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Entrevista -
Publicado en:MARCELO BONELLI

Un estudio explica por qué en los últimos 11 años la inflación fue menor en años electorales

 


Estamos a horas del inicio formal de la campaña electoral de cara a las presidenciales. Las ideas económicas que cada candidato prometa y sostenga en sus plataformas y discursos públicos tendrán una importancia vital y especial atención en un país con alta inflación, recesión, aumento del desempleo y una estrepitosa caída del consumo.

Sin embargo esas propuestas esparcidas en miles de minutos de publicidad en los medios pueden chocar con escenarios macroeconómicos determinados por algunas situaciones que se reiteran sistemáticamente. En concreto ¿cuánto influye un año con elecciones en la inflación? ¿Se puede observar una correlación entre estos momentos políticos y el índice del costo de vida en nuestro país?

Lo que vemos es que en los años electorales los ajustes necesarios que hay que realizar en la economía dentro de un proceso inflacionario no se hacen y se posponen para los años no electorales”, dice en diálogo exclusivo con este sitio Martín Calveira, economista investigador del Área de Economía del IAE Business School, de la Universidad Austral, y profesor de Macroeconomía de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.

Esto quiere decir, según su análisis, que se ha demostrado que en la Argentina, la inflación ha sido más baja durante los años de elecciones legislativas y presidenciales (impares), que en aquellos períodos no electivos (pares).


En su estudio, Calveira analizó esta constante desde el 2008 a la fecha. “El fenómeno de recurrencia de los últimos años puede tener un elemento no económico que explique cierta dinámica, vinculado con la coyuntura político-electoral de cada año”, explica el especialista.

El economista lo analiza de esta manera: “La política maximiza su estrategia para establecerse o continuar en el Poder Ejecutivo, resultando que en años de elecciones se eviten ajustes, se realicen políticas expansivas en aras de evitar o minimizar el ciclo recesivo y se eviten realizar (o continuar realizando) las correcciones necesarias, sin tener en cuenta las consecuencias de corto plazo, principalmente, sobre los precios”.

A pesar de que se piense que las políticas que suelen impulsar los gobiernos en época electoral para “ponerle plata en los bolsillos a la gente” tengan como consecuencia un recalentamiento de la economía, eso en la práctica no impacta en el índice final de la inflación de esos años.

Programas como “Precios Esenciales”, el relanzamiento de “Ahora 12”, congelamiento de tarifas, créditos subsidiados, descuento para compras de autos 0Km son algunos ejemplos que lanzó el gobierno de Macri -en otros gobiernos también existieron- para intentar reactivar el consumo o no deteriorar aún más el poder adquisitivo.

“Fogonear el consumo luego de varios meses de recesión no implica un aumento de la inflación de inmediato. Por el momento esas políticas para que aumente el consumo no tienen correlato directo en el número final de la inflación”, describe Calveira. Y agrega: “Lo que notamos es que la actividad económica está muy por debajo del promedio de años anteriores y no le pega tanto a la tasa de inflación ese intento de aumentar el consumo porque la recesión ya viene desde bastante tiempo atrás”.

-¿Siguiendo con esta constante, piensa que en 2020 va a haber un índice de inflación superior al este de año?, le preguntó este sitio a Calveira.

-No podría afirmarlo fehacientemente. Sí podemos afirmar que los ajustes se deben hacer, porque si no se hacen se atrasan las variables de toda la economía y potencialmente se puede llegar a generar un efecto mayor en el año poselectoral. En 2020, con un capital político un poco mayor que este año, se van a tener que realizar los ajustes de los precios relativos. Esto generará un nivel mayor de inflación.

-Cuándo habla de ajustes, ¿a qué se refiere concretamente?

-Acomodar tasa de interés. Cuando se hace eso, se ajusta algún precio de la economía. Luego, al tener unas paritarias en un contexto de inflación alta va a hacer que los precios se acomoden en ese sentido. Las tarifas se tienen que terminar de actualizar dada la devaluación de principio de año. En un contexto de devaluación, la teoría económica te dice que tenés que acomodar los demás precios de la economía para no afectar el tipo de cambio en el largo plazo. Vemos que luego de un primer cuatrimestre en el que hubo tensiones cambiarias, de alguna manera obliga a acomodar los demás precios de la economía para generar un sendero de estabilización nominal.

Calveira indica que “los ajustes de tarifas este año se pospusieron. Esto se trasladará al año siguiente y va a generar un proceso elevado de inflación”. En su estudio analiza cómo en 2011 se “evitaron corregir los precios de los servicios públicos y se establecieron restricciones discrecionales sobre el mercado de cambios, convergiendo en el denominado ‘cepo cambiario’”. En 2013 se continuó con las “políticas de restricciones cambiarias y se evitaron las correcciones y “sinceramientos” de los precios relativos domésticos.

En 2015, año de elecciones presidenciales, el economista vuelve a observar que no se evidenció “una gestión de política económica de corrección de las distorsiones nominales. Luego de las elecciones, en diciembre de 2015 se eliminó el cepo cambiario. Esto implicó un aumento del tipo de cambio nominal en 40%”.

Este fue el panorama para 2017, según el estudio: “La incipiente política de corrección y estabilización del año precedente se suavizó. La inflación disminuyó marcadamente en 24,8% anual y el PIB volvió a crecer 2,7% interanualmente. Respecto a 2018, los incrementos de tarifas públicas (entre 25% y 30%), el fuerte ajuste fiscal y monetario en el marco del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, y la corrección del atraso cambiario fueron factores que afectaron el crecimiento, la generación de empleo y sustentaron la expansión del índice inflacionario. En concreto, la economía se contrajo 2,5% respecto a 2017, el tipo de cambio nominal se depreció en 101% anual y la inflación marcó un récord de 47,6%”

Calveira concluye poniendo énfasis en un detalle de la economía argentina. Dice que “continúa replicando los ciclos de volatilidad real y nominal desde, al menos, el último cuarto del siglo XX”.

Los vaivenes en la economía los analiza de esta forma: “Expansiones de cierta aceleración -muchas veces sesgadas desde el consumo y financiadas por capitales de corto plazo- se transforman en recesiones profundas con inflación (en el extremo llegando a niveles de hiperinflación) y volatilidad que luego deben ser corregidas a través de estabilizaciones de shock o, en otros casos, graduales afectando la distribución de la riqueza”.