Con una presentación titulada “The sky’s the limit: The economics of inflation and hyperinflation”, el profesor de Economía en IAE Business School Paul Segal participó de CORE Insight, una iniciativa de CORE Econ, una comunidad global de estudiantes, docentes e investigadores cuya misión es reformar la enseñanza de la economía.
La presentación del profesor Segal se enfocó en que la inflación es un hecho de la vida en las economías capitalistas. Incluso niveles bajos de inflación, en torno al 2% al 5% anual, suelen incomodarnos.
Pero ¿qué pasa cuando la inflación se descontrola? En Argentina, en 2022, la inflación promedió casi un 6% mensual y acumuló así cerca de un 100% en el año. También hay casos más extremos, con países que sufren inflaciones de miles por ciento en un solo año. “Cuando un país sostiene una inflación superior al 50% mensual, hablamos de hiperinflación. El dinero pierde valor tan rápido que las personas lo gastan lo antes posible o directamente abandonan la moneda”, sostuvo Segal.
¿Qué explica la inflación alta y cómo puede frenarse? En su núcleo, la inflación refleja un hecho simple: manteniendo todo lo demás constante, los agentes económicos tienden a querer aumentar el precio que cobran por sus bienes, servicios o su trabajo. Pero cuando un agente aumenta su precio, eso implica un aumento de costos para quien le paga, ya sea su cliente o su empleador. Y quien ahora enfrenta mayores costos quiere, a su vez, aumentar sus propios precios. “En macroeconomía aprendemos que el ingreso es igual al gasto porque mi gasto es tu ingreso y tu gasto es mi ingreso. Desde la perspectiva de la inflación, esto significa algo más: mi costo es tu precio y tu costo es mi precio”, describió Segal. Esto se observa en distintos escenarios.
En la llamada espiral salario–precio, los precios suben, los trabajadores negocian aumentos salariales para compensar y luego las empresas vuelven a subir los precios porque los salarios más altos incrementaron sus costos. Algo similar ocurre cuando un país enfrenta una depreciación de su moneda. Los bienes importados se encarecen, por lo que las empresas importadoras suben los precios que cobran. Si esas empresas, además, proveen insumos a otras, los costos de estas últimas también aumentan y entonces buscan subir sus precios. Pero el aumento general de precios en la economía suele conducir a una nueva depreciación y, luego, a más inflación, poniendo en marcha una espiral de depreciación–inflación.
Los economistas y los responsables de política económica cuentan con un conjunto estándar de herramientas para combatir la inflación mediante la gestión de la demanda. En términos simples, si la inflación es demasiado alta, se suben las tasas de interés o se endurece la política fiscal para reducir la demanda agregada. Eso genera una recesión. Aumenta el desempleo, lo que presiona a la baja los salarios y corta cualquier posible espiral salario–precio. Un banco central creíble puede ayudar a estabilizar las expectativas de inflación porque los agentes económicos incorporan una inflación baja en sus contratos. En muchos países con baja inflación, esto resulta bastante efectivo.
Pero en los casos de hiperinflación, suele haber una combinación de un déficit fiscal insostenible y una espiral persistente de depreciación–inflación. En estos casos, la solución no es un simple ajuste fiscal porque el déficit suele estar causado por algo que está fuera del control del gobierno. A veces se trata de un conflicto, como una guerra civil, pero más comúnmente está vinculado a una deuda externa insostenible.
Esto provoca hiperinflación a través de dos mecanismos. Primero, los elevados pagos de deuda implican un gran déficit fiscal. Y el hecho de que el gobierno ya tenga dificultades para repagar su deuda hace que nadie esté dispuesto a prestarle para cubrir ese déficit. Entonces, termina emitiendo dinero. En este contexto, emitir dinero significa que el gobierno aumenta la demanda agregada a través del gasto, sin reducirla mediante endeudamiento con el sector privado. Es, en los hechos, un estímulo fiscal “hiperpotenciado” justo cuando la inflación ya es demasiado alta.
Segundo, el gobierno intenta desesperadamente comprar divisas para pagar los intereses de la deuda externa, lo que incrementa la demanda de moneda extranjera. Eso eleva su precio, que es lo mismo que una depreciación: la moneda extranjera se vuelve más cara en relación con la moneda local. Esto encarece las importaciones y alimenta aún más la espiral de depreciación–inflación. Segal concluye que “salir de estas dinámicas es difícil”.
CORE Econ es una comunidad global de estudiantes, docentes e investigadores cuya misión es reformar la enseñanza de la economía. Sus contenidos son desarrollados por un equipo de voluntarios que incluye a más de 30 autores principales, expertos en micro y macroeconomía, teoría de juegos, historia económica, economía política, economía del comportamiento, economía laboral, economía industrial, economía del desarrollo y economía ambiental.
