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Una inflación de más de 120% para el próximo año

LA PREOCUPACIÓN NÚMERO UNO
Por Eduardo Fracchia
Publicada 9 de junio

La economía mundial por ahora se ve parcialmente alterada debido al conflicto ruso ucraniano.
No parece vaya a escalar el tema, sería muy riesgoso para Rusia y para la OTAN porque entraría en zona nuclear. Por el lado norteamericano, la inflación doméstica se va a resolver con política monetaria restrictiva. Es la solución Greenspan de hace 40 años cuando asumió el presidente Reagan.

En nuestro país, transitamos un período largo de estanflación desde 2011, estamos confundidos sin poder salir de la rotonda hacia la autopista del crecimiento con estabilidad. El nivel de actividad actual está amesetado y se espera, de enero a diciembre 2022, un crecimiento cercano a 1%.

Los precios crecen por inercia, por la sustancial emisión del Plan Platita y por el ruido político, entre otros factores. Los que analizan inversiones internas o externas perciben gran desconfianza hasta fines del año 2023 y consideran que el país es irrelevante al no cambiar las políticas de fondo y elegir el modelo populista discrecional.

El cepo al dólar tranquiliza la inflación, lo mismo que la represión tarifaria y las amenazas a los distribuidores en las góndolas, pero es inflación reprimida.

Cristina Fernández desearía profundizar esta represión, con los costos que pueden implicar estas medidas sobre el retraso cambiario y el déficit fiscal, y el consecuente endeudamiento.

La inflación no está en un camino exponencial; hoy se ve la híper muy lejos, pero si no hay cambios de fondo se puede votar con una inflación cerca del 10% mensual.

El dinero del bono a jubilados y otros actores, que es de 1.000 millones de dólares tipo blue, es poco relevante, pero contribuirá a la suba de precios. Por otra parte, supone la emisión de la tercera parte de lo acordado hace poco tiempo con el Fondo; es un aumento de base monetaria extraordinario. Este esquema es estable por ahora en el sentido de que no hay crisis bancaria, ni social ni externa, ni de competitividad.
Pero genera problemas seguros en el futuro cercano; por lo pronto, contribuye a una herencia que será muy pesada para el próximo gobierno.

Con respecto a la inflación, se destaca la linealidad, del nivel de 5% y que ha llegado a 60% anual, según el REM del Banco Central para este año; considero que será superior: en torno a 75% anual y más de 120% el año que viene. Estos números afectarán al crecimiento porque la inflación no es neutral a la inversión.
Por otra parte, como trabajaron muy bien Walter Sosa Escudero y otros autores, los que más sufren con la alta inflación son los pobres.

Con esta inflación se han hecho ajustes reales a jubilados y sector público.
Con Macri cayó fuerte el ingreso real del sector público, más de 35%, y esa tendencia continúa.

El dinero del bono a jubilados y otros actores supone la emisión de la tercera parte de lo acordado con el FMI; es un aumento de base monetaria extraordinario.

Como señala Juan Manuel Jáuregui, la fuente del estancamiento argentino es el excesivo gasto público. Excesivo gasto público genera alta presión tributaria y excesivo endeudamiento. El excesivo endeudamiento genera riesgos que, sumados a la alta presión tributaria, disminuye la inversión. La insuficiente inversión genera estancamiento, disminuyendo la recaudación, y aumentando el tamaño de la deuda en relación con el producto bruto. El excesivo endeudamiento genera alto riesgo para los tenedores de deuda, por lo que el interés que el fisco debe pagar es altísimo, generando altos pagos de intereses y agravando el déficit fiscal. Como consecuencia, se financia el fisco con emisión monetaria, generando inflación. La inflación genera distorsiones que aumentan el riesgo y disminuyen la inversión, agravando el estancamiento. Los intentos de frenar la inflación con controles de precios generan más distorsiones, aumentando ineficiencia y riesgo, afectando negativamente la inversión, y agravando el estancamiento. Debido a la suma de riesgos, la inversión es baja y los ahorristas buscan invertir en el exterior o en divisas, aumentando la presión devaluatoria.

Junto con la alta inflación, el tipo de cambio tiene que crecer aceleradamente, afectando las expectativas. Los intentos de combatir la inflación en sus efectos y no en sus causas, llevan a que el gobierno quiera frenar el aumento del tipo de cambio, disminuyendo las reservas del banco central, generando atraso cambiando, que mantiene importaciones por encima del nivel óptimo y exportaciones debajo de lo deseado. La solución duradera es reducir el gasto público.

Los que más sufren con la alta inflación son los pobres. Además, ajusta a jubilaciones y salarios públicos.

JUAN SOURROUILLE

JUAN SOURROUILLE. Algunos analistas sugieren estabilizar los precios como lo hizo el ministro de Raúl Alfonsín con el Plan Austral.

 

La dolarización es para debatir, pero en principio es inconveniente por sus contraindicaciones.
Para estabilizar, sería deseable, como plantea el economista Daniel Heymann (ex Cepal), quizás la figura más conocida en la región que estudió el fenómeno de la inflación, algo parecido al tipo Plan Austral. Para eso es necesario el compromiso político total que tuvo Alfonsín en 1985, pero que después no mantuvo con coherencia, presionado por los frentes de oposición. Un gobierno sin poder político no puede armar un plan con el éxito efímero del Austral.

Con este panorama de inflación y baja actividad se llegará con una pobreza cercana a 50 % a la elección de 2023.Quedan pendientes para entonces reformas en el campo laboral, previsional y tributario.
El FMI no es un actor que pondrá presión para estabilizar; es un Fondo más light que no es duro como lo era antes; son tiempos pandémicos.

Las empresas lucen desconcertadas por la música general y con mayor motivo por medidas de perspectiva soviéticas de intervención como las del impuesto a lo inesperado.

La gente más joven sigue mirando más a Ezeiza y la sociedad está viviendo en el país que en ficción escribe Marcos Denevi: Trapalanda. Hay que leer menos los reportes económicos y reflexionar sobre Trapalanda, que es la Argentina actual, una enfermedad que mezcla anomia, adolescencia e inmadurez; un país con potencial enorme que no lo sabe aprovechar. Esperemos tiempos mejores y gran responsabilidad para la oposición.

Eduardo Fracchia *Director del área de Economía del IAE Business School de la Universidad Austral


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