Revista Alumni

El emprendedor tecnológico que viajó de Alaska a Ushuaia en un Tesla

El Alumni uruguayo, Martín Canabal, cuenta cómo creó sus tres proyectos, Uytech, Lifetripper y Blind Spot Alert, y relata su experiencia de viaje promoviendo el uso de automóviles eléctricos
Publicado viernes 10 de marzo de 2023

“Los emprendimientos no son fáciles, y requieren muchos sacrificios que no todos están dispuestos a enfrentar. Pero, por otro lado, uno puede cambiar el mundo. O al menos cambiarle la vida a diez, cien o millones de personas”. Con esa frase, el Alumni uruguayo, Martin Canabal, resume su estilo como emprendedor en donde une, de alguna manera, el desarrollo de empresas dedicadas a la tecnología y la movilidad con su vocación por la aventura y el cuidado del medio ambiente.

Desde hace más de 16 años que Canabal se las ingenia para unir sus hobbies con el desarrollo startups: creó una empresa de implementación tecnológica, dispositivos para autos, una app para viajeros y hasta se embarcó en una travesía desde Alaska hasta la Patagonia, donde produjo un documental que promueve la utilización de autos eléctricos.

Su primer proyecto fue Uytech, una compañía con base en Uruguay orientada a ayudar a sus clientes a gestionar sus servidores, redes, equipos informáticos, contingencia y backups. “Básicamente, podemos encargarnos de todo su departamento de IT”, explica.

Según relata, dicha idea surgió cuando estaba realizando consultorías de gestión en empresas. “Algo se repetía constantemente. La administración de la infraestructura informática era un problema, gestionada de manera muy poco profesional. En ese momento ya era claro que esa área era crítica para las empresas y que necesitaban gestionarla de otra manera. Muchas compañías no necesitaban un departamento entero de IT, y tampoco tenían las capacidades para contratar, entrenar y gestionar personal informático”.

En ese momento, Canabal convenció a Manuel Tato, un colega que trabajaba en el rubro, para que se animara a armar esta nueva firma, separando las tareas entre la gestión operativa y estratégica. “Con el tiempo comenzaron a llegar los clientes y fuimos creciendo hasta formar el equipo de 15 personas que tenemos ahora”, detalla. Algo que destaca entre los logros de esta empresa es que la satisfacción de los clientes fue muy alta y eso generó que estos recomendaran el servicio a otros, promoviendo el crecimiento del proyecto.

Luego de mudarse a San Francisco, y visitar distintos lugares de Estados Unidos, Canabal junto a su esposa comenzaron a notar algo que se repetía luego de cada viaje: la gestión de las fotos y los recuerdos. En ese sentido surge una nueva idea: Lifetripper.

“Ella escribía notas sobre los lugares que nos habían gustado, y me pedía que le mandara las fotos que yo había sacado. Estábamos en Silicon Valley, y recuerdo que le comenté que debía existir una app que nos ayudara a la gestión de los recuerdos de los viajes. ‘There is an app for that’, se dice, habitualmente, indicando que existe una aplicación para todo lo que queramos hacer”, comenta el emprendedor, que luego de notar que no existía tal herramienta, comenzó a desarrollar el proyecto y a tomar cursos con algunos popes de la meca de la tecnología y a interiorizarse en el desarrollo de ese tipo de software.

Seguido de eso, su primera tarea era encontrar un co-founder técnico, ya que el desarrollo del sistema es una de las tareas críticas y caras en el inicio de una startup. “Fallé absolutamente. Pasé meses tratando de conseguir a esa persona y no tuve éxito”, recuerda.

Así fue como decidió avanzar contratando desarrolladores con quienes logró crear un MVP que está disponible hoy para la plataforma iOS. Pero aquel nuevo proyecto quedó en stand by luego de que nuevas ideas se le pusieran entre ceja y ceja.

El primer proyecto que creó fue Blind Spot Alert (BSA), un innovador dispositivo para automóviles cuya función es detectar la actividad en los puntos ciegos de los vehículos y alertar a los conductores.

“Es mi primer emprendimiento desarrollando hardware, y lo primero que hice fue sumar a un co-founder técnico, Rafael Sisto, quien tenía experiencia en el área. Con él armamos un equipo con ingenieros electrónicos y logramos desarrollar un prototipo funcional del producto, el cual en este momento estamos lanzando en el sitio de crowdfunding Indiegogo”.

Finalmente, hacia mediados de 2023, Canabal, lejos de su función empresarial, pero manteniendo ese espíritu de entrepreneur, se embarcó, junto a un puñado de amigos, en una aventura que lo llevaría a viajar desde Alaska hasta Tierra del Fuego en su auto eléctrico filmando un documental.

"Electric Americas comenzó en junio en Anchorage, en el extremo norte del continente americano, y terminó el 29 de diciembre en Ushuaia. Durante todo el trayecto recorrimos más de 35 mil kilómetros y visitamos 15 países. El primer objetivo del proyecto fue demostrar que ya hoy es posible recorrer distancias largas con autos eléctricos, y con eso facilitar la adopción de movilidad eléctrica por el público en general. El segundo fue producir una serie documental que mostrara los detalles de los siete meses de aventuras y contara las historias e iniciativas de sustentabilidad de personas, organizaciones y empresas", detalla.

No renunciar y formar equipos

Según Canabal, hay un elemento que se destaca a lo largo de todos sus proyectos, y es que, a pesar de ser emprendimientos de diferentes tipos, en cada uno de ellos se presenta un desafío principal que se repite constantemente: la formación de un equipo.

“Tener un equipo de nivel es fundamental para cualquier emprendimiento exitoso, y para una startup autofinanciada es muy difícil de lograr porque los buenos recursos son caros. Al principio es difícil tener un buen sistema de selección, y hay pocos recursos para capacitar y gestionar esas personas”, explica.


En segundo lugar, el desafío es no renunciar. Según él, las startups no son fáciles. En ese sentido, el empresario remarca un lema muy usado en Silicon Valley: “dicen que para armar una startup necesitas ser un delusional optimist". Las estadísticas indican que la mayor parte de las startups fallan, y uno tiene que ser demasiado optimista, a punto de ser un iluso, pensando que puede funcionar aunque los datos digan lo contrario”.

Su experiencia en IAE


Canabal explica que ciertos conceptos que aprendió en IAE han sido aplicados en sus proyectos a lo largo de los años. Uno de ellos es la idea de "comprar una opción", lo que implica realizar gastos o compras "por las dudas" en un mundo incierto, lo que le permite bajar el nivel de riesgo y aumentar las probabilidades de éxito.


Este concepto ha tenido consecuencias profundas en su vida y lo utiliza en todos los aspectos de ella. Otro punto importante para él es financiar el crecimiento y el éxito, lo cual a veces no es tan evidente hasta que se comprende su importancia.

Además, el Alumni recuerda el concepto de las gacelas y los elefantes, el cual experimentó personalmente en una de sus startups que fracasó debido a la falta de recursos para la puesta en marcha de una app que habían desarrollado para una multinacional.

Finalmente, consultado sobre cuál es su consejo para quienes quieran emprender, el Alumni recomienda, en primer lugar, analizar profundamente lo que uno quiere, lo que valora, sus prioridades, y lo que está dispuesto a sacrificar.

El segundo consejo es entender que, si no funciona, no es necesariamente un fracaso: “Lo más probable es que no funcione, pero si uno se comportó moral y éticamente bien, puede ganar muchísima experiencia que será muy útil en el siguiente emprendimiento. El ‘fracaso’ es el tipo de experiencia que no lo aprendes leyendo o escuchando un podcast, lo tenés que vivir. Y la mayor parte de los emprendedores que uno admira, pasó por esos ‘fracasos’. Es parte del proceso”.

En tercer lugar, Canabal resalta que no hay que dudar en pedir ayuda, consejos, favores. “Por alguna razón la sociedad lo hace difícil, porque no queremos parecer débiles o ignorantes, o no queremos molestar” reflexiona.

Por último, y a modo de reflexión filosófica, el empresario llama a que apliquen un concepto llamado pay it forward: “Si seguís el consejo anterior vas a recibir mucha ayuda, y esas personas lo harán sin pedir nada a cambio. Pero ese favor se lo podemos "pagar" a otra persona, cuando nos pidan ayuda. Y así se cierra este ciclo virtuoso, que confío puede hacer el mundo un poco mejor”.