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Catedra Gobierno de las Organizaciones

Cuando el problema no está en la agenda, sino en la sala: lecciones incómodas y necesarias de la encuesta anual de directores de PwC

Este artículo de Alejandro Rosa nos hace reflexionar y entender cuál es el verdadero problema de la agenda del directorio, más allá de las tareas y todo lo que rodea a la empresa.
Publicado jueves 23 de abril

En los últimos años, los directorios han incorporado casi todo a su agenda: riesgos emergentes, tecnología, sostenibilidad, talento, geopolítica. Sin embargo, la encuesta anual 2025 de directores de PwC sugiere que el principal desafío actual del Gobierno de las Organizaciones no está afuera de la sala, sino adentro: cómo se gobiernan los propios directorios.

El dato que abre el informe es tan directo como inquietante: más de la mitad de los directores considera que al menos uno de sus colegas debería ser reemplazado. No se trata de una discusión sobre perfiles técnicos sofisticados o conocimiento financiero, atributos que siguen siendo la base de selección de directores, sino sobre algo más elemental y, a la vez, más difícil de gestionar: la contribución real al debate y a la toma de decisiones.

El silencio también es una falla de gobernanza

La principal causa de “underperformance” no es la falta de expertise, sino no aportar valor en las discusiones. En términos de mejores prácticas observadas en mercados desarrollados y exigidas por inversores institucionales y proxy advisors, este punto es central: un directorio efectivo no es el que evita conflictos, sino el que canaliza el disenso informado para mejorar la calidad de las decisiones.

Paradójicamente, el mismo rasgo que muchos directorios valoran en un director, la buena química, la armonía, el trato cordial, aparece como el mayor obstáculo para actuar. La encuesta muestra que la familiaridad y las relaciones personales son la principal razón para no abordar conversaciones difíciles ni impulsar recambios necesarios. El resultado es un equilibrio frágil: directorios que identifican problemas, pero los postergan, confiando en que el tiempo, o una gerencia acuciada por el fragor del día a día que no puede esperar a decisiones estratégicas demoradas, los resolverá, a costa de, potencialmente, asumir riesgos incrementales.

Evaluaciones que cumplen, pero no transforman

Otro hallazgo clave interpela directamente a la práctica habitual en muchas organizaciones: la evaluación del directorio. Para la mayoría de los encuestados, el proceso no genera insights relevantes ni una visión completa del desempeño, y suele vivirse más como un requisito formal que como una herramienta de mejora.

Desde la óptica del Gobierno de las Organizaciones moderno, esto es una señal de alerta. Las evaluaciones que realmente agregan valor, especialmente aquellas con facilitación externa y foco individual, son las que permiten vincular desempeño, desarrollo y renovación. Cuando esto no ocurre, la responsabilidad queda diluida y el directorio pierde una de sus pocas palancas internas de mejora continua.

Habilidades, diversidad y el riesgo de mirar por el retrovisor

La encuesta también muestra una tensión conocida: aunque el contexto exige nuevas capacidades, los planes de incorporación siguen priorizando habilidades tradicionales. No es que sean irrelevantes, nadie discute la importancia de los conocimientos y experiencia en finanzas u operaciones, sino que no siempre alcanzan para supervisar organizaciones atravesadas por disrupciones tecnológicas, cambios regulatorios, una geopolítica compleja, y expectativas sociales crecientes.

En paralelo, aparecen señales tempranas de desaceleración en diversidad y una adopción todavía incipiente de herramientas como AI/GenAI en el trabajo del directorio. Para mercados como el argentino, donde la estructura accionaria, la presencia de controlantes y la cultura empresarial imponen desafíos propios, la lección no es copiar modelos, sino evitar la autocomplacencia.

Una conclusión incómoda, pero potente

El mensaje de fondo del informe es claro: no hay buen Gobierno de las Organizaciones sin accountability dentro del directorio. No alcanza con cumplir bien diseñados o agendas cargadas de temas “correctos”. Lo que distingue normas, tener comités a los directorios que protegen y crean valor en el largo plazo es su capacidad para evaluarse con honestidad, incomodarse y evolucionar.

En definitiva, el mayor riesgo no es tener un mal director, sino saberlo y no hacer nada al respecto. Y ese es un desafío que trasciende países, ciclos económicos y coyunturas: es, simplemente, una cuestión de buen gobierno.