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La economía está mucho más sana, pero «todavía anda un poquito con muletas», advirtió Kiguel en el IAE

El director ejecutivo de EconViews repasó los avances de la macroeconomía desde 2023, planteó las debilidades actuales y anticipó que 2027, como año electoral, traerá turbulencias. Sin embargo, consideró poco probable una crisis para el año próximo.
Publicado miércoles 30 de septiembre

El economista Miguel Kiguel, director ejecutivo de EconViews y exsubsecretario de Hacienda y Finanzas (1996–1999), presentó el jueves 24 de septiembre, en el auditorio de Workplace by IRSA, un panorama de la economía argentina de cara a 2027. La exposición formó parte de la segunda edición del Ciclo de Economía y Finanzas 2026 de IAE Business School y se tituló "Escenarios para anticiparnos a 2027".

Con humor, Kiguel sostuvo que la Argentina "nos tiene acostumbrados a crisis" y que el año próximo habrá elecciones, por lo que su análisis se centró en cuánto puede soportar hoy la economía.

De la "terapia intensiva" a una economía más resiliente

Kiguel comparó dos "fotos". Según planteó, "Milei agarró una economía que estaba totalmente disfuncional, una economía que yo llamo en terapia intensiva". Casi tres años después de que Javier Milei asumiera el cargo, la imagen "luce muy bien". Los indicadores que citó fueron estos:

  • Inflación: pasó de un pico de 25% mensual a 1,7% en el último dato.
  • Brecha cambiaria: bajó de casi 200% a alrededor de 5%. Subsisten los controles de capitales, pero ese nivel no distorsiona el funcionamiento de la economía, según el economista.
  • Situación fiscal: el déficit es cercano a cero. Kiguel matizó que el número exacto importa menos que la solidez fiscal, aunque "cero suena lindo" y tiene impacto en los mercados y en el Fondo Monetario Internacional.
  • Gasto público nacional: cayó cinco puntos, lo que dejó un Estado "más chico" y una economía "mucho más de mercado".
  • Riesgo país: partió de 2.000 puntos y hoy ronda los 500, aunque viene subiendo.
  • Reservas netas: están en US$9.500 millones, frente a los –US$11.000 millones de partida, una mejora de unos US$20.000 millones.
  • Cuenta corriente: está prácticamente equilibrada, con ayuda de los precios de las commodities este año.
  • Actividad y pobreza: el PIB crece poco este año y creció bastante el año pasado, y la pobreza bajó.

Para Kiguel, "la economía está mucho más sana, está mucho más resiliente" y más capaz de soportar shocks. Atribuyó buena parte de ese cambio a la solidez fiscal, que a su juicio explica el apoyo internacional que consiguió el Gobierno.

Sin embargo, aclaró que todavía falta: "La economía todavía anda un poquito con muletas". Con inflación de 30% anual, cepo y 500 puntos de riesgo país, dijo, "no es la economía que queremos todavía".

Riesgo país, reservas y tipo de cambio: el frente más delicado

Kiguel identificó el riesgo país como uno de los puntos débiles. Tras la mejora de la calificación crediticia otorgada por Fitch, Moody's y Standard & Poor's, el indicador llegó a 400 puntos y en menos de dos meses volvió a 550. Recordó que, con esa nota, la Argentina se ubica junto a Ecuador, Egipto, El Salvador, Ghana, Pakistán y Sri Lanka, países con historias de reestructuración de deuda, incumplimientos, déficits o falta de reservas. Sin embargo, el riesgo argentino no cae al nivel de ese grupo.

Entre las causas de la suba mencionó la caída en la imagen de Milei y la preocupación de que la economía no arranca. Agregó las dudas sobre el financiamiento: el Gobierno dijo que no quiere endeudarse en el exterior, pero necesita dólares que no están todos en el mercado local. Como ejemplo, señaló que la provincia de San Juan sale al mercado a una tasa cercana al 10%, y no al 7% u 8%. Según Kiguel, el mercado "quiere una respuesta clara" y hoy "no hay una respuesta convincente".

Sobre Luis Caputo, ministro de Economía, dijo que es "un gran vendedor" y que hasta ahora le fue muy bien. Sin embargo, tras su paso por Wall Street días atrás, "parece que no convenció" porque los inversores quieren "show me the money".

En materia de reservas, explicó que, si al activo del Banco Central se le restan pasivos de corto plazo como el swap con China y los encajes de los depositantes, quedan unos US$12.000 millones. En 2027 habrá que afrontar vencimientos por casi US$20.000 millones entre el Banco Central y el Tesoro. No lo calificó de situación grave ni de "borde del precipicio", pero tampoco de una entrada "súper cómoda" al 2027. Estimó que la Argentina debería tener entre US$50.000 y US$60.000 millones de reservas, comparándola con otros países de la región, y hoy tiene alrededor de US$10.000 millones. También señaló que el contexto internacional, con tasas de interés más altas, dificulta el acceso al financiamiento de los países emergentes.

Con respecto a la cotización del dólar, Kiguel observó que el tipo de cambio se mantuvo muy estable este año y sostuvo que existe una política implícita para lograrlo: es "el instrumento" que el Banco Central usa "como el ancla" contra la inflación, desde el inicio de la gestión de Milei. El costo, explicó, es que desde principios de año la inflación acumuló cerca de 21% y el tipo de cambio subió solo 3%, por lo que la Argentina se encareció en dólares. Consideró que esto afectó a la industria, el turismo y la construcción, y que el tipo de cambio real está cerca de sus mínimos recientes.

Reconoció que hay argumentos a favor del nivel actual: la cuenta corriente tiene superávit y las exportaciones serían récord este año, con unos US$100.000 millones. Pero planteó dos dudas. Una es la necesidad de acumular reservas, que requeriría un tipo de cambio más alto. La otra es que el Gobierno no levantó el cepo: "si todo está tan bien, ¿por qué no lo saca?". Advirtió, además, que el tipo de cambio actual está a un 25% del techo de la banda y que el mayor riesgo es un salto brusco: "Lo peor que puede pasar es que sea un salto porque, cuando hay un salto, todos salimos a comprar", dijo.

Inflación: una baja que todavía es frágil

Por otra parte, Kiguel recordó que la inflación cayó de niveles de 200% anual a 30%. Pero sostuvo que la situación es frágil: en abril y mayo de 2025 la inflación mensual había llegado a 1,16% y después volvió a subir. "Una primavera no hace verano", resumió.

Su escenario más probable es una inflación mensual entre 1,7% y 2%, con posibles presiones por ajustes de tarifas, del dólar o de la carne. Señaló que el Presupuesto prevé una inflación de 18% para 2027, lo que implica que no se empezará el año con inflación cero. Además, dijo que el traspaso a precios de un eventual movimiento del dólar sería pequeño.

Cuestionó el relato oficial de que la baja se logra con una política monetaria dura. Afirmó que "en Argentina no hay hoy una política monetaria dura" y que el Banco Central está emitiendo dinero, algo que no considera criticable pero que difiere de lo que se dice. Según explicó, la política dura existió solo entre junio y octubre del año pasado, cuando las tasas llegaron a 65%. Hoy la tasa es apenas superior o similar a la inflación. Por eso, concluyó que lo que baja la inflación es el tipo de cambio, no la política monetaria.

Actividad: un crecimiento que llega de a poquito

El último punto fue el nivel de actividad. EconViews proyecta un crecimiento del PIB de 2% este año, similar al consenso, después de haber comenzado el año con una estimación de 3,5%. Kiguel señaló que el último dato mostró una caída del PIB de 0,6%, la primera desde 2024. Añadió que el consumo cayó en el último trimestre y que la inversión baja hace cinco trimestres.

Describió una economía a dos velocidades. Minería, energía, agro y algo de servicios financieros crecen, pero representan 20% del producto y "los problemas están en el otro 80%", donde se ubican industria, construcción y administración pública. Como ejemplos, mencionó que la industria manufacturera cayó 5% mensual y la construcción, 4,6%; y que las ventas en supermercados y minoristas no repuntan. "No es una economía que está vibrante", resumió, aunque aclaró que su visión es "constructiva", con un proceso "largo".

Por otra parte, el crecimiento de las exportaciones depende hoy más del precio que del volumen. Kiguel mencionó el petróleo, la soja y la incertidumbre por la guerra con Irán y las decisiones de Donald Trump.

Kiguel señaló que existe una relación inversa entre baja de inflación y nivel de actividad, conocida como curva de Phillips, y opinó que el Gobierno "se apuró demasiado" al negar ese dilema. Consideró que las políticas de estímulo tienen "mal nombre" en la Casa Rosada por considerarse keynesianas, pero recordó que, tras la crisis de 2008, se usaron en todo el mundo sin generar inflación. "No es un pecado usar políticas de estímulo. Lo que sí hay que saber es cuándo usarlas", sostuvo.

2027: turbulencia probable, pero crisis no

Al mirar hacia el año electoral, Kiguel evocó el reperfilamiento de 2019 durante el gobierno de Mauricio Macri y la tensión previa a las elecciones de medio término de 2025. Según recordó, citando una nota de Jorge Liotti, periodista de La Nación, en 2025 se estuvo "a segundos de tener que poner de nuevo el cepo", hasta la asistencia de Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos.

Consideró difícil que se repita el escenario de 2019 o 2025 porque hay más reservas y más instrumentos y porque el Banco Central seguirá comprando dólares de la cosecha gruesa. Aun así, anticipó que "podemos tener turbulencia", con un riesgo país que puede volver a subir por encuestas y por noticias como las reuniones de Axel Kicillof en Nueva York. Advirtió que, si todos se preparan para la turbulencia, existe el riesgo de que ocurra: "Es la profecía autocumplida".

Para la actividad no espera un fuerte rebote. Mencionó como posibles ayudas una leve mejora salarial, un mayor crédito y los créditos hipotecarios. También citó el anuncio de créditos por US$7.000 millones para el sector privado, que se concentrarían en energía y minería, sectores que "no derraman demasiado".

Al cierre de la presentación, hubo una pregunta del público, en la cual le consultaron por una medida para fomentar la actividad. Kiguel propuso, sin emisión monetaria ni mayor déficit, usar parte de los recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSES para obra pública, que "tiene una ventaja y es que derrama mucho". Sin embargo, reconoció que requeriría un cambio de ley y que no ve al Gobierno impulsándolo. Según dijo, permitiría generar más empleo formal y movilizar el consumo.

Fuente/Copyright: IAE Business School