Dastec nació a fines de la década del 80, a partir de un proyecto desarrollado por jóvenes ingenieros argentinos vinculados al mundo de la tecnología y la instrumentación. En sus inicios, la empresa se desenvolvió en el desarrollo de sistemas de adquisición de datos. Con la evolución de la tecnología, adaptó su actividad y se enfocó en soluciones de medición, análisis y control de procesos industriales y equipamiento para laboratorio, incorporando tecnologías de fabricantes internacionales. A lo largo de los últimos 35 años, ampliaron su portfolio, desarrollaron nuevas áreas de especialización y extendieron su presencia para acompañar a clientes en diferentes industrias y regiones.
Actualmente, forman un equipo de más de 70 personas que brindan soluciones integrales, desde el asesoramiento técnico-comercial y la ingeniería hasta la provisión de equipamiento, puesta en marcha, capacitación, calibración, reparación y servicio técnico. Todas estas alternativas que brindan les permiten acompañar a sus clientes durante las distintas etapas de cada proyecto y construir relaciones a largo plazo. También, trabajan con empresas de diferentes escalas como Oil & Gas, minería, energía, alimentos y bebidas, química, agua y efluentes, pulpa y papel y otras industrias de proceso, representando y distribuyendo tecnologías de fabricantes líderes de Estados Unidos, Europa, Asia y Oceanía.
Además de tener presencia en Argentina, Uruguay y Paraguay, cuentan con una estructura comercial y técnica que les permite brindar cobertura regional, soporte especializado y conocimiento de las necesidades de cada mercado. Desde hace más de 15 años la segunda generación de la familia forma parte activa de Dastec y participan tanto en la gestión como en el Directorio Familiar. Ellos representan tanto la continuidad del proyecto como una nueva etapa orientada a una mayor profesionalización de la gestión, el fortalecimiento de los equipos y la evolución de la organización.
Con una mirada a largo plazo, la familia Marzoratti continúa desarrollando Dastec SRL sobre cuatro pilares que los acompañan desde sus inicios: conocimiento técnico, cercanía con sus clientes, relaciones sólidas con sus proveedores y búsqueda constante de nuevas tecnologías y soluciones.
¿Cómo definen ustedes a la empresa familiar?
Para nosotros, esta es mucho más que una fuente de trabajo o nuestro sustento económico: es una parte de nuestra vida y de quienes somos. Es algo que está presente en nuestro día a día y que vivimos con mucha pasión.
Disfrutamos trabajar en Dastec, pensar cómo seguir mejorándola y hacerla crecer. Nos entusiasma desarrollar el vínculo con nuestras representadas, colaboradores, encontrar nuevas oportunidades y, sobre todo, poder brindar soluciones a nuestros clientes. Cada desafío que logramos resolver y cada venta difícil que conseguimos concretar nos genera una enorme satisfacción y orgullo.
Pero justamente porque la vivimos con tanta intensidad, también es fuente de discusiones, diferencias y estrés. Muchas veces es difícil separar lo familiar de lo laboral, y los temas de la empresa inevitablemente se meten en otros espacios de nuestra vida. Creo que eso también forma parte de lo que significa ser una empresa familiar.
Aun así, todos sentimos un fuerte sentido de pertenencia y compromiso con la empresa. Nos cuesta imaginarnos nuestra vida sin Dastec, porque no es solamente el lugar donde trabajamos: es un proyecto familiar que sentimos como propio, que construimos todos los días y que queremos seguir haciendo crecer para las próximas generaciones.
¿Cuáles fueron las dificultades más importantes que tuvieron que vivir a lo largo de su desarrollo?
Creo que una de las dificultades más importantes fue, sin dudas, el comienzo. Iniciar un proyecto desde cero, con pocos recursos, mucha incertidumbre y sin saber realmente hasta dónde podía llegar, hizo que los primeros años fueran muy intensos. Había que construir todo: conseguir clientes, desarrollar proveedores, generar confianza y, al mismo tiempo, lograr que la empresa fuera sustentable.
Otro gran desafío fueron las distintas crisis económicas que atravesó la Argentina, especialmente la de 2001, pero también muchas anteriores y posteriores como la última de restricciones a las importaciones. Cada una nos obligó a adaptarnos, tomar decisiones difíciles y encontrar la manera de seguir adelante en contextos de mucha incertidumbre.
Y, por último, uno de los grandes desafíos fue —y sigue siendo— avanzar en la profesionalización de la empresa familiar. Es un proceso continuo, con aprendizajes, errores y aciertos, que nos obliga a revisar permanentemente la forma en que gestionamos y nos organizamos.
¿Qué los ayudó a sobrellevar las dificultades que afrontaron?
En los primeros años, el apoyo familiar fue fundamental para afrontar el estrés y las exigencias que implicaba poner en marcha la empresa. Y frente a las distintas crisis, algo que siempre nos ayudó fue mantener una buena salud financiera y una administración prudente. Una prioridad fue poder cumplir con los sueldos y nuestros compromisos, aun en los momentos más difíciles.
También fue clave tener la capacidad de buscar alternativas para seguir vendiendo y sostener la actividad, cuidando siempre las relaciones con nuestros clientes y proveedores. Esa capacidad de adaptarnos sin perder esos vínculos, sumada a contar con un equipo de colaboradores que estuvo presente y nos acompañó en cada desafío, fue fundamental para poder atravesar los momentos difíciles, aprender de ellos y seguir creciendo juntos.
¿Cómo se integraron los familiares?

Florencia, Anibal e Ignacio Marzoratti.
La primera familiar en integrarse fue Graciela, también socia de la empresa. Se incorporó cuando Ignacio y Florencia ya estaban más grandes y la empresa necesitaba una persona de confianza que pudiera asumir la gestión administrativa y financiera.
Más adelante se incorporaron Ignacio y Florencia, los hijos, de una manera bastante orgánica por propio interés y decisión. Empezaron a trabajar cuando comenzaron a tener más tiempo libre durante la facultad, inicialmente como una forma de ganar sus primeros ingresos y, al mismo tiempo, adquirir experiencia laboral.
Con el tiempo se fueron involucrando cada vez más en Dastec, pasando por distintas áreas, capacitándose, asumiendo nuevas responsabilidades y aportando también sus propias ideas y miradas.
La integración se dio siempre respetando a quienes ya llevaban muchos años trabajando en la empresa y aprendiendo de ellos. A su vez, tuvieron el espacio y la confianza necesarios para equivocarse, aprender y desarrollarse dentro dela organización, hasta ir asumiendo progresivamente mayores responsabilidades.
¿Cómo se hace para que todos trabajen en la empresa familiar y convivan sin pelearse?
¿Quién dijo sin pelearse? Creo que es bastante idílico pensar que en una empresa familiar no va a haber peleas o discusiones. Justamente porque somos familia, la forma en la que nos decimos las cosas muchas veces es diferente a la que tenemos con alguien que no pertenece a la familia.
A eso se suman los preconceptos y las historias que cada uno trae del vínculo: no vemos solamente a un compañero de trabajo o a un socio, sino también a un hijo, un hermano, un padre o una pareja, y eso inevitablemente influye en las relaciones dentro de la empresa.
Lo importante es que, aun en las diferencias, haya respeto y podamos entender que todos estamos empujando para el mismo lado. Muchas veces las discusiones son más pasionales justamente porque la empresa nos importa y la sentimos como propia, y no porque exista una intención de lastimar o perjudicar al otro.
Y quizás uno de los mayores desafíos sea aprender a separar los conflictos de la empresa de los vínculos familiares: poder discutir, incluso enojarse, pero entender que esa discusión pertenece a un ámbito y que después la vida familiar tiene que poder continuar por otro carril.
¿La dinámica de la empresa y la familia, se pueden llevar juntas sin que se lastimen mutuamente?
Es una línea muy fina. En nuestro caso, por suerte, hemos podido y podemos llevar las dos dinámicas juntas, aunque no siempre sea fácil.
Todos tenemos un carácter bastante frontal y eso, si bien a veces puede generar discusiones más intensas, también nos permite hablar los problemas cuando aparecen, poner las diferencias sobre la mesa y tratar de entender la posición del otro.
Creo que lo más importante es no dejar que los conflictos de la empresa se acumulen o se trasladen a la familia. Poder hablar, discutir cuando sea necesario y después seguir adelante, entendiendo que por encima de las diferencias laborales hay un vínculo familiar que queremos cuidar.
No significa que nunca nos lastimemos o que no haya momentos difíciles, sino que tratamos de tener la capacidad de hablarlos, resolverlos y no permitir que una diferencia dentro de la empresa termine dañando la relación familiar.
¿Cuáles son los desafíos que tienen como familia en la actualidad?
En la actualidad, nuestro principal desafío como familia es transitar el proceso de traspaso de la primera a la segunda generación. Esto implica no solo una transición en la conducción de la empresa, sino también aprender a pensar y funcionar como una futura sociedad de hermanos, con todo lo que eso significa.
Al mismo tiempo, tenemos el desafío de gestionar una organización que fue creciendo y se volvió más compleja, con más personas, más operaciones y nuevas responsabilidades, lo que nos exige seguir profesionalizando tanto la gestión como nuestra propia forma de tomar decisiones.
En este proceso conformamos un directorio familiar y designamos un gerente general no familiar, uno de nuestros mayores desafíos es lograr que funcione correctamente y aprender a separar los distintos “sombreros” que tenemos: el de dueños, el de quienes participan en la gestión y el de miembros de una familia.
Poder entender desde qué rol estamos hablando y tomando cada decisión, respetar esos espacios y no mezclar permanentemente lo familiar con lo empresarial es, probablemente, uno de los aprendizajes más importantes que tenemos por delante.

¿Cuáles son los desafíos que tienen como empresa en la actualidad?
Como empresa, uno de nuestros principales desafíos es adaptarnos a los cambios y a las crisis que caracterizan al contexto argentino, tratando de estar siempre lo mejor preparados que sea posible para atravesarlos y sostener la compañía en el largo plazo.
Actualmente también estamos frente a un escenario diferente, con otras rentabilidades, márgenes más ajustados, mayor competencia y clientes más exigentes. que nos obliga a revisar nuestra forma de trabajar y a ser cada vez más eficientes. Ya no alcanza solamente con vender y crecer: necesitamos mejorar procesos, controlar costos, medir mejor y lograr una estructura cada vez más ágil y competitiva.
Otro desafío importante es seguir avanzando en la profesionalización, fortaleciendo los equipos, desarrollando a las personas y mejorando los procesos de gestión y de toma de decisiones.
En definitiva, el desafío es poder adaptarnos a una realidad que cambia constantemente sin perder aquello que nos permitió llegar hasta acá, la cultura en nuestra forma de hacer que nos distingue desde el primer día, pero entendiendo que la empresa también tiene que evolucionar para poder seguir creciendo.
¿Cuál sería un aprendizaje que ustedes quisieran compartir con otras familias empresarias?
El mayor aprendizaje es, quizás, entender la importancia de profesionalizarse a medida que la empresa crece. Llega un momento en el que es necesario incorporar personas que saben más que uno en determinados temas, confiar en ellas y aprender a ceder parte del control. Eso es fundamental para que podamos seguir creciendo.
A quienes tienen hijos que empiezan a incorporarse a la empresa, les diríamos que les den espacio para equivocarse, aprender y encontrar su propio lugar, sin pretender que hagan las cosas exactamente de la misma manera que las hicieron ellos.
Y a los hijos, que no crean que por venir con nuevas ideas o una formación diferente saben más que los fundadores. Hay muchísimo para aprender de quienes construyeron la empresa desde cero. Que encuentren su lugar, que tengan paciencia, que no se tomen todas las diferencias como algo personal y que entiendan que ganarse la confianza y el espacio también es parte del proceso.
Y, sobre todo, que disfruten el camino. Somos pocos los que tenemos la posibilidad de trabajar como queremos, con las personas que queremos, y compartir con nuestra familia un proyecto que nos apasiona.
