De momento, la mejora en las encuestas desde el piso de marzo y la falta de ordenamiento de la oposición frente a las chances de eliminar (o al menos suspender otra vez) las PASO vuelven a instalar la idea de que un escenario de reelección sin ballotage es factible (recordemos que esto requiere alcanzar 40% y 10 puntos de diferencia). Es cierto que mientras el BCRA compra dólares y además el Tesoro empieza a refinanciar los vencimientos de la deuda en dólares en el mercado local, las reservas netas suben (ya se acumularon los USD 8.000 millones incluidos en el acuerdo con el FMI). Pero también es cierto que la remonetización resultante de la compra de dólares no va al crédito, que sigue digiriendo los altos niveles de mora coordinados por el apretón monetario de septiembre/octubre del año pasado.
Con zigzag, los datos de mayo del EMAE (proxy mensual del PIB) se ubican en los niveles de febrero de 2025, cuando se frenó el rebote del crédito que se había duplicado desde los mínimos en abril de 2024 y se estancó la actividad. A diferencia del apretón monetario de 2018, esta vez, el salto en la mora está concentrado en las familias y no en las empresas. Con datos de mayo, un 15% de la deuda de los hogares está en mora, 28% en lo que hace a crédito no bancario y 12% en lo que hace a crédito bancario. El grueso de la mora en bancos está concentrado en créditos personales (14%) y tarjetas (12%), mientras en los créditos hipotecarios y prendarios la mora es mucho más baja (1,5% y 7% respectivamente).
Varios factores confluyen en esta dinámica:
1. Un ciclo de crédito muy rápido que más que duplicó los préstamos a las familias a precios constantes desde el piso de abril de 2024, recuperando en apenas diez meses la caída observada desde el pico anterior alcanzado en 2018. Dinámica que, si bien se empezó a ralentizar a principios de 2025, se frenó súbitamente con el apretón monetario preelectoral disparando la mora.
2. Un nuevo jugador, más eficaz en el otorgamiento de créditos, en algunos casos también en la cobranza y que generó un cambio abrupto en el fondeo de los bancos a través de la remuneración de los pesos transaccionales en billeteras virtuales. El crédito no bancario pasó de representar el 16% del crédito para consumo a principios de 2024 a 25% hoy. En términos de inclusión financiera, el número de deudores no bancarios pasó en el mismo plazo de 3,5 millones a 5,3 millones. En tanto el número de deudores que ya tenían deuda bancaria y sumó deuda no bancaria pasó de 4,7 millones a 7,6 millones. La deuda promedio de los primeros es baja, $700 mil, y se concentra sobre todo en los segmentos más jóvenes, donde la mora llega a alcanzar al 38% de los deudores. En los que tienen deuda bancaria y no bancaria, la deuda promedio es de $7,3 millones y es ahí donde está concentrada el mayor impacto en la mora.
3. Un cambio de régimen macroeconómico. Pasamos de un esquema de brusca aceleración inflacionaria con tasas de interés negativas, a un esquema de desaceleración inflacionaria con tasas de interés muy positivas. Dicho de otra forma, pasamos de un esquema donde las cuotas fijas se licuaban contra los ingresos a un esquema donde las cuotas dejaron de licuarse. Incluso en el crédito no bancario que, en general, funcionó con tasas de interés muy positivas, la licuación de las cuotas operaba.
4. Un cambio en la política de encajes en medio del apretón monetario que luego se fue normalizando y, fundamentalmente, una eliminación de las franquicias que distribuían el impuesto inflacionario sobre los "pesos gratis" (cuentas no remuneradas) a líneas de crédito dirigidas, en particular la eliminación del Ahora 12 en lo que hace a crédito para consumo.
5. Sobre todo, la incertidumbre electoral, en particular la incógnita sobre la función de reacción del gobierno frente a un eventual desequilibrio en el mercado cambiario en el año electoral en una economía que desde abril de 2025 opera sin cepo a las familias con un dólar barato.
Volviendo al principio, sin horizonte no hay mercado de crédito que funcione. De ahí el riesgo del juego binario que en un país pendular y sin acuerdos básicos sigue operando. Pero aun alargando el horizonte, asumiendo continuidad y/o acuerdos básicos en la transición, el esquema debería repensarse. En el corto plazo, de cara a la elección, probablemente requiera algún "grado de intervención" de política. En el largo, el desafío pasa por repensar las reglas de funcionamiento del sistema financiero, incorporando a todos los actores, de forma de reconstruir un mercado de crédito capaz de financiar la transición hacia la economía que viene evitando los atajos.
Marina Dal Poggetto Profesora de Economía en IAE Business School
Fuente/Copyright: Revista Fortuna - Marina Dal Poggetto
