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Clarín

Productividad inclusiva

Conciliar el énfasis en optimizar la producción y elevar la calidad del empleo es la única salida sostenible para Argentina.
Publicado 17 de diciembre

Por Juan J. Llach

Sin políticas adecuadas en lo institucional, lo social y lo económica la Argentina no podrá retomar el crecimiento y no resolverá sus crecientes problemas de empleo, pobreza y distribución del ingreso. Esta afirmación parece obvia, pero no lo es tanto, porque hasta ahora no se le ha encontrado la solución. Tales políticas no están diseñadas y no parecen ser fáciles de implementar.

Vamos por partes ¿Qué tienen que ver las instituciones con la productividad inclusiva (PI)? Tienen mucho que ver, porque ellas marcan el rumbo, hacia dónde va el país, y esto es crucial para el monto y la calidad de las inversiones. En contraste, hoy vemos que el rumbo de la Argentina es confuso: capitalismo, ¿liberal, social y productivo, de Estado o mejor ninguno?; ¿Mercosur? ¿con o sin acuerdo con la Unión Europea?, o más bien ¿China y Rusia? o, en fin, ¿una combinación de todos ellos? El rumbo es necesario, siempre, pero más aún en un país como la Argentina, que desde hace diez años tiene, en promedio, el mismo PIB y el mismo nivel de vida. Por eso, las instituciones afines al desarrollo económico, como los derechos de propiedad, la educación de calidad y la integración al mundo, son esenciales.

Todo lo dicho puede sonar agradable ¿pero es también factible? Nosotros pensamos que sí, como lo muestra el caso de la República de Corea –habitualmente llamada Corea del Sur- que, sin usar el nombre, se guio por una productividad inclusiva (Martín Calveira y Eduardo

Fracchia. A partir de la década de 1960 gestionó un proceso de industrialización acelerada con crecimiento económico sostenido e impulso a la productividad de los factores. Actualmente se evidencia la mayor participación de robots en la industria manufacturera a nivel mundial, bajo nivel de desempleo y es líder en inversión I+D en términos del PIB, 4,7%. El crecimiento del PIB por habitante desde la década de 1960 es 11% promedio anual, representando 8% del PIB per cápita de los países desarrollados en 1960 hasta cercano a un 80% promedio en la década 2010-2019. Esta evidencia de mayor inclusión del empleo en el PIB fue acompañada por un proceso de inclusión al sistema educativo. La tasa de promoción en la enseñanza primaria se mantuvo en 100% promedio en el período 1970-2019 y la educación secundaria logró, hacia fines de la década de 1980 una escolarización del 93%.

El desempeño macroeconómico, el fuerte crecimiento del PIB per cápita y la inclusión educativa interactuaron sostenidamente en Corea, y dicho vínculo entre los factores cruciales de la PI, fueron la causa central de la rápida convergencia con los países desarrollados. Partiendo de tener sólo un 8% del PIB per cápita de los países de la OCDE, en la década del sesenta, llegó a casi el 80% en la década pasada.

Los objetivos e instrumentos de la PI pueden sintetizarse en lo siguiente. Aumentar la calidad y la cantidad de la inversión en capital humano y en capital físico para permitir crear los millones de empleos formales necesarios para erradicar la pobreza y reducir la desigualdad.