Novedades Artículos y opinión

Infobae

El FMI apoyando un programa que intente tímidamente reformas estructurales es la medida popular más razonable

El Economista Eduardo Fracchia, le dijo a Infobae que el acuerdo con el Fondo reduce la incertidumbre y si se hiciese el ajuste para bajar el déficit fiscal no abusando de impuestos podría recrearse la inversión y el empleo.
Publicado 31 de enero
"Considero que es la tónica general del peronismo esta aproximación ambigua planteada y que el viernes 28 se destrabó parcialmente. La mirada hacia el FMI de los argentinos es crítica, es la visión que tenía Juan Domingo Perón que reiteró Néstor Kirchner"

El principio de acuerdo del Gobierno nacional con el Fondo Monetario Internacional sobre el cierre de una semana intensa de negociaciones y nerviosismo en los mercados de deuda y acciones local que dispararon a niveles récord las cotizaciones de los tipos de cambios alternativos y aceleraron la caída de las reservas del Banco Central, abre un mejor escenario para el resto del trimestre, el cual no sólo deberán darse precisiones sobre el “entendimiento” logrado, sino volver a poner a prueba la capacidad del ministro Martín Guzmán para evitar un nuevo rechazo por parte de las principales fuerzas de oposición en Diputados y Senadores.

Sobre todo porque la economía, pese a haber cerrado un año de notable recuperación tras el derrumbe de la actividad que sufrió en el primer año con crisis sanitaria, mantiene notable fragilidad en los frentes monetario, cambiario y de calidad de los servicios públicos que derivaron en un claro deterioro del cuadro social, por la aceleración de la tasa de inflación y aumento de la precariedad laboral derivado de la creciente participación de los puestos asalariados no registrados y el cuentapropismo de emergencia.

Frente a ese cuadro, Infobae entrevistó a Eduardo Fracchia, director deI IAE de la Universidad Austral, quien analizó la difícil coyuntura que enfrenta la economía y sus expectativas para el corto plazo.

El Gobierno anunció un “entendimiento con el FMI” para sellar un acuerdo de refinanciamiento de los próximos vencimientos de la deuda que contrajo el gobierno de Cambiemos ¿Cuál es su primera impresión?

— Con la información del viernes al mediodía pareciera que se está queriendo cerrar una negociación con el Fondo que pretenda despejar el horizonte de pagos por la deuda que tomó el gobierno de Macri a principios de 2018. Somos desde 1956 un negociador serial, cumplimos 2 de 26 acuerdos con el FMI desde entonces. Martín Guzmán decidió arreglar primero con privados y con el Fondo en la actualidad, una medida cuestionable. Era su ilusión para pasar al bronce por este tema con su pasado académico cerca de Joseph Stiglitz. En la UBA no se va a estudiar en 2030 como Guzmán, en el gobierno de Cristina, diseñó un programa de sustentabilidad de deuda con privados y el FMI. Se estudiará como estrategias valiosas el Plan Austral de muy corta vida, la convertibilidad, la recuperación con Lavagna que aprovechó Néstor Kirchner.

“Pareciera que se está queriendo cerrar una negociación con el Fondo que pretenda despejar el horizonte de pagos por la deuda que tomó el gobierno de Macri a principios de 2018. Somos desde 1956 un negociador serial, cumplimos 2 de 26 acuerdos con el FMI”

Considero que es la tónica general del peronismo esta aproximación ambigua planteada y que el viernes 28 se destrabó parcialmente. La mirada hacia el FMI de los argentinos es crítica, es la visión que tenía Juan Domingo Perón que reiteró Néstor Kirchner junto a Roberto Lavagna en 2003, sin pagar lo adeudado hasta el acuerdo del canje. El Fondo no cae bien a los argentinos, el 80% lo cuestiona en las encuestas de opinión pública en lo que va de la democracia. Se lo percibe invasivo, discrecional y lejano al bienestar general. Resistirlo es demagógico. En general no le cumplimos. En 2001 nos soltó la mano (todo era la venganza del atentado de septiembre 2011) y eso profundizó en parte la caída dramática de la convertibilidad que era inevitable.

Es un tema relevante resolver la cuestión y lo planteado es positivo por la búsqueda de consensos, pero debe pasar por el Congreso y no está claro con qué medidas se encarará el objetivo. Suena un plan que repite anacronismos como el control de precios. Sin acuerdo sería mayor la incertidumbre. El ajuste se demoniza, fue el ajuste el que nos sacó con Eduardo Duhalde, dramático ajuste fiscal, gracias al mismo el país arrancó 10 años de expansión favorecidos por el precio de la soja. El ajuste fiscal del Plan Austral fue valioso, el ajuste fiscal de Cavallo en el 91 también. Cristina Kirchner lo defendió junto a su visión general de defensa del menemismo. El ajuste de Néstor Kirchner fue muy relevante con superávit gemelos.

"Lo planteado es positivo por la búsqueda de consensos, pero debe pasar por el Congreso y no está claro con qué medidas se encarará el objetivo""Lo planteado es positivo por la búsqueda de consensos, pero debe pasar por el Congreso y no está claro con qué medidas se encarará el objetivo"

Si se hiciese el ajuste necesario para bajar el déficit fiscal no abusando de los impuestos podría recrearse la inversión, el empleo formal y esto daría votos a fines del 2023. Si Cristina Fernández de Kirchner quiere seguir en el poder debe cerrar con el Fondo cuando se defina la cuestión en marzo un programa que le dé espacio al sector privado. Sin modificaciones de raíz Cambiemos va a un segundo mandato Si seguimos con las mismas políticas de base va a subir más la inflación, habrá mayor devaluación por miedo que se expresa en el blue, menor crédito y mayor riesgo país. El Fondo apoyando un programa que intente tímidamente reformas estructurales, al menos parciales, es la medida popular más razonable porque dará más consumo en el momento de votar.

Si lo que se acuerda es voluntarismo y buenas intenciones sin instrumentos apropiados se votará en 2023 con mayor inflación, recesión y pobreza superior al 50% de la población. El Fondo es una guía, la decisión está de nuestro lado y exige un grado de racionalidad que no le sale al gobierno como vimos en la cuestión de la pandemia, el décimo país peor del planeta en gestionarla en el promedio de los indicadores. Sin reformas estructurales es poco lo que se puede esperar del acuerdo con el Fondo, no cambiará el metabolismo económico social.

“Si Cristina Fernández de Kirchner quiere seguir en el poder debe cerrar con el Fondo cuando se defina la cuestión en marzo un programa que le dé espacio al sector privado”

La economía acumula desequilibrios generalizados y creciente, ¿Cómo describiría el escenario general local, y dada la situación internacional?

— Ante la incertidumbre la económica internacional la Argentina se encuentra hace 12 años en un denominado por la profesión mal equilibrio sin crisis relevantes. La economía debería superar una década de estanflación. No logra los consensos políticos mínimos al interior del partido gobernante para ordenar el rumbo. La misma oposición tampoco aparece como muy integrada si tuviese que encarar un sendero de bienestar, no hay liderazgos claros en una coalición electoral y no tanto de principios. La demora en acordar con el FMI aunque sea con un programa mínimo complicó el panorama e influyó en la sostenibilidad del proceso de crecimiento a mediano y largo plazo. El viernes 28 de enero se descomprimió en parte el problema, pero no se han anunciado medidas de fondo para llegar a objetivos razonables.

¿Y en el plano internacional, qué efectos tendría sobre la Argentina el posible giro de la política monetaria de la Reserva Federal?

— El aumento previsible en la tasa de interés de la Fed es una mala señal para los países de la región y puede influir en el crédito a emergentes. Esto a nuestro país le afecta menos porque hace tiempo que el riesgo país viene creciendo y obstaculiza el crédito. Por el contrario, afectará más a los países de la región que vienen accediendo a préstamos de muy baja tasa de interés.

El consenso de los economistas comparte que la inflación es un flagelo para cualquier economía, pero para el caso presente de la Argentina que comenzó el año sin Presupuesto aprobado por el Congreso, hay quienes que es beneficiosa para el Gobierno porque le permitirá seguir una política discrecional en la asignación del gasto y redistribución de partidas, como ha hecho en los últimos años ¿Usted qué opina?

La inflación creciente está en una dinámica inercial. En ese caso la literatura insiste mucho en quebrar expectativas. No alcanza, como dice Miguel Kiguel, con factores solo monetarios para contenerla. Es la más difícil de bajar e influye en la desconfianza en el país que se expresa en el riesgo país y en la falta de inversión, en el crecimiento de la pobreza, entre otros factores. Es obvio que no conviene tener inflación y para Argentina esta es una batalla en la que venimos perdiendo con 7 de los planes de estabilización fracasados. El único que funcionó, entre 1991 y el 2001, quizás trajo, por su diseño rígido sin una salida sencilla de la regla cambiaria, el peor de los resultados finales de un programa con una caída del PBI de 10% en 2002 que hace que la convertibilidad sea una alternativa de muy bajo consenso político en el país y que ningún político la impulse.

“La inflación, sin embargo, en este contexto puede ser funcional al ajuste fiscal”

La inflación, sin embargo, en este contexto puede ser funcional al ajuste fiscal, es un tema clásico de Carlos Melconian que llama a esta inflación “virtuosa”. La distingue de la inflación perjudicial que es la más fácil de interpretar. Tenemos una circunstancia en la cual se puede licuar el gasto como procura el Gobierno sobre todo en el terreno de las jubilaciones y en los salarios del sector público. Hay que tener presente que con inflación baja el aporte a moneda constante de los impuestos disminuye en una suerte de efecto contrario al que los economistas llaman Olivera-Tanzi.

Una de las características del 2021 fue que el Banco Central, a través de los Adelantos Transitorios y giro de utilidades contables a la Tesorería, se constituyó en la principal fuente de recursos de la Administración Central, más que IVA y Retenciones sobre las exportaciones ¿Cómo ve esa política, y qué efectos tendrá sobre la economía en su conjunto?

Los adelantos transitorios (AT) que emite el BCRA expresan uno de los mecanismos de financiamiento al Gobierno Nacional establecido en la Carta Orgánica. Otro mecanismo de financiamiento son las utilidades (ganancias) del BCRA. Estas deberían surgir de la diferencia entre los ingresos de invertir los activos externos y el pago de intereses de sus pasivos monetarios. En nuestro país las utilidades se generan con una devaluación del peso debido a que hay activos externos y pasivos en moneda nacional. Estas ganancias son solo de naturaleza contable, no son reales.

Ambos instrumentos se constituyeron en financiamiento de gasto corriente desde el inicio de la pandemia y en un factor de deterioro patrimonial para la autoridad monetaria. Los AT, valuados en pesos, se transfieren al Tesoro Nacional sin un mecanismo de devolución en el corto plazo lo cual, está expuesto a la pérdida de poder adquisitivo por inflación. La distribución de utilidades, dado que son contables, originan un giro al Tesoro, pero no constituyen un origen (ingreso) real del BCRA. Para tener una idea de orden de magnitudes, en 2019 ambos conceptos de financiamiento al Tesoro totalizaron $554.245 millones; en 2020 totalizaron $2,01 billones; mientras que en 2021 fueron $1,7 billones. En un contexto de expectativas inflacionarias crecientes, la fuerte emisión monetaria es claramente un problema.

“En un contexto de expectativas inflacionarias crecientes, la fuerte emisión monetaria es claramente un problema”

¿El escenario actual de severa distorsión de precios relativos, en particular en materia de tipo de cambio y tarifas, es comparable con el que existía a comienzos de 2014, cuando el segundo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner dispuso una devaluación del 25 por ciento?

— Las situaciones nunca se repiten pero son análogas muchas veces, lo que ocurre ahora no tiene aún una dinámica pre Rodrigazo de 1975, aunque hay factores similares vinculados a la represión voluntarista de la inflación y a la debilidad del gobierno. En el inicio de 2014 en el marco del cepo cambiario se hace una devaluación que va a precios. El contexto actual va en esa línea y podrá reproducirse en una devaluación controlada del oficial que afecte al blue que ha crecido poco desde octubre de 2020 cuando alcanzó su pico. Es relativamente bajo el desvío respecto al dólar oficial histórico, pero este retraso se ha acelerado últimamente. Tenemos el riesgo de que se pierda el control sobre la devaluación y dado que hay muy pocas reservas en el Banco Central que los pesos existentes en el sistema vayan al dólar libre con mayor necesidad de refugio. Esa corrida potencial es una espada de Damocles del esquema económico actual y llama la atención que todavía no se haya dado. Es un desafío para dos años de gestión con resultados tan precarios.

La licuación pretende que disminuya el gasto público respecto al PBI y puede estimular la indexación de la economía. Este es uno de los temas más importantes de la economía argentina de los últimos 15 años. De representar 30% del PBI con los mandatos de Raúl Alfonsín y de Carlos Menem, y en un gran promedio que merecería matizarse, hemos pasado a un nivel superior a 40% del PBI del gasto público consolidado. Este salto, relacionado con más gente que se jubila sin aportes previos, a la instalación crónica de subsidios a la energía y transporte, al salto del número empleados del Estado en los tres niveles -de 2 millones a 3 millones y medio de personas- y a la proliferación de planes sociales para mitigar pobreza en un marco clientelar-populista no es fácil de corregir. No hay almuerzo gratis y estas decisiones del kirchnerismo en medio de la abundancia de la primera década del siglo explican en parte el núcleo de nuestro mal equilibrio en la terminología de los economistas. Esta presión de gasto que con la desinflación se quiere contener no se puede resolver de modo tan sencillo. Es bien estructural y arrastra por el financiamiento una presión impositiva que ahoga al sector privado, la segunda en importancia de la región. En el corto plazo es funcional, como praxis política de mediano plazo es lamentable.

“No hay almuerzo gratis y estas decisiones del kirchnerismo en medio de la abundancia de la primera década del siglo explican en parte el núcleo de nuestro mal equilibrio”

¿Es sostenible una brecha cambiaria por arriba del 100% y mantener un significativo superávit de la balanza comercial, aunque no llega a traducirse en aumento de las reservas del Banco Central?

— La brecha cambiaria viene siendo creciente. Tenemos un discurso tradicional de que más de 30% es imposible de sostener, pero el kirchnerismo ha demostrado empíricamente que esto no es cierto con Axel Kicillof y con Martín Guzmán a cargo de Hacienda. Esta brecha se come en parte el superávit comercial que tenemos en este esquema de bajo consumo respecto al PBI. Es una dinámica que se puede mantener hasta 2023, con el costo de tener la economía en estancamiento con muy baja inversión. Este año el panorama se complica ya que la sequía nos hará perder unos USD 7.000 millones. Seguirán faltando dólares, una de las debilidades del esquema económico relacionadas con la falta de credibilidad. El presidente del Banco Central, Miguel Pesce, siempre dice que con USD 100.000 millones en la exportación se puede revisar el cepo, estamos lejos de esto. Argentina es un país que exporta muy poco con relación al PBI desde los 60, a pesar de varios intentos de diversificación para complementar al sector agropecuario. Estas cuestiones llevan décadas para revertirse y serán medidas de fondo la que podrán cambiar el curso.

¿Qué piensa del ritmo de aumento de la deuda pública, tanto por parte de la Administración Central, como del Banco Central con el sistema financiero a través de los instrumentos de regulación monetaria?

— La Argentina tiene poca deuda respecto al PBI. Esto se debe a que no tenemos deuda interna relevante por falta de confianza. Japón y Europa más que duplican nuestra proporción de deuda pública. En el default de 2002 la deuda era también muy baja. Nuestra tolerancia a la deuda es muy limitada. Esto nos exige mayor conducta fiscal. Tenemos ahora cerca de 5% del PBI en el déficit global y 3% aproximadamente que se quiere reducir a partir del entendimiento con el Fondo anunciado el último viernes.

El gobierno de Macri entregó el país con 0,4% del PBI de déficit primario, en un plan muy duro en lo monetario y fiscal que no pudo acabar con la recesión por la corrida cambiaria. Martín Guzmán en 2021 trató de cerrar la brecha fiscal. En la actualidad hay resistencia al ajuste para evitar el contexto de final de año y poder ganar la elección de 2023 con populismo fiscal. Los impuestos crecen en el país para cerrar la brecha fiscal y eso repercute en la casi nula creación de empleo privado formal y en la tasa de crecimiento del PBI que es muy pobre, hay un sector privado que ha perdido dinamismo en la primera década de este siglo y este proceso no se revierte. Tenemos que considerar que la deuda originada en el Banco Centra es relevante, recordemos el déficit cuasi fiscal clásico de nuestra economía, la bomba de Leliq sigue creciendo, es un tema urgente, es bien importante y no está encarado con coherencia, se suele postergar, como otras cuestiones estructurales.

"La bomba de Leliq sigue creciendo, es un tema urgente, es bien importante y no está encarado con coherencia, se suele postergar, como otras cuestiones estructurales""La bomba de Leliq sigue creciendo, es un tema urgente, es bien importante y no está encarado con coherencia, se suele postergar, como otras cuestiones estructurales"

La distorsión de precios relativos ha provocado en 2021 que las Canastas Básicas del Indec de Alimentos y de la agregada con otros productos y servicios subieran menos que el índice oficial de salarios y que la inflación ¿Cabe esperar que eso se traduzca en una sustancial disminución de los índices de pobreza e indigencia?

Es un punto interesante para la discusión. Si la canasta alimentaria por las medidas que contienen precios o al menos lo pretenden fuese a un ritmo menor de la inflación parecería que la pobreza podría ceder. El tema es más complejo, pero pensaría que la asociación no es tan lineal y merece mucha más discusión. Así planteada la pregunta puede ser interesante para la política pública contener pobreza vía precios de alimentos de cara a las elecciones, aunque sabemos es una medida de represión ficticia.

¿Una reflexión final?

La economía argentina no logra establecerse en un sendero macroeconómico estable desde principios de la década de 2010. El crecimiento sostenido de la inflación, las presiones cambiarias que son más notorias y grandes desequilibrios e inconsistencias macro generaron una economía frágil en términos financieros y reales después de una década valiosa como fue la de principios de siglo con baja inflación y crecimiento, apalancada por precios elevados de la soja a nivel internacional. Al escenario frágil de esta década perdida se agregó la crisis sanitaria mundial del 2020 que afectó con mayor intensidad relativa a países con condiciones iniciales desfavorables como fue el caso argentino.

Si bien se proyecta que la economía se recupere en torno al 9%10% durante el 2021, la caída del 2020 fue de 10%. En concreto, entre el período 2011-2020 el PBI acumula un retroceso de 1% promedio anual, con una inflación anual promedio de 35%. Por lo tanto, estamos frente a un contexto de estanflación económica que no parece revertirse. En economías con inflación crónica como el caso argentino, es clave anunciar un programa de estabilización con medidas concretas. Ese programa debería tener instrumentos que sirvan como anclas de expectativas, tales podrían ser el tipo de cambio fijo y pautas para la reducción gradual del gasto público con relación al PBI. Por otro lado, un proceso de desinflación de una economía con inflación crónica tendrá necesariamente efectos redistributivos de tipo regresivo.