Revista Alumni

Agendas digitales y pandemia: El rey está desnudo

Publicado miércoles 29 de abril de 2020

Por Marina Rosso Siverini

Esta pandemia nos trae muchos aprendizajes, algunos aún por descubrir. Por un lado, deja a la vista cuan débiles, discursivas o de power point son las Agendas Digitales en América Latina. Por otro, pone de manifiesto el liderazgo de proveedores de conectividad: empresas privadas, grandes y Pymes; empresas TIC estatales y provinciales, que están manejando un crecimiento repentino y exponencial del trafico de las redes en menos de un mes que, en condiciones normales de temperatura y presión -como decimos los ingenieros- se da en un año.

Estamos hablando de un crecimiento entre el 28% y el 45% según como estemos conectados: redes alámbricas de última milla de fibra óptica, cablemódem, xDSL o redes inalámbricas WiFi o las “G” que existan en las localidades (2G/3G/4G) y, obviamente, la conectividad que el bolsillo pueda pagar.

Entre los aprendizajes que debiéramos incorporar es que vivimos en un mundo globalizado. Si vemos por TV o redes sociales cómo estaban armando hospitales en China en enero, los gobiernos no tenían que ser simples espectadores como nosotros. La pandemia nos iba a llegar… y llegó a todos.

También nos llegó una cuarentena que para muchos, más allá del encierro y otras delicias, significó no ir a la oficina y a la escuela, cambiar nuestra forma de trabajo a una virtual. Como diría un amigo: a todos nos llegó “una transformación digital acelerada y sin anestesia”, pero fue una cuestión de tiempo adaptarnos a esa forma de trabajo porque somos personas/empresas conectadas.

El escenario pandémico implicó que empezáramos a usar las plataformas disponibles, a realizar nuestras reuniones virtuales y los más pequeños empezaron sus clases virtuales y descubrieron que existen Google y Microsoft para hacer tareas, con Excel y Word, entre otros, no sólo los jueguitos de PlayStation, del celular, las redes sociales y TicTok (ojo al piojo: esto es para niños, espero que confiesen que durante la cuarentena se sacaron una cuenta). Esta plataforma pronto hará enojar a Trump ya que es china y la tienen todos los chicos del mundo.

Ahora bien, todo este mundo que describí es para los conectados.

Del otro lado tenemos a los desconectados, y eso incluye a los gobiernos y a los que están en la base de la pirámide. Voy a explicar por qué llamo desconectados aun a los que tienen internet de alguna forma. Esta pandemia ha desnudado las “famosas” Agendas Digitales y ha puesto de manifiesto cuán grande es la brecha digital ante estos acontecimientos y cuanto más se va a agrandar.

Gobiernos

Muchos gobiernos se han preocupado en digitalizar papeles y convertirlos en archivos pdf para subirlos a una plataforma, creyendo que eso es una transformación digital. Se equivocaron. Transformación digital es hacer las cosas de manera distinta, “transformar los procesos” aprovechando la tecnología.

Los organismos públicos nunca pensaron en mecanismos que permitieran el teletrabajo o como ahora le dicen homeworking, ya que esto conlleva políticas de seguridad para acceder a los sistemas públicos, dispositivos de firewall, etc., dotar al empleado de un dispositivo de acceso (computadora) y conectividad (pagarle el abono a algún prestador de banda ancha).

En la actualidad, en general el acceso se limita a la lectura de correos o de expedientes, pero prepararse para trabajar ante una pandemia requiere por lo menos un año de trabajo intensivo y planificar el presupuesto.

Durante los primeros días de la pandemia, en Europa se agotaron las computadoras ya que las empresas y Estados salieron a comprarlas para el teletrabajo de los empleados y funcionarios, algo que las grandes empresas privadas hacen desde dos décadas y que las Pymes de América Latina deberán encarar rápidamente. Por eso considero que hoy los Estados de Latinoamérica están “paralizados” en cuarentena. Sobre esta base también apoyé mi afirmación que las redes no iban a colapsar ya que un protagonista importante, como el Estado, está desconectado.

Educación:

Cuando Nicholas Negroponte empezó a hablar del plan One Laptop per Child a principios de los 90, mucha agua ha corrido. El pionero en la región fue el gobierno uruguayo con el Plan Ceibal, luego la provincia de San Luis en Argentina con la Autopista Digital y casi una década después empezó el Plan Conectar Igualdad que en Argentina generó una verdadera revolución, tanto en los niños y docentes como en el impacto en el crecimiento de internet y en el surgimiento de los backbones nacionales (Arsat en Argentina y Espina Dorsal en Chile y Perú).

Al mismo tiempo, en Argentina se dio otro fenómeno digno de estudio que son las empresas TIC provinciales (SAPEM), que llevaron conectividad a sus provincias en las áreas donde el capital privado no extendió sus redes por un tema de rentabilidad. Tenemos casos como la provincia de Misiones que lleva conectadas en un año más de 1.000 escuelas, algunas en selva virgen. Las provincias que carecen de este tipo de empresas y no cuentan con organismos que tomen esta tarea tienen desconectadas las escuelas rurales lo cual, ante esta pandemia, significa chicos sin poder educarse y ciudadanos con menos oportunidades en el futuro. Porque la conectividad es parte de ser ciudadanos. Sin conectividad no se puede acceder a los organismos de seguridad social, etc. ANSES, organismo de la seguridad social en Argentina, es el primer sitio al que la gente accede cuando se habilita internet en su localidad. Esto se repite en los distintos planes de los gobiernos latinoamericanos, como Colombia, Chile, Paraguay, entre otros.

Es hora de que las Agendas Digitales se pongan los pantalones largos, con prioridad a la educación en las zonas más alejadas y menos pobladas, evitando el facilismo de “4G llega al 80 % de la población” o frases similares. Se empieza por la fácil, en las localidades más pobladas y así pasan los años y siguen los mismos lugares desconectados, no importa el avance de la tecnología.

Otra premisa para dejar de lado es suponer y planificar el ancho de banda en función de las características de la población: “cómo estás abajo en la pirámide vas a necesitar menos megas y dispositivos”. Ejemplo de esto son escuelas conectadas donde la navegación es paupérrima que ni se puede abrir la ventaba de inicio de Google, o pretender que los niños realicen las tareas en el celular en vez de suministrarle, al menos, una tableta.

El acceso debe ser igualitario. Hoy en día ya no es una barrera el precio del mega mayorista ni los dispositivos. La fibra óptica una vez tendida es costo hundido; no puede considerarse inversión cada vez que se conecta un usuario. A su vez, las alternativas satelitales con los satélites HTS bajaron sus precios y aumentaron sus megabits “CAP”.

Casi todos los países tienen Fondos de Servicio Universal que se conforman con el aporte de los operadores/licenciatarios. Estos deben ser destinados a la conectividad rural, cumplir un rol social y asignarse en forma ágil y transparente. Hoy más que nunca estos fondos deben volcarse a la educación, a los emprendedores que a través del e-commerce y teletrabajo en las localidades recónditas de los países puedan trabajar.

Esta pandemia cambiará para todos la manera de trabajar y educarnos, así como acelerará los procesos de automatización y robotización en las industrias, entre otros cambios que descubriremos en breve.