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El Cronista

Los desafíos de la estabilidad

Para 2026 se anticipa crecimiento moderado, pero dirigir negocios en este escenario inédito de moderación implica desafíos para quienes han pasado los últimos veinte años entre inflación, crisis y contramarchas.
Publicado viernes 28 de noviembre

El presupuesto 2026 del Gobierno proyecta un crecimiento del 4,9%, y el 82% de los empresarios asistentes al reciente Coloquio de IDEA indicaron que esperan que la economía mejore. Aun con temas pendientes como informalidad y deudas, con la inflación descendiendo se prevé que el crecimiento del consumo crezca moderadamente, aunque en dos tiempos: algunos segmentos de mayor poder adquisitivo reaccionarán más rápido, en tanto el resto lo hará lentamente. Un panorama que comenzará a parecerse a los mercados estables, de crecimiento moderado, y donde los clientes muestran hábitos virtuosos de búsqueda de valor apuntando al ahorro, y registran los precios de los productos.

La inestabilidad se suavizará, pero habrá que estar preparado y con capacidad de analizar las consecuencias de aplicar eventuales ajustes. Aprender a trabajar con ajustes pequeños y cuidadosos, que requieren una gestión muy detallada para asegurar resultados positivos y evitar fuertes caídas de ventas. Atrás irán quedando las épocas en que un ajuste al mes siguiente permitía corregir errores de presupuesto o de compras, y en cambio habrá que formar equipos de analistas con conocimiento del mercado y el negocio, y manejo de volúmenes de información con asistencia de IA.

Aunque moderadamente, se prevé que el consumo crezca, abriendo  oportunidades de expansión de ventas, introducción de nuevos productos y recuperación de segmentos postergados, siempre que cumplan con el requisito de precio bajo y conveniencia. Los segmentos masivos registrarán una fuerte sensibilidad a las variaciones de precios, dado que la informalidad es amplia en esos segmentos, y el crecimiento del empleo será gradual, condicionado al éxito de la reforma laboral en ciernes.

La calidad de productos y servicios de a poco volverá a instalarse como un factor relevante, y será determinante para construir diferenciación, propuestas de valor y fidelidad hacia las marcas. El auge de la tecnología y la apertura de importaciones resultara en que una parte del consumo sea más sensible a la influencia global, y se orientará a bienes importados y al e-commerce, un canal que no se podrá descuidar y acentuará la presión sobre la oferta y la competencia de precios y productos.

Entre los desafíos empresariales seguirán los más conocidos: la inflación aunque residual, seguirá presente, así como alguna volatilidad en el precio de insumos, salarios, energía y servicios. Pero los mayores desafíos serán hacia dentro de las organizaciones y sus prácticas habituales. En los entornos volátiles la inflación se cubre acumulando inventarios para proteger valor, pero en los contextos más estables y abiertos, la competencia reduce los márgenes, y la aceleración de los ciclos competitivos y tecnológicos aceleran la obsolescencia de los productos. Los altos inventarios que antes eran un refugio de valor, envejecen rápidamente y se convierten en un serio problema de capital inmovilizado en productos obsoletos.

El negocio del consumo se transforma en uno de márgenes apretados y alta rotación, y se basará en cubrir los gastos y crecer con el flujo de caja proveniente de la rotación del capital, más que en márgenes abultados que alejarán a los clientes. Un enfoque muy distinto que requiere análisis de tendencias, cambios en el comportamiento y hábitos de los clientes, evolución de las ventas por producto, marcas y canales, y vigilar la vida de los inventarios.

Será un año de ofertas frecuentes dirigidas a los clientes buscadores de valor, que se complementarán con la liquidación temprana de productos de baja rotación. Para ello al seguimiento de ventas se agregará el de la rotación y el margen de productos, buscando detectar rápido los que necesiten activación para ayudar a la rotación, sin esperar meses para la liquidación de fin de temporada.

El 2026 impondrá nuevas prácticas de análisis de las ventas, márgenes y rotación de productos, y presionará sobre la alineación de funciones desde la previsión y la evolución de las ventas a la logística ágil y eficiente, hasta el planeamiento de la producción. Los antiguos departamentos de sistemas ya se vienen transformando en especialistas en tecnología aplicada al negocio, con fuerte conocimiento de aplicaciones y herramientas que combinan con IA para liberar tiempo que se dedica a activar la presencia en los mercados. Será el año de aprender a vender más sin aumentar ciegamente, y a trabajar en la economía del margen de contribución decreciente.

Fuente/Copyright: Guillermo D’Andrea