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La macro se deteriora, pero no explota

El escenario más probable indica una inflación del 80 por ciento, sin crecimiento y con un salario real deteriorado. Pero, con un cierto control de la calle por parte del gobierno y una mínima racionalidad fiscal que impida un Rodrigazo, el gran fantasma
Publicado 14 de mayo

Eduardo L. Fracchia
14/05/2022 Revista Fortuna - Nota - Nota de tapa - Pag. 38

La herencia que recibirá el próximo gobierno y la necesidad de una cruzada educativa en las barriadas populares

El problema argentino tiene que ver entre otras cuestiones con una clase dirigente que no está a la altura de los acontecimientos; no es sólo la clase política, es el déficit institucional del país. La clase empresarial y sindical también deja mucho que desear. La elite de 10.000 cargos políticos elegidos en el cuarto oscuro a lo largo y lo ancho de todo el país surge de una sociedad anómica, individualista en el sentido de Borges, y de capacitación mediocre.

Se espera una renovación de la política porque de ella viene siempre la transformación cultural.
Los votos antisistema estilo Milei, Bolsonaro o Trump, cada caso con sus matices, podrían no ser tan valiosos por cierta falta de espíritu republicano. El voto Milei signado por la antipolítica no es el ideal en la visión tradicional liberal de Alberdi y Sarmiento, pero es muy comprensible y envía una señal al sistema democrático argentino, que, por otra parte, está en crisis en varios países de Occidente.
La intención de emigrar de los más jóvenes es una señal de fracaso como sociedad; un tema complejo a observar, no hay rumbo para ellos.

El fenómeno migratorio fue fuerte en 2002 y se corrigió por la expansión del empleo del primer período kirchnerista, que fue valioso para el país a pesar de múltiples errores que se cometieron en esa gestión fundacional de un peronismo diferente.

Por primera vez, jugó por centro izquierda desde 1945, con la excepción de los 49 días de Cámpora hasta que Perón lo expulsó de la casa Rosada; ese espacio que Macri plantea que secuestró al peronismo histórico. Gran impacto económico potencial supuso el hecho político de las elecciones de medio término, que ha generado una serie de controversias al interior del Frente de Todos.

No parece que el kirchnerismo vuelva al poder en 2023, pero el año y medio que falta es mucho tiempo.
El kirchnerismo nació el día que Duhalde escogió a un desconocido que conducía un proyecto feudal, análogo al formoseño Insfrán, en Santa Cruz, para liderar el peronismo y vencer a Menem.

El kirchnerismo sin CFK tiene muy poca fuerza electoral a futuro. La Cámpora, la estructura política más poderosa y disciplinada del país, no dejó casi nada hasta ahora a nivel de nuevos estadistas; no hay dirigentes con proyección nacional. Máximo tiene muy mala imagen y depende de Cristina, que quiere perpetuar el linaje político, como dice Beatriz Sarlo. Sin ella, no tiene vuelo propio. Atrasa Máximo y no tiene visión estratégica; ha sido muy valiosa la fundación de este espacio de poder con gente que ya no es joven y que está lejos del pueblo, con quien no conecta tanto según plantean los focus group del mercado político.

Por otra parte, no hay intendentes con proyección nacional. Kicillof, un cuadro de gran proyección por la admiración hacia él de Cristina, sigue en el ring, pero es demasiado de izquierda para el paladar argentino.
No tiene buena imagen y viene gobernando muy mal una provincia que jamás proyectó un Presidente; es la famosa maldición de Buenos Aires. Una persona muy capaz y de convicciones, formado por el profesor Levín en Económicas de la UBA, y con la visión clásica de un rebelde social del Nacional Buenos Aires, colegio con algunos de sus ex estudiantes cercanos al kirchnerismo desde 2003. Axel expresa la esencia del modelo económico K y deslumbró a Cristina como Sourrouille lo hizo con Alfonsín desde que se conocieron hasta que Don Raúl falleció.

La interna posterior al fracaso de las Paso en el Frente de Todos es lógica: pase de facturas, recriminaciones.
Hay tensiones porque los intendentes del conurbano, los “minigobernadores”, no se sienten escuchados por el preferido de CFK, Kicillof. La Cámpora es cuestionada por los movimientos sociales y por los propios intendentes. El Instituto Patria quiere ahora aparentemente intervenir el gabinete pidiendo la cabeza de Guzmán, Kulfas y Cafiero, como los principales ministros que “no funcionan”. Alberto quedó en una posición de debilidad desde una base de imagen positiva muy pobre, que fue altísima cuando encaró la pandemia con una visión de unidad. Hoy la tensión con la Vicepresidenta es inevitable y quizás el principal problema político del corto plazo argentino.

Los grandes ganadores de las Paso fueron Larreta, que se perfila como presidenciable en 2023, y Manes, con una interesante elección: venía de la nada y triplicó los votos frente a un peronista histórico como Randazzo fiel a los K por 12 años y ahora crítico.

Manes fue apoyado por el voto radical, que de base le dio un 10% histórico de voto duro a este espacio.
Milei es otro ganador por no tener nada de estructura política previa.

El gobernador Sergio Uñac se mantiene con un buen porcentaje en San Juan. Macri, como fundador del espacio que rompió por primera vez desde el 45 el bipartidismo, está siendo parcialmente rescatado y aspira al segundo tiempo después de un fracaso relativo en el primer tuno. La sociedad eligió a Cambiemos sobre todo para castigar el experimento K y luego a Cristina para cuestionar la gestión macrista.

Las ideas liberales son fomentadas como reacción a un peronismo ideológico y estatista que atrasa, expresado por el kirchnerismo.

Es una respuesta natural, como la de la UCD en el 89, que hizo buena elección ante el fracaso económico de los radicales, que terminaron con 5000% de inflación anual. Es una reivindicación histórica a la militancia de Álvaro Alsogaray, el líder histórico del espacio que le dio la base de orientación ideológica a Carlos Menem en un peronismo disruptivo que jugó en los 90 con una orientación de derecha liberal.

Pero, el rechazo al liberalismo, que sacó 4.5% a nivel país en medio término, cuarta fuerza después de la izquierda, a nivel popular es importante: se lo percibe poco solidario, con orientación a los ganadores, sin sentido social. En el mundo los esquemas liberales en lo económico, como China, Estados Unidos, Japón y el sudeste asiático, entre otros ejemplos, han funcionado bastante bien. Han reducido la pobreza. Son perfectibles, pero lo han hecho mejor desde la posguerra que los esquemas estatistas, críticos con el sector privado y con exceso de distribucionismo y sin énfasis en el crecimiento. El liberalismo debe entrar a pelear el poder con sentido social en una región con 35% de pobreza, muy desigual y particularmente muy dañada por la pandemia.

Es increíble como, con pandemia y con un gobierno tan pobre en la gestión, el peronismo haya sumado 30% del país con proyección incluso a mayor porcentaje, aunque no mucho más, por arrastre de voto de izquierda, nuevos votantes que son peronistas y otros factores. Es muy competitivo si logra funcionar a media máquina y arrollador, si organiza un proyecto de crecimiento con equidad que hoy no parece posible por falta de acuerdos en este espacio de quienes Borges llamaba incorregibles. ¿Podrá plantearlo en 2023? Con Manzur podría haber funcionado un proyecto de peronismo de centro. Hay que verlo aún al hombre en la cancha, pero le falta protagonismo. El país sigue siendo estructuralmente peronista desde el 17 de octubre del 45. Ningún espacio lo ha superado desde entonces por mucho tiempo, aunque hubo anomalías en estos casi 80 años como Alfonsín en el 83 o la Alianza en el 99 (la mitad de este espacio era peronismo crítico) o Macri en 2015, que ganó en parte gracias al voto de Massa expresado en Felipe Solá, que le complicó la elección a Aníbal Fernández en la provincia de Buenos Aires.

La influencia de la inflación. La inflación de 50% anualizada en noviembre pasado no pudo de dejar influir en la última elección, pero sobre todo Cristina no pudo lograr que se mantenga el salario real. El salario real es un buen predictor de voto en lo que va de las elecciones de la democracia. Incide fuerte en el metro cuadrado del votante medio.

Luego, Guzmán empapeló de bonos el país para cerrar una brecha fiscal que combatió hasta mediados de año pasado, cuando cedió ante la embestida de CFK del llamado plan Platita. La peleó bien y se mantuvo el paralelo estable. Esa contracción fiscal sacó ingreso real a jubilados y empleados del sector público, significó un ajuste equivalente pero mucho menor al acordado con el FMI en los dos últimos años de Macri.
Este ajuste de Guzmán deprimió más el consumo. Las Leliq de Macri que continuó Alberto Fernández con Guzmán son una bomba de tiempo: la base monetaria más las Leliq quintuplican las reservas netas; esto es un tema muy sensible que no va a explotar a corto plazo, pero es una señal de alarma grave. El cepo contiene la corrida cambiaria. Este desequilibrio del cepo, donde la brecha enorme puede aumentar más, hay que corregirlo cuanto antes.

EL 95% DEL PROBLEMA. La clave es siempre la política, la economía marcha atrás. El crecimiento mejora si el sector privado no es maniatado; si, por ejemplo, se liberan las energías del campo, de la minería, de Vaca Muerta y de la industria

Si se va a la ortodoxia antes de las elecciones generales de 2023, no vendrán muchos votos para el Frente de Todos. Lo verá bien el establishment, se moderará el blue, se instrumentará mejor la negociación con el FMI. Los votos en el escenario más probable vendrán seguramente con una estrategia bien populista y demagógica: tarifas pisadas, represión en las góndolas anacrónica, tipo oficial de cambio clavado.
No hubo ningún estallido social desde el 10 de diciembre de 2019 cuando asumió el presidente oficialista.
Con Macri a cargo la pandemia, hubiese generado protestas sociales de magnitud, con bastante probabilidad de descontrol de la calle. Recordemos las piedras en el Congreso, que no fueron espontaneas sino planificadas. El peronismo en el poder aporta control de la calle gracias a los movimientos sociales que vienen de la crisis de la Convertibilidad, con muchos dirigentes de estos movimientos en el poder, como Navarro; sindicalistas como Moyano que no atacan al gobierno; punteros barriales, etcétera.
En el primer año de pandemia el IFE ayudó y el ATP también para contener a muchos vulnerables sin trabajo.
Argentina no tuvo hasta este momento la tensión social observada en Chile, Perú, Bolivia, Colombia y Ecuador en los últimos dos años. pero el conurbano y las periferias de grandes ciudades sufren una pobreza desconocida para este país hecho de pan por la Pampa Húmeda.

El kirchnerismo ataca al campo como es la tradición genética del peronismo, con la excepción de Menem en los 90. Cuestiona también a la industria oligopólica, tensa la cuerda contra los medios, es duro con la administración Macri, se enemista con los socios del Mercosur, admira a Venezuela, Cuba y Nicaragua. Es la gran cruz de la democracia del siglo 21 originada por el final dramático de la caja de conversión.

VOLVER A SARMIENTO. Según el análisis de los que conocen el conurbano profundo, el peronismo olvidó a los más pobres en la elección de medio término. La Cámpora no llega a este segmento social, el Ejecutivo estuvo entretenido en el Olivosgate, Kicillof no tiene sensibilidad popular y tampoco experiencia en el barro; los intendentes llegan más naturalmente y también lo hacen los movimientos sociales a través de la estructura de punteros o “capangas” en los barrios, pero eso no alcanzó.

Esa gente del “fondo” sufrió mucho la falta de escuelas pues no tuvieron durante el Covid más que un celular de la mamá en una casa sin computadoras.

Se está perdiendo el ascensor social de las villas, que es la escuela, con chicos muy mal educados.
En el “fondo” de los barrios, el 60 % no termina la primaria. Ese capital humano con mediocre educación básica es vulnerable para el narco y se proyecta a empleos de bajísima productividad si es que no resultan reemplazados por máquinas de la 4.0 dentro de muy poco tiempo. Hay que entrar con energía a estas 4.000 villas de emergencia —la mitad de estas villas nacieron en el kirchnerismo— para evitar una fractura social más pronunciada.

Es clave volver al proyecto de Sarmiento cuando la mitad de estos chicos no leen bien un texto de Clarín a los 17 años. Volver al Sarmiento de 150 años atrás es clave; si no se hace esto el país sigue atrasando porque los unicornios de Galperin no van a cambiar la sociedad si los pobres no finalizan la secundaria con algún oficio concreto que les otorgue mayor empleabilidad.

La economía seguramente se va a desordenar con el aumento de la emisión con fines electorales. La tasa mensual por debajo de 3% cuando se votó está ahora en 7% y puede trepar más. Es una inflación reprimida, que con precios relativos acomodados sería mucho mayor.

El gobierno seguramente llegará a las elecciones del 23 con el dólar blue contenido con medidas que siempre suponen un costo, entre otros la pérdida de reservas.

Es muy probable que haya un plus de ingreso efectivo para la población y asistiremos a un experimento difícil de proyectar de cómo ese salto de consumo potencial iría a más votos para el oficialismo. Se estima, como ejemplo de esas prácticas una inyección de 1000 millones de dólares al precio del blue, por el reciente bono a jubilados.

Es difícil proyectar lo que viene para el segundo semestre de 2022 y todo 2023. Depende de la gobernabilidad, el precio de la soja, la ortodoxia fiscal, lo que le cumplamos al FMI.
Esperemos que con el Fondo sea un arreglo funcional al crecimiento con equidad. Este acuerdo podría dar un sendero a la economía; no será la autopista que está en el imaginario social, pero si un plan que ordene mínimamente la macroeconomía para que ésta no explote por el aire como en el final de Alfonsín.
Existe un escenario de racionalidad económica por miedo a perder las elecciones de 23 y a una crisis estilo Rodrigazo de 1975. ¿Redrado podría en esta línea cercana al establishment? Es de baja probabilidad.
El extremo polar es un Vamos por todo muy entusiasmando con recuperar el salario con expansión monetaria. Este esquema más asociado a la visión de la economía de CFK-Kiciloff supone profundizar el cepo y cerrar más la economía.

Tiene el riesgo de ir a una crisis devaluatoria importante a lo largo del bienio. El blue que es el buchón del sistema está muy tranquilo hace años si bien es muy alto; es un dólar de pánico.

Entretanto, tenemos un escenario de situación intermedia con alta inflación cercana al 80 % anual hasta el cuarto oscuro, con crecimiento que converge a cero; se llega a las elecciones presidenciales con una economía deteriorada, con salario real muy caído. La coyuntura de corto domina la escena. No se espera un cambio de timón como el que hizo Juan Perón en 1952, del populismo a la racionalidad productivista.

La macro se va a deteriorar, en efecto los mercados lo anticipan con reducción del precio de los activos.

El 95% del PROBLEMA.
Viene una próxima administración que pareciera va a ser para Cambiemos dada la debilidad política del peronismo, la relativa unidad de la oposición y la falta de criterio en la gestión macroeconómica. Para ese período esperamos que revierta el clima de inversión, que es dramático, y que se planteen reformas estructurales: la laboral, previsional y tributaria son las más relevantes. Quizás es mucho esperar y sea una gestión seis puntos de transición dada la herencia kafkiana que recibirá en pobreza, inflación y estancamiento.

Nuestro mediano plazo es 95 % político y 5% económico. La economía siempre corre de atrás. El crecimiento mejora si el sector privado no es maniatado, si se liberan las energías del campo, de la minería, de Vaca Muerta; de lo contrario, habrá más pobreza, que es más narcotráfico y más muerte por inseguridad en los conurbanos.

Cambiemos, con todas sus limitaciones y conflictos internos, enfrenta una gran responsabilidad porque tiene la carta ganadora ante la ineptitud de una gestión básicamente corrupta e ineficiente alineada con el pasado. No va ser fácil porque el peronismo moderado, racional —lo cual no es un oxímoron— no está en la cancha. Fue rehén este peronismo virtuoso durante estos veinte años de kirchnerismo; estamos empantanados, nos falta el famoso acuerdo nacional. Se sale del laberinto con la política, no con la economía.

No todo es casta política, que es impresentable como registra Latinobarómetro, pero no vienen de Saturno los políticos. La sociedad anómica que leyó bien Nino está enferma; la enfermedad es cultural. Los planes y los piquetes seriales son un reflejo de esta disfunción. Donde desde hace quince años no se crea empleo formal, el empleo ideal del justicialismo en la visión de Perón del 45.

No existe el macho alfa que nos va a sacar de este embrollo; pueden servir los Merkel o el número 1 de Ucrania, ¿quién podría cuestionar a Belgrano, a Sarmiento o a Roca como catalizadores de una revolución? Pero, eso no alcanza: hacen falta prepotencia de trabajo, valores republicanos, premios y castigos, meritocracia, admiración por la iniciativa privada, un Estado muy fuerte para una sociedad llena de heridos que pueda volver a los consensos que tuvimos en mayo del 10, en el 53 en San Nicolás, en los 80 con nuestro modelo más integrador.

¿Veremos ese consenso pronto? La moneda está en el aire, como dicen Roy Hora y Gerchunoff en su libro.
Hay mucho por ganar si queremos disfrutar de los nietos en el propio territorio.

Eduardo Fracchia
Economista del IAE Business School de la Universidad Austral

Fuente/Copyright: 14/05/2022 Revista Fortuna - Nota - Nota de tapa - Pag. 38