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¿Qué pasa con la familia después de vender la empresa?

Un paper reciente de nuestra profesora Isabel Botero revela que vender una empresa familiar implica mucho más que una transacción financiera: exige replantear la identidad, los vínculos y el propósito compartido del clan. Un artículo que invita a reflexionar sobre la necesidad igual de urgente de preparar a la familia para el día después.
Publicado viernes 4 de septiembre

A mediados de junio, Isabel Botero, junto con John Trimble y Tomasz Fediuk, publicaron el artículo Beyond Exit: The Afterlife of Socioemotional Wealth in Business Families. El trabajo parte de una pregunta que pocas veces aparece cuando una familia comienza a pensar en vender su empresa: ¿qué pasa con la familia después de la venta?

Cuando una familia empresaria considera vender su negocio, es natural que buena parte de la conversación se concentre en la empresa. ¿Cuánto vale? ¿Es el momento adecuado para vender? ¿Cómo debería estructurarse la operación? ¿Cuáles serán las implicaciones fiscales?

Pero hay otra conversación que también es importante: ¿qué nos va a unir cuando ya no tengamos la empresa?

Después de muchos años y, en algunos casos, varias generaciones, una empresa familiar representa mucho más que un activo financiero. Alrededor de ella se construyen historias, relaciones, reputación, tradiciones y una identidad compartida. La empresa puede incluso convertirse en parte de la respuesta a una pregunta muy sencilla: ¿quiénes somos como familia?

Por eso, venderla no significa únicamente cambiar un activo por liquidez. También puede cambiar profundamente la manera en que la familia se relaciona y piensa sobre sí misma.

En nuestra investigación proponemos que las familias pueden seguir distintos caminos después de una venta. Algunas pueden ir perdiendo poco a poco aquello que las mantenía unidas. Otras consiguen mantener una identidad compartida a través de sus valores, su historia, sus relaciones y el reconocimiento construido durante años. Y otras utilizan la venta como punto de partida para una nueva etapa: crean nuevos emprendimientos, invierten juntas, desarrollan un family office o encuentran en la filantropía una nueva forma de construir un proyecto compartido.

Esto nos deja una reflexión importante para cualquier familia empresaria que esté pensando en una eventual salida: preparar la venta de la empresa y preparar a la familia para después de la venta son dos procesos diferentes.

Por eso, además de hablar de valoración, impuestos y condiciones de la transacción, vale la pena comenzar otra conversación: ¿Qué queremos conservar de nuestra historia? ¿Qué queremos seguir haciendo juntos? ¿Cómo tomaremos decisiones cuando ya no exista la empresa que durante tantos años nos reunió? ¿Y qué queremos que signifique nuestro legado para la próxima generación?

Quizás una buena venta no debería medirse únicamente por lo que la familia recibe por la empresa, sino también por qué tan preparada está para comenzar el capítulo que viene después.