Este desacople entre la recuperación de la actividad y la del empleo es uno de los principales temas del debate económico por ser una anomalía en Argentina.
Sin embargo, la experiencia internacional muestra que Australia, un caso del cual también se está hablando mucho, atravesó un episodio similar en pleno proceso de reforma estructural. Entender mejor la experiencia australiana ayuda a pensar los tiempos y los costos de una transformación productiva.
A principios de los años ochenta, Australia tenía una economía más protegida, cerrada y de bajo crecimiento. En la actualidad, su PBI per cápita de USD 70.000 es de los más altos del mundo y el país acumuló casi tres décadas consecutivas de crecimiento sin recesiones, el registro más largo entre las economías desarrolladas.
Entre 1983 y 1996, Australia atravesó un proceso profundo de transformación económica a partir de una serie de reformas estructurales que combinaron apertura financiera y comercial con cambios en la regulación laboral y una reconfiguración de su estructura productiva.
Las reformas empezaron en 1983 con la flotación del dólar australiano y la liberalización del sistema financiero. En 1988, se aceleró la apertura comercial con un programa de reducción arancelaria que llevaría los aranceles más altos a un máximo de 15%. Este no fue un episodio aislado de apertura comercial como habían hecho en 1973, sino un conjunto de cambios que modificaron el entorno competitivo en el que operaban empresas y trabajadores.
Un patrón que aparece
Al reconstruir el dato histórico de PBI y empleo australianos aparece un patrón claro. Hasta fines de los años ochenta, ambas series mostraban ciclos relativamente acoplados: cuando la actividad caía, el empleo también (como en 1982-83); cuando se recuperaba, ambos volvían a crecer.
Ese patrón se interrumpió a principios de los noventa. Entre 1990 y 1993 aparece el desacople. Tomando como base el cuarto trimestre de 1989, después de que se profundizó la apertura comercial, se ve cómo la actividad se recupera antes, mientras el empleo sigue prácticamente estancado o cayendo. Hacia mediados de 1993, el PBI ya estaba cerca del 6% por encima del trimestre base, mientras el empleo continuaba un 3% por debajo.
Entre los asalariados privados, la caída había sido todavía más profunda, aunque con una recuperación más rápida.
Estos fueron los años de mayor dolor de la transición australiana: se perdieron alrededor de 215.000 empleos, casi 100.000 en el sector manufacturero, y la tasa de desempleo alcanzó un 11%. La recuperación laboral llegó, pero con rezago: hacia finales de 1993, el desacople dejó de profundizarse y tanto el empleo total como el asalariado privado comenzaron a acercarse a la trayectoria del producto.
A largo plazo, el empleo total australiano creció (el ratio empleo-población subió 10 puntos porcentuales entre 1983 y 2026), pero con una composición distinta. Se expandieron sectores como salud y educación, servicios empresariales, construcción, minería y las actividades tecnológicas vinculadas con los recursos naturales. Es decir, el empleo se recuperó en el tiempo, pero con una reasignación entre actividades a medida que cambiaba la estructura productiva.
Australia ofrece un antecedente interesante no porque su experiencia pueda extrapolarse de manera directa a la Argentina, sino porque permite observar cómo respondió el empleo a la apertura. Durante un proceso de transformación estructural, actividad y empleo pueden ajustarse a velocidades distintas.
La producción puede recuperar dinamismo mientras la reasignación laboral tarda varios años y sus costos se concentran en determinados sectores. Entender esa diferencia de tiempos es central para la continuidad de una transición.
Un punto de partida puede ser identificar dónde se concentran esos dolores y qué mecanismos se pueden implementar para aminorarlos. En Argentina, la pregunta más relevante quizás no sea si el desacople va a corregirse, sino cómo se recompone el empleo, hacia dónde se desplaza y qué puede hacerse mientras tanto.
Fuente/Copyright: Carolina Donnelly - BAE Negocios
