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La odisea de volver

¿Qué pasa con quienes perdieron su trabajo o lo vieron amenazado— en una época signada por un virus que, como mínimo, codujo a la reflexión sobre el desarrollo profesional?
Publicado 30 de marzo

Desde los tiempos más remotos el trabajo ha significado mucho en la vida de las personas, porque carecer de este conduce a la incertidumbre, a la pérdida del sustento económico, a males- tares psicológicos e, incluso, a la alteración de los vínculos sociales; entre otras cuestiones.
Mariana Castrelos, directora de Transiciones de carrera de Cono Sur en Wall Chase Group y autora del libro Transiciones laborales: otro ser y hacer en la búsqueda de trabajo, conoce bien el tema; incluso participó de una investigación sobre esta problemática. “La coyuntura ha influido notablemente en el momento de decidir cómo vivir de ahora en más, bajo qué formato y cómo posicionarse en un mercado laboral que ya no es el mismo. Los paradigmas son otros y las necesidades y prioridades del trabajador también”, comenta a APERTURA.

Wall Chase asistió a 310 ejecutivos en situación de transición laboral durante la pandemia. Su departamento de outplacement (reubicación, en castellano) trabajó sobre esa cifra y llegó a conclusiones como estas: el 70 por ciento de personas en transición de carrera corresponde a una franja etaria entre 35 y 48 años de edad, y el 30 por ciento entre 50 y 60. Por otro lado, la elección de la reinserción estuvo signada en un 60 por ciento a emprender, y el 30 por ciento a la relación de dependencia.

Quienes optaron por emprender en productos y negocios tienen un promedio de 42 años y quienes se volcaron a consultoría y servicios alrededor de 55.

Por su parte, Eduardo Kaplan, mentor empresarial con una larga trayectoria acompañando a los recursos humanos en las organizaciones, entiende esta reinserción laboral como “compleja”. Dicho en otras palabras, esta complejidad está asociada a quienes perdieron su posición laboral, tanto por la recesión como por la pandemia. “Están quienes pertenecen a sectores específicos de la economía como turismo y espectáculos, por citar ejemplos concretos; que siguen sufriendo las idas y vueltas del proceso (aperturas y cierres)”, explica. Y agrega: “La gran mayoría debe reinventarse y reubicarse en otros mercados con más demanda como las ventas online y los mercados digitales”. El riesgo de esta situación implica no reaccionar rápidamente y quedar fuera del mercado.

Pero, ¿quién gana y quién pierde en esto de reinsertarse? El mentor, que acompaña perfiles muy diversos, asegura que los que más pierden son los sectores etarios de mayor edad que, obligados por las circunstancias, se quedaron encerrados en sus hogares y en el ínterin, descubrieron oportunidades cuentapropistas y decidieron no reinsertarse en el mercado laboral. A raíz de casos como estos, algunos sectores empezaron a sufrir las consecuencias de la falta de recursos, como el gastronómico, que fue muy conocido durante la pandemia.

Tan conocido, que inclusive en los Estados Unidos lo apodaron como “La gran renuncia”. Los componentes que conforman este fenómeno son muchos y controversiales: subsidios estatales, descontentos generales por las condiciones laborales, componentes psicológicos (no tengo más jefe), y oportunidades para desarrollar el cuentapropismo; entre otros. En nuestro país los expertos lo explican con las “changas y los deliveries”. Hay mucha más gen- te en sus casas que requieren de comida, arreglos menores y otros servicios. “Quienes lograron el rebusque para tener ingresos que complementen los subsidios encontraron un equilibrio, como el caso de tantos que abandona- ron sus puestos formales en una empresa y hoy cocinan en sus casas y ven- den a los vecinos de su barrio”, ilustra Kaplan. Y agrega: “En la medida en que se reduzcan los subsidios estatales y la economía tienda a normalizarse la gran incógnita es qué pasará con este enorme grupo de trabajadores”.

Según Castrelos, “los ejecutivos de más de 50 se inclinaron por emprender, decisión condicionada por la realidad del mercado y no una elección tan genuina, dada la exclusión y prejuicio de muchas compañías a la hora de incluir los fácilmente por superar los 50 años”. Estos grupos etarios ofrecieron sus conocimientos en consultoría y asesoría y —dato interesante— empezaron a ver a las empresas como clientes y no como empleadores.

Perder un empleo

El profesor Rubén Figueiredo, titular del área académica Comportamiento Humano en la Organización del IAE Business School de la Universidad Austral, llegó a varias conclusiones al hablar sobre la pérdida laboral. Una de ellas es que “el amor y la necesidad psicológica de afecto se dañan al quedarse sin empleo porque se pierde el contacto social, la pertenencia a un grupo u organización, se afecta la autoestima, el reconocimiento y aumenta el aislamiento”.

La pérdida va más allá del trabajo en sí mismo. Además, comenta Figueiredo que es con ese “bagaje nuevo y dañado” que la persona tratará de reinsertarse. Y en este sentido, van a intervenir variables como la edad, el nivel educativo, el género, e incluso la salud. “La reinserción podría agudizar los problemas de inclusión y diversidad”, resalta con preocupación.

Los expertos consultados coinciden en que se está asistiendo a un verdadero cambio de paradigma, donde se están dejando atrás los esquemas de trabajo tradicionales. “Parece obvio a estas alturas, pero el teletrabajo es tendencia, y esto es reciente”, cuenta Diego Istúriz, fundador y director de AVC, empresa que se desarrolla en los mercados de la Argentina, Brasil y Chile. También aclara que quienes trabajaban en relación de dependencia ahora son freelancers o tienen varios trabajos en simultáneo. “Todo se flexibilizó. Nosotros, para quienes contratamos, lo pensamos así. En algunos casos se insertan por proyectos porque la persona tiene otros trabajos. Ya no hay vuelta atrás”, menciona.

Otra variable a considerar, según el sondeo antes mencionado, es que la relación de dependencia fue más elegida por aquellos de entre 35 y 40 años y son quienes han decidido continuar desarrollando su carrera en el ámbito corporativo. De todos modos, y como sostiene Figueiredo, “la salida del emprendimiento propio tampoco es para todo el mundo, ya sea por personalidad, por formación o por respaldo, no cualquiera puede iniciar un negocio de la nada”.

60-30. El 60% de los que tuvieron que reinsertarse se dedicaron a emprender. El resto, fueron por la relación de dependencia. Fuente Wall Chase.

Castrelos asegura que quienes volvieron al mundo empresarial lo hicieron con el convencimiento de continuar creciendo profesionalmente en el ámbito de grandes equipos. “Son personas que consideran que aún tienen un gran resto de aprendizaje por incorporar, ocupando posiciones de dirección general en PyMEs y altas gerencias en multinacionales; sobre todo en las áreas de marketing y finanzas”, aclara.

Un contexto que empuja

Entre esto de trabajar desde casa, de compartir y cohabitar espacios que son tan íntimos como profesionales, de ir de videollamada en videollamada, el cambio es el rector. En definitiva, de “ganarse la vida” se trata, desliza del otro lado Andrea Costa, consultora de Carrera de Hidalgo & Asociados. Es momento de plantear formas nuevas. En tiempos pandémicos los emprendedores, los unicornios y los proyectos independientes son las nuevas estrellas brillando en el firmamento. Y los sectores que se abren camino a toda velocidad son el sanitario y tecnológico, “imprescindibles” según la especialista, para empezar a hablar de empleo híbrido.

“Una primera alternativa es flexibilizar nuestra carrera. Lo que algunos expertos denominan ‘resistentes a pandemias’. Tras confirmar esa elección, no basta con completar el CV. Buscar empleo es un trabajo en sí mismo y es importante saber cómo hacerlo, sobre todo en una era más digitalizada”, desarrolla Costa.

En estas épocas digitales, los más afectados resultan ser, por un lado, los mayores con menor nivel educativo y problemas de salud, y por el otro “los jóvenes que hoy están teniendo serias falencias educativas —desde la dificultad para la lecto-escritura, pasando por la comprensión de textos—, lo cual significa una barrera para insertarse en el mercado laboral más calificado y mejor remunerado”, destaca Figueiredo.

Claves para no quedarse afuera

Según profesionales consultados, todos coinciden en la importancia de que el currículum debería poner en relieve las fortalezas de la persona así como las oportunidades de mejora. Pero eso no es todo, saber comunicarlas es fundamental. Costa habla de “utilizar palabras clave”. También habla de networking, esto de crear red dentro de las posibilidades que estén a nuestro alcance. Lo interesante del universo digital es que los límites son menos apremiantes, y que con una bien diseñada carta de presentación se puede llegar a manos de todo tipo de perfiles y en cualquier parte del mundo.

La instancia decisiva es la “entrevista virtual”, porque ahora pasó a ser la modalidad más utilizada. Por supuesto, es necesario prepararse para que la conversación sea lo más clara, fluida y organizada posible (buen wi-fi, silencio, chequear con antelación si está bien instalada la plataforma que se usará durante la entrevista, etcétera).

“No basta con completar el CV. Buscar empleo es un trabajo en sí mismo y es importante saber cómo hacerlo, sobre todo en una era más digitalizada”

Andrea Costa, consultora de Carrera de Hidalgo & Asociados.

Costa asegura que asistimos a un momento en el que, todavía, muchas empresas y organizaciones temen contratar recursos debido a la incertidumbre que sigue latente. Es decir, no es un momento de plenitud en las búsquedas. Algunas organizaciones también perfilan sus miradas hacia personas que sepan cómo trabajar a distancia, y si pueden corroborarlo, mejor aún. En el CV tiene que estar incluido, así como las herramientas tecnológicas que las personas saben usar para llevar adelante su puesto de trabajo. Otro de los factores que se modificaron, sobre todo a partir de la presencia del Co- vid-19, fue la necesidad de los emplea- dores de “encontrar” a las personas en las redes: la famosa presencia digital. Al menos, esto aseguran desde Hidalgo & Asociados.

Desde la Universidad Austral dan a conocer un disparador fundamental y es esto de “aprender a aprender”. Figueiredo comenta que la vida útil de los conocimientos de quienes están empleados es cada vez más corta. “Hay que estar a tono con las exigencias de la época: de allí surgen las actividades de reconversión, capacitándose en competencias nuevas, y, en otros casos, existe la necesidad de perfeccionamiento para mantener la misma posición”, explica. De ahí que las compañías pongan foco en la capacidad de aprender de los trabajadores.

Desde la universidad no creen que, al menos en el corto plazo, exista demasiada oferta en el mercado laboral. Mucho de esto, según el profesor, se relaciona con las facilidades o dificultades que ofrece la legislación en la Argentina, que podría conducir el tema hacia otros aspectos que no dejan de ser relevantes, pero no se relacionan con el objetivo de esta nota. “Las oportunidades tal vez no sean muchas, por los problemas de crecimiento, la macro economía y todo lo que ya sabemos”, enfatiza.

¿Lo que se viene?

Lejos va quedando el hecho de marcar la hora trabajada o inmiscuirse al separatismo absoluto entre vida profesional y personal. Todo parece entremezclarse. “Hoy se busca capacidad para trabajar con autonomía, en equipo, de forma virtual y apuntando a lograr resultados”, informa Istúriz.

El sondeo de Wall Chase señala dentro de sus variables cualitativas que el emprendedurismo lidera, por sobre ocupar puestos tradicionales: los emprendedores optaron por la oportunidad de capitalizar experiencia y dinero en un negocio propio, decididos a ser ellos quienes controlan su futuro y desarrollo profesional, sin techo de supe ración y argumentando tener las energías y el valor para edificar su propia empresa. Luego de un extensivo análisis de rentabilidad, plan de negocios y segmentación de clientes, apostaron a instalar sus proyectos en la Argentina. Castrelos explica que, más allá de la edad, la elección —como común de nominador entre los encuestados- fue el privilegio que les otorgaron a esperar lo que necesitaban para decidirse y atravesar un proceso de análisis muy profundo para construir, recuperar y/o sostener un espacio laboral. Todas las personas —y en esto coincide Figueiredo— buscan armonizar sus vidas laborales y profesionales y estar tranquilos, psicológicamente hablando.

Poco a poco, la pandemia va quedando atrás, sin embargo hay cuestiones que no tienen retorno. Las personas quieren sentirse libres, y esto es difícil cuando se relega a terceros, más aún con cronogramas estructurados en horas y esfuerzo. “Ya no resulta negociable, en épocas donde el tiempo de vida| ha sido relativizado para todos. Y la calidad de cómo transitarla es válida en el presente, aquí y ahora, más que nunca”, culmina la directora de transiciones de carrera.

Florencia Borrilli