En el panel de macroeconomía del Ciclo de Economía y Finanzas 2026 de IAE Business School, que tuvo lugar el jueves 24 de septiembre, se analizó el escenario que enfrentará la Argentina en 2027. Milagros Gismondi, economista jefe de Invecq Consulting, y Eric Ritondale, Chief Economist de PUENTE, con la moderación de Damián Falcone, profesor de IAE Business School, abordaron la evolución de la actividad, el consumo y la inversión, el contexto internacional de tasas más altas, las elecciones en Brasil y Estados Unidos, el impacto de la inteligencia artificial sobre los mercados y las variables que empresas e inversores deberían seguir durante los próximos meses.
El 2027, planteó Damián Falcone al abrir el panel, ya comenzó. No porque falte poco para la elección, sino porque para las empresas el próximo año empieza en el momento en que se definen presupuestos, mercados, inversiones y estrategias. La pregunta que atravesó la conversación fue, entonces, cómo llegará la economía argentina a septiembre de 2027 y cuánto se parecerá ese recorrido al de otros años electorales. La respuesta de los especialistas combinó señales de mayor solidez respecto de ciclos anteriores con algunos factores de vulnerabilidad que seguirán siendo determinantes: la evolución de la actividad y la inversión, el crédito, la acumulación de reservas, el riesgo país, las tasas internacionales y, especialmente, las expectativas sobre la continuidad de la política económica.
Una economía que crece, pero a menor velocidad
La primera señal que destacó Gismondi es que Argentina está creciendo. Después de una expansión del 4,5% en 2025, la economista estimó un crecimiento de alrededor del 2% para 2026 y proyectó que la economía volverá a crecer en 2027. Para el año próximo, señaló que el Gobierno proyecta 4%; el REM del Banco Central, 2,9%; e Invecq, 2,5%. Más allá de las diferencias entre proyecciones, existe un elemento relevante: de concretarse, serían tres años consecutivos de crecimiento, algo que no ocurre con frecuencia en la Argentina.
El problema está en la composición de ese crecimiento y en su velocidad. “Está creciendo, pero lento”, sintetizó la economista. El segundo trimestre mostró una desaceleración y el mercado interno presenta una dinámica mucho más débil que la que sugieren los números agregados de actividad.
La comparación con 2023 permite observar esa diferencia. Según los datos presentados durante el panel, las exportaciones se encuentran 45% por encima de aquel año, mientras que la inversión está 13% por debajo y el consumo privado apenas 4% por encima. Además, mientras algunos sectores vinculados a la generación de divisas muestran un fuerte dinamismo, otros sectores más vinculados al mercado interno permanecen rezagados. Minería, agro y petróleo se encuentran, según Gismondi, alrededor de 18% por encima de 2023. En cambio, industria, construcción y comercio se ubican aproximadamente 8% por debajo.
Esto ayuda a explicar una percepción que puede diferir de la que muestran los datos agregados: la economía puede estar creciendo y, al mismo tiempo, buena parte de las empresas y consumidores vinculados al mercado interno pueden sentir que la recuperación todavía no llegó con fuerza.
Exportaciones versus mercado interno: ¿hay que cambiar la referencia?
Para Falcone, uno de los interrogantes es si necesariamente debe considerarse negativo un modelo en el que las exportaciones tienen un mayor peso y el consumo crece de manera más gradual. Gismondi reconoció que parte del problema está en la comparación usada como referencia. El consumo de 2023, admitió, estaba artificialmente elevado por las políticas implementadas durante ese año y no representaba necesariamente un nivel sostenible de consumo.
Desde esa perspectiva, que el crecimiento se apoye más en las exportaciones (y no en el consumo) no constituye por sí mismo un problema. Su principal preocupación está en otro componente: la inversión. El nuevo marco de reglas, la desregulación y los cambios en la arquitectura económica deberían, según su análisis, generar condiciones para una recuperación de la inversión privada. Sin embargo, ese proceso todavía aparece trabado por dos factores: el crédito y la incertidumbre asociada al año electoral.
La diferencia es relevante porque la inversión de hoy no impacta únicamente sobre el crecimiento del próximo año. Es la que determina buena parte de la capacidad productiva de 2027, 2028 y 2029.
El consumo puede mejorar, pero el crédito será clave
Para Gismondi, el consumo probablemente llegue a 2027 en una situación algo mejor que la actual, aunque no significativamente mejor. Hay tres factores detrás de esa perspectiva: empleo, salario real y crédito.
El mercado laboral atraviesa un proceso de transformación que limita su capacidad para impulsar el consumo. La incorporación de inteligencia artificial es parte de ese proceso y, según señaló la economista, ya se observan pérdidas de algunos puestos de trabajo.
El salario real, por su parte, comenzó a recuperarse de manera gradual y pequeña. Después de una caída durante la primera mitad de 2026. En julio los salarios aumentaron 24%, frente a una inflación del 21%.
Pero el factor que podría generar una diferencia más significativa es el crédito. “Está trabado”, señaló Gismondi. Por eso, una de las expectativas hacia 2027 está puesta en que el financiamiento en pesos pueda comenzar a recuperar dinamismo y contribuya a fortalecer el consumo.
La misma lógica aparece en las herramientas que el Gobierno tiene disponibles. Ante la necesidad de sostener el ancla fiscal, una reducción significativa de impuestos aparece, según Gismondi, como una alternativa limitada debido al impacto fiscal de una actividad económica débil. En cambio, las medidas orientadas a ampliar el crédito (incluido el crédito en dólares y mecanismos vinculados al financiamiento hipotecario) pueden funcionar como una vía para estimular la actividad sin alterar el equilibrio fiscal.
Un mundo de tasas más altas
El escenario argentino no puede analizarse separado de una transformación más amplia del contexto financiero internacional. Para Ritondale, el mundo está retornando a una situación que se parece más a la etapa previa a la crisis financiera global que al período extraordinario de tasas extremadamente bajas que siguió a esa crisis y se extendió hasta la pandemia. Estados Unidos combina, según su análisis, tasas reales cercanas al 2%, una inflación alrededor del 3% y una situación fiscal que genera preocupación entre los tenedores de deuda de largo plazo.
El déficit público, el nivel de deuda sobre PBI y el costo de servicio de esa deuda se encuentran en niveles elevados. Y la situación no es exclusiva de Estados Unidos: Ritondale señaló que también se observan aumentos de tasas en distintas economías desarrolladas, entre ellas: Alemania, Francia, Reino Unido, Japón e Italia.
A esto se suman cambios estructurales derivados de la pospandemia: mayores demandas fiscales vinculadas a seguridad, energía y defensa; una reversión parcial de la globalización; cambios en los flujos internacionales de capital; tensiones comerciales; y shocks energéticos. El resultado es un mundo con mayores presiones inflacionarias y un costo del dinero más elevado. Para Argentina, esto importa incluso si el país no necesita recurrir inmediatamente al mercado internacional.
¿Por qué una tasa más alta en Estados Unidos importa para Argentina?
La tasa de Estados Unidos funciona como referencia para el costo del financiamiento internacional. Si el rendimiento de los activos considerados libres de riesgo aumenta, los inversores tienen menos incentivos para asumir riesgo adicional en mercados emergentes. Por eso, Gismondi señaló que la tasa estadounidense es una de las variables centrales para monitorear durante 2027. El efecto no se limita al Gobierno nacional. También alcanza a provincias y empresas argentinas que necesitan financiarse en dólares.
Ritondale explicó que, por ahora, el programa financiero argentino no tiene como escenario base una emisión internacional inmediata. El financiamiento para 2027 se apoyaría, según lo presentado durante el panel, en una combinación de reservas del Banco Central y acceso al mercado local. Esa situación ofrece tiempo, pero no elimina la importancia del costo internacional del dinero.
Brasil y Estados Unidos: dos elecciones para mirar desde Argentina
Aunque la atención local ya está puesta en las elecciones argentinas de 2027, el calendario internacional ofrece antes otros dos procesos electorales relevantes: Brasil y las elecciones de medio término en Estados Unidos.
En el caso de Brasil, Gismondi destacó dos canales principales de impacto sobre Argentina: el crecimiento brasileño y el tipo de cambio. Brasil es el principal socio comercial de Argentina. Un mayor crecimiento brasileño puede favorecer las exportaciones argentinas, mientras que una depreciación del real puede generar presión competitiva sobre la economía local. Por eso, las elecciones brasileñas pueden tener efectos diferentes según la combinación entre política fiscal, crecimiento y comportamiento cambiario que resulte.
En Estados Unidos, el impacto es más indirecto. La relación entre ambos países es relevante, pero Gismondi señaló que no debería reducirse el análisis a la relación personal entre los presidentes. Argentina tiene activos estratégicos (como litio, cobre, Vaca Muerta y otros minerales críticos) que forman parte de una relación económica de mayor alcance.
Además, la situación externa argentina es diferente de la de un año atrás. Gismondi destacó la acumulación de reservas y mencionó compras por US$14.000 millones durante el año, lo que reduce, a su juicio, la dependencia respecto del apoyo financiero externo recibido anteriormente.
¿Qué van a mirar los mercados antes de las elecciones argentinas?
Para Ritondale, hay dos hitos políticos particularmente relevantes: la eventual reforma política y la definición de las candidaturas. Los inversores buscarán entender quiénes serán los principales candidatos de la oposición y, sobre todo, qué agenda económica plantearán. Esa información permitirá evaluar qué tan diferente será el escenario político de 2027 y cuál podría ser la percepción de continuidad o cambio del programa económico.
Al mismo tiempo, la posición externa argentina ofrece algunos amortiguadores que no estaban presentes en otros ciclos electorales. Ritondale señaló que para 2027 se esperan mayores exportaciones de gas y minería y estimó que estos sectores podrían aportar alrededor de US$25.000 millones adicionales respecto de 2025, a lo que se suma una posición de reservas más sólida. La combinación de stocks y flujos es, por lo tanto, uno de los elementos que diferencia el escenario actual.
El riesgo país como termómetro de las expectativas
Si hubiera que elegir una variable para condensar buena parte de las percepciones del mercado, Gismondi señaló al riesgo país. Su utilidad no está solamente en observar si sube o baja, sino en analizar por qué lo hace. Una forma de interpretarlo es compararlo con el comportamiento del riesgo de otros países latinoamericanos. Si Argentina y el resto de la región se mueven en la misma dirección, puede existir un componente internacional. Si Argentina se mueve de manera diferenciada, la señal puede estar vinculada a factores domésticos.
En las últimas semanas, el riesgo país argentino aumentó más que el de otros países latinoamericanos. Para Gismondi, la actividad económica podía ser parte de la explicación.
La otra variable local que consideró central es la acumulación de reservas. La pregunta no es solamente cuánto se acumuló hasta ahora, sino cuánto continuará comprando el Banco Central y a qué ritmo. La posición cambiaria con la que Argentina llegue a 2027 será un factor relevante para atravesar el período electoral.
La inteligencia artificial y el riesgo de una corrección en los mercados
Otro de los temas centrales del escenario internacional es la valorización de las empresas vinculadas a la inteligencia artificial. El interrogante es conocido: ¿las valuaciones actuales anticipan demasiado crecimiento o reflejan una transformación tecnológica real?
Ritondale planteó una diferencia importante respecto de la burbuja de las empresas puntocom. Las inversiones actuales están lideradas por grandes compañías con negocios consolidados, ganancias sólidas y capacidad para financiar parte de sus inversiones con recursos propios y deuda de largo plazo. El ecosistema tampoco se limita a las grandes tecnológicas: incluye proveedores de infraestructura, energía, servicios de nube y semiconductores. Por eso, el foco de los inversores está cambiando. Además de observar ingresos, márgenes y ganancias trimestrales, el mercado empieza a prestar especial atención a cuánto capital están invirtiendo los grandes desarrolladores de infraestructura de IA y si esas inversiones serán consistentes con los ingresos futuros que esperan generar.
El riesgo, según Ritondale, está menos concentrado en la ejecución: cuánto capital será necesario invertir, qué retorno generará esa inversión y cuándo esas compañías podrán transformar las inversiones actuales en flujos de caja positivos. Esto no elimina la posibilidad de una corrección de las valuaciones. Pero, para el especialista, el escenario actual presenta diferencias importantes respecto de la burbuja puntocom.
¿Qué mirar de acá a 2027?
En el cierre del panel, los especialistas plantearon un “semáforo” de variables para empresas e inversores.
La tasa de Estados Unidos aparece en primer lugar. Su evolución determina el costo global del dinero y condiciona el atractivo relativo de los mercados emergentes.
El riesgo país argentino es otra variable central. Su comportamiento puede aportar información sobre la percepción del mercado respecto de la continuidad del programa económico.
La acumulación de reservas será fundamental para evaluar la fortaleza de la posición cambiaria con la que Argentina llegue al proceso electoral.
A estas variables, Ritondale agregó los indicadores de confianza, tanto del consumidor como del Gobierno, y la comparación entre el EMBI argentino y el de otros mercados emergentes. Esta última comparación permite distinguir entre un shock global y uno específicamente argentino. Ritondale destacó que, durante el período reciente de aumento de los rendimientos de los bonos estadounidenses, el EMBI de los mercados emergentes no siguió el patrón habitual de contagio. Según explicó, esto refleja una mayor diferenciación de algunos países emergentes en función de sus fundamentos macroeconómicos.
El factor decisivo: la confianza
El elemento que terminó atravesando buena parte de la conversación fue la confianza. Argentina llega al próximo ciclo electoral con una posición de reservas más sólida, mayores flujos potenciales de exportación, un programa financiero definido y una estructura de vencimientos en pesos que, según los panelistas, ofrece más margen que en otros momentos. Pero esos colchones no eliminan la posibilidad de tensión.
Gismondi señaló que la demanda de dólares de los argentinos continúa: durante julio, mencionó, las compras alcanzaron alrededor de US$3.000 millones. La diferencia respecto de otros episodios está en que hoy existe una mayor oferta de dólares proveniente de exportaciones, emisiones de obligaciones negociables y préstamos. El riesgo aparecería si aumentara simultáneamente la demanda de dólares y se redujera la oferta. Por eso, más que preguntarse únicamente si existen o no reservas suficientes, el mercado observará cómo evolucionan las expectativas y la confianza.
Ritondale coincidió en que los amortiguadores actuales son mayores, pero señaló que la intensidad de cualquier episodio de volatilidad dependerá de la percepción de continuidad del esquema de política económica y de la agenda que planteen las alternativas electorales.
Prepararse para 2027 empieza ahora
La conclusión transversal del panel no fue que 2027 vaya a repetir mecánicamente los ciclos electorales anteriores ni que la volatilidad haya desaparecido. El escenario combina elementos diferentes. Argentina muestra crecimiento, aunque con menor dinamismo; las exportaciones tienen un papel creciente, mientras el consumo y la inversión avanzan a velocidades diferentes; el sistema financiero dispone de mayores amortiguadores, pero el crédito todavía presenta restricciones; y el contexto internacional se caracteriza por tasas más altas y mayores exigencias fiscales.
En ese escenario, el desafío para empresas e inversores no consiste en esperar a conocer el resultado electoral para tomar decisiones. Radica en identificar desde ahora las variables que pueden modificar el escenario y preparar alternativas frente a distintos contextos. Como planteó Falcone al comienzo del panel, el 2027 ya empezó: para las empresas, empieza en el presupuesto, en la planificación de mercados, en las decisiones de inversión y en la lectura de los cambios que pueden definir el entorno económico del próximo año. El próximo ciclo electoral encontrará a la Argentina con una economía diferente a la de otros períodos, pero todavía expuesta a variables que pueden amplificar o moderar la volatilidad. Seguir esas variables con anticipación será parte central de la tarea de quienes tengan que tomar decisiones en los próximos meses.
Mirá el video del panel completo aquí:
Fuente/Copyright: IAE Business School
