En Argentina, el frente financiero local tomó aire. El riesgo país volvió a bajar (mejora en la calificación de Fitch mediante de CCC+ a B-), y el Banco Central acumuló más de USD 7.000 millones de reservas netas desde principios de año en un contexto donde, desde fines de febrero, el Tesoro empezó a colocar deuda en dólares en el mercado local y dejó de comprárselos al BCRA. La nueva definición del FMI, que suma a las reservas los pagos al organismo de capital e intereses, dio un impulso adicional y, en sólo cinco meses, el BCRA se acerca al compromiso de acumulación alcanzado con el FMI después de haber comprado USD 9.800 millones. El flujo de dólares comerciales, las colocaciones MEP del Tesoro y el endeudamiento privado y provincial permiten sostener un dólar casi fijo en torno a $1.400 con una formación de activos externos de las familias que sigue alta.
La lógica oficial es clara: mientras el dólar permanezca estable y la inflación converja gradualmente hacia la tasa de interés, el carry con tasa negativa sigue funcionando y el horizonte financiero se extiende. El ancla sigue siendo cambiaria y el desarme de cobertura desde la elección le da holgura para volver a entregarla si hiciera falta.
La contracara en la vida real sigue complicada, aunque con un atisbo de mejora en el margen. La actividad zigzaguea sin un rumbo definido y con una enorme dispersión entre sectores. Los que crecen (agro, minas y canteras y servicios financieros) representan 15% del PIB y 9% del empleo. El empleo formal dejó de caer en febrero antes de la aprobación de la reforma laboral y, si bien los salarios formales en marzo todavía corrieron por debajo de la inflación, es probable que la caída en términos reales se estabilice frente a la desaceleración de la inflación y la convalidación de paritarias más altas. Los bancos y entidades financieras empezaron a trabajar sobre la mora, pero todavía las estadísticas de marzo no lo reflejan y el crédito (sobre todo para consumo) no crece. La recaudación en abril acumuló diez meses consecutivos de caída interanual y recién en el margen muestra una pequeña recuperación que se habría sostenido en mayo.
La pregunta es si la normalización financiera y el intento de retomar la agenda del gobierno logran encauzar la economía y las encuestas. La novedad es que en abril el gasto primario dejó de contraerse acompañando la caída en los recursos y el propio ministro Luis Caputo avisó que se había llegado a un piso en el gasto y que el ajuste se haría vía normalización de la actividad y los ingresos. Esto antes del anuncio de baja en las retenciones. La inflación empieza a desacelerar, pero lo hace en medio de un dólar que se sigue apreciando. Desde la salida del cepo los precios medidos en dólares acumulan una suba cercana al 20% y el tipo de cambio real multilateral se volvió a atrasar.
Mientras tanto, sectores dinámicos vinculados al RIGI conviven con sectores tradicionales cada vez más tensionados por la suba en los costos, salarios y tarifas en dólares. Con respecto a las encuestas, recién en la medición de abril/mayo se observa una incipiente recuperación después de una caída acelerada en la aprobación de la gestión desde noviembre. El principal activo del gobierno sigue siendo la fragmentación de la oposición. Paradójicamente, lo que es un activo se puede transformar en un boomerang si las chances de polarización con lo que el mercado considera "el abismo", aumentan. Por lo pronto, y a medida que nos acercamos al año electoral, la pregunta del millón es si la "normalización financiera" y el intento de retomar la agenda del gobierno logran encauzar la economía y las encuestas en un círculo "virtuoso".
Sectores dinámicos vinculados al RIGI conviven con sectores tradicionales tensionados por costos, salarios y tarifas en dólares.
Fuente/Copyright: Revista Fortuna - Marina Dal Poggetto
