúcido de la libertad, que lamentablemente se adquiere solo por entrenamiento exigente y continuado. Como en los deportes o en el dominio de un instrumento musical.

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3- Un mundo nuevo

La finalidad aspiracional de la educación es gestar un mundo nuevo, con todos los aciertos que alcanzamos hasta aquí, y con las respuestas adecuadas a los nuevos problemas que van surgiendo por las circunstancias emergentes: mayor interconexión, otros escenarios de la relación interpersonal, nuevas formas de dominio sutil, necesidad de generar hábitos sanos respecto del uso de recursos naturales, etc.

Para una persona joven, nada produce más motivación que percibir concretamente que tiene un papel relevante en el mundo, que le compense esa sensación de haber llegado demasiado pronto, porque para todo hay que esperar. Es bueno y es inspirador encontrar espacios donde todas estas nuevas ideas, nuevos ánimos y nuevas fuerzas puedan ya aplicarse para producir un cambio positivo.

La persona a cargo de la educación cumple su función cuando ya permite la utilización de este gran potencial de respuestas frente a problemas reales. Los resultados, por pequeños que sean, marcarán una enorme diferencia, y harán del tiempo del aula no un tremendo compás de espera antes de que comience la verdadera vida, sino esa verdadera vida que ya empezó y ya descubre su sentido siendo positiva para otros.

*Doctora en Filosofía. Profesora en la UCA, IAE y Austral.