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Inteligencia artificial y el desafío de preservar lo humano

El profesor de IAE Business School Ricardo Crespo reflexionó en una entrevista sobre el impacto de la inteligencia artificial en el trabajo, la educación y la sociedad, así como los dilemas éticos que plantea.
Publicado miércoles 1 de abril

Ricardo Crespo, profesor de IAE Business School y doctor en Economía y en Filosofía, fue entrevistado el 26 de marzo en Viva la Radio, el histórico programa de Cadena 3 de Córdoba conducido por Raúl Monti y Geo Monteagudo. En la conversación, abordó el impacto de la inteligencia artificial en el trabajo, la educación y la sociedad, así como los dilemas éticos que plantea una tecnología si sustituye el pensamiento humano.

La inteligencia artificial avanza con rapidez y promete grandes beneficios, pero también plantea desafíos profundos. Según el profesor de IAE Business School Ricardo Crespo, su capacidad para hablar, escribir y tomar decisiones la vuelve especialmente disruptiva para una amplia variedad de profesiones.

A diferencia de otras innovaciones tecnológicas, que funcionaban como instrumentos al servicio del ser humano, la IA introduce una novedad: puede reemplazar funciones cognitivas. En ese sentido, su impacto podría sentirse con mayor fuerza en sectores de clase media y en trabajos de oficina, donde muchas tareas son susceptibles de automatización, sostuvo Crespo.

Al mismo tiempo, advirtió sobre el riesgo de una transición abrupta. La velocidad del cambio podría dejar a muchas personas sin tiempo suficiente para adaptarse, lo que plantea la necesidad de pensar cómo hacer este proceso más gradual.

¿Colaboración o reemplazo?

Uno de los ejes centrales de la entrevista fue la relación entre la inteligencia artificial y el ser humano. Para el profesor, no se trata de una oposición absoluta, sino de una tensión que depende en gran medida de cómo las personas decidan posicionarse.

La IA puede potenciar la productividad y facilitar el trabajo cuando se utiliza como complemento. Sin embargo, también puede reemplazar a las personas si estas delegan completamente su capacidad de pensar y decidir.

En ese sentido, el riesgo no está únicamente en la tecnología, sino en la actitud humana frente a ella. La clave está en mantener el juicio crítico y no ceder el control de las decisiones.

El problema ético: entre declaraciones y realidad

Otro de los puntos destacados fue la cuestión ética. Hoy existen múltiples declaraciones, códigos de conducta y avances regulatorios, especialmente en Europa. Sin embargo, aún no hay un marco sólido que garantice un uso responsable de la inteligencia artificial.

El profesor Ricardo Crespo señaló que existe el peligro de que estas normas se vuelvan meramente formales. Cuando hay intención de eludirlas, pueden ser fácilmente superadas. Por eso, el verdadero límite ético no debería depender solo de regulaciones externas, sino de una orientación clara hacia el bien de las personas, la búsqueda de la verdad y el respeto por la humanidad.

Una tecnología que refleja lo humano

El profesor retomó también la idea de que la inteligencia artificial funciona como un espejo de la sociedad. Destacó que los sistemas de IA se alimentan de la información y los valores que las personas les transmiten.

Esto implica que, si los datos o conductas humanas son deficientes, los resultados también lo serán. La IA no es neutral: reproduce, amplifica y, en algunos casos, profundiza las características de quienes la desarrollan y utilizan.

Educación y formación: el desafío de las virtudes

En el ámbito educativo, el impacto de la inteligencia artificial abre interrogantes urgentes. Si bien muchas instituciones han implementado medidas para evitar el uso indebido de estas herramientas, el profesor planteó que el desafío de fondo es más profundo.

El rol de la universidad no debería limitarse a evaluar si los estudiantes adquieren conocimientos, sino a formar personas capaces de no depender completamente de la tecnología. Esto implica desarrollar virtudes como la prudencia, la fortaleza y la templanza.

A diferencia del conocimiento teórico, estas cualidades no se adquieren solo mediante la lectura, sino a través de hábitos y prácticas concretas. En este sentido, la educación tiene la responsabilidad de generar las condiciones para que los estudiantes construyan una autonomía real frente a la IA.

Conciencia y responsabilidad en un cambio inevitable

La inteligencia artificial, sostuvo, es una tecnología imparable. Su desarrollo continuará avanzando, pero su impacto final dependerá de cómo las personas decidan utilizarla. Si la inteligencia artificial se utiliza sin límites, podría contribuir a formar una generación más dependiente y menos preparada para pensar por sí misma.

Más que rechazarla o adoptarla sin cuestionamientos, el desafío consiste en desarrollar una conciencia clara sobre qué es la IA y qué lugar queremos que ocupe en nuestras vidas. En esa decisión está en juego no solo el futuro del trabajo o la educación, sino también aspectos centrales de la identidad humana, concluyó.

Fuente/Copyright: Ricardo Crespo - Viva la Radio