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IAE Business School

Inclusión y trabajo: cómo construir modelos sostenibles con impacto social

El profesor de IAE Business School Héctor Rocha, junto a Sebastián Wainstein, director ejecutivo de Alamesa, presentó el 19 de marzo un análisis sobre este restaurante atendido por personas neurodivergentes, en el marco del NYU Future Workforce Global Summit. El trabajo abordó los desafíos de sostener modelos de inclusión laboral, las tensiones del negocio y posibles caminos para escalar su impacto sin perder su propósito social.
Publicado martes 7 de abril

Durante la presentación, los expositores analizaron el caso de Alamesa como un ejemplo concreto de cómo integrar inclusión, trabajo y sostenibilidad en una misma propuesta.

El análisis se centró en identificar los principales desafíos del modelo, los criterios que orientan la toma de decisiones y las condiciones necesarias para sostener su crecimiento en el tiempo.

Los desafíos del modelo

Uno de los ejes centrales fue la identificación de cuatro tensiones clave.

En primer lugar, la sustentabilidad económica. Al operar con una capacidad reducida, cinco días a la semana y en un solo turno, el restaurante genera menos ingresos que un modelo tradicional, lo que dificulta cubrir costos fijos.

A esto se suma la necesidad de alinear el negocio con su propósito. Alamesa no acepta donaciones, por lo que debe sostenerse a partir de su propuesta gastronómica, equilibrando impacto social y calidad de servicio.

Otro desafío está vinculado al equipo de trabajo. Mantener el compromiso de personas neurodivergentes requiere generar un entorno que combine estructura, seguridad emocional y sentido de propósito.

Por último, aparece una tensión operativa: sostener procesos estables en una industria que exige innovación constante para atraer y retener clientes.

Los criterios detrás de las decisiones

Para abordar estos desafíos, el análisis identificó algunos principios rectores.

Uno de ellos es el rol de la familia, entendida como parte clave del proceso de inclusión.

También se destacó la importancia de que la rentabilidad esté alineada con el bien común. En este modelo, el negocio no se mide solo en términos económicos, sino como una herramienta de impacto social.

A su vez, el desarrollo de las personas se vincula directamente con la experiencia del cliente. La calidad del servicio no depende solo del producto, sino también del crecimiento y bienestar del equipo.

Cómo escalar sin perder el propósito

El crecimiento del modelo aparece como uno de los principales desafíos.

Escalar permite ampliar el impacto, pero también pone en riesgo la cultura organizacional y el estilo de liderazgo que sostienen la propuesta.

Entre las líneas de acción, se planteó la posibilidad de extender el modelo más allá del restaurante, replicando su lógica en otros sectores.

En paralelo, se destacó la importancia de fortalecer la comunicación a través de testimonios de familias, para conectar con los clientes desde la autenticidad.

También se propuso avanzar hacia un modelo más autónomo, capaz de generar sus propios recursos y consolidarse en el tiempo.

El rol del entorno

El contexto institucional también cumple un papel clave.

Regulaciones poco adaptadas pueden dificultar la expansión de este tipo de iniciativas, lo que plantea la necesidad de marcos más flexibles.

Al mismo tiempo, se identificaron oportunidades para ampliar el impacto, como la articulación con productores o el desarrollo de propuestas educativas.

Un modelo que redefine el trabajo

El caso de Alamesa muestra que es posible construir organizaciones que integren inclusión, productividad y propósito.

Sin embargo, también evidencia que estos modelos requieren un equilibrio constante entre sostenibilidad económica, desarrollo humano y coherencia con su misión.

En este contexto, el desafío no es solo crecer, sino hacerlo sin perder aquello que les da sentido.

Fuente/Copyright: Héctor Rocha y Sebastián Wainstein