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IAE Business School

Mike Santos: «Estamos empezando a tener el mundo en las manos»

Durante su visita al campus de Pilar del IAE, el cofundador de Technisys conversó con Sebastian Buffo Sempé, profesor y co-director del MBT AI-Centric del IAE Business School. Cómo la inteligencia artificial está cambiando la forma de emprender, invertir y aprender, y lo que dejaron casi 30 años construyendo una empresa, fueron los ejes de la charla.
Publicado lunes 19 de octubre

De la banca por internet a Sofi

Mike Santos fundó Technisys en 1996, cuando los bancos se relacionaban con sus clientes casi exclusivamente a través de las sucursales. La empresa nació para conectarlos por internet y acompañó cada cambio que vino después: el mobile, los bancos digitales y, en su última etapa, la inteligencia artificial aplicada a la atención al cliente. Llegó a operar en 16 mercados de 10 países y en 2022 se fusionó con SoFi. Durante casi diez años creció sin capital externo, en medio de crisis como la de 2001. "Nos acostumbramos a ser frugales gracias al bootstrapping (autofinanciamiento) y a realmente usar bien los recursos", recordó. Cuando más adelante llegaron los inversores, Santos lo vivió más como un compromiso que como un logro: "Rara vez nosotros hemos festejado rondas".

Tras la fusión, Santos trabajó durante tres años en la integración de ambas compañías. Hoy está más dedicado a la estrategia y al desarrollo de negocios desde Europa, y a través de un family office invierte en empresas de tecnología, tanto en el exterior como en la Argentina. Ese doble lugar, el de quien construyó una compañía y el de quien hoy evalúa a otros emprendedores, atravesó buena parte de la conversación.

Las ideas vuelven a valer

Esa trayectoria le da una mirada particular sobre el momento actual. Para Santos, la inteligencia artificial está cambiando una regla que el mundo emprendedor daba por sentada: que las ideas valen poco y la ejecución, mucho. Hoy cualquier persona puede ejecutar con agentes, a muy bajo costo, tareas que antes requerían equipos completos. "Realmente estamos empezando a tener el mundo en las manos", afirmó.

Ve en eso una oportunidad especial para las PyMEs, a las que siempre les costó digitalizarse. "Nunca tuvieron tan fácil y tan barato el acceso a este tipo de herramientas", dijo. Lo ilustró con su hija de 16 años, que en un vivero fotografió distintas semillas y le preguntó a ChatGPT cuáles crecerían bien en Buenos Aires. "Eso hay que llevarlo a la PyME", resumió. Para Santos, adoptar IA es más una cuestión de mentalidad y curiosidad que de recursos: "No esperar el consultor de McKinsey que tenga que explicar cómo adoptar IA". Su consejo para empezar es simple: suscribirse a una herramienta, usarla en las tareas de todos los días y pagar el plan cuando haga falta. "Hay que agarrar la compu y meterse", insistió.

Cómo la usa él

Él mismo la incorporó a su rutina. Durante años dedicó entre una y dos horas por la mañana a leer, porque considera que no estar informado tiene un costo alto para quien toma decisiones. Hoy se armó un resumen diario con inteligencia artificial que le reduce esa lectura a 20 o 30 minutos. También usa un agente entrenado para analizar las startups en las que evalúa invertir: a partir de la presentación de un emprendedor, obtiene un análisis competitivo, los pros y contras del proyecto y preguntas para la entrevista. "Es increíble. El poder de las herramientas es serio", afirmó.

Aun así, la mira con realismo. Ante la promesa de que los nuevos modelos pueden hacer cualquier tarea que una persona hace en una computadora, respondió: "Ponele que sea 80% cierto". En uno o dos años, estimó, lo será. También mencionó algo que le llama la atención: conoce adultos y jóvenes que desarrollan un vínculo emocional con estas herramientas.

Lo que no se reemplaza

Hay algo que, para Santos, la tecnología no reemplaza. Cuando decide una inversión, mira sobre todo a las personas: si el emprendedor es capaz de generar confianza, de convencer y de construir empatía. Y si tiene resiliencia, porque hoy el camino hasta un exit ronda los diez años, y puede llegar a veinte en las compañías más grandes. "El emprendedor tiene que estar preparado para meterle fuerte diez años", sostuvo. Tampoco cree que haya una edad ideal para emprender, y valora especialmente a quien vuelve a intentarlo después de un proyecto que no funcionó: "El que se quemó las pestañas, no le funcionó algo y por ahí el proyecto no anduvo, pero el aprendizaje es bueno".

Aprender haciendo

En un contexto que cambia a esta velocidad, también defiende una forma de aprender. "Me gusta la idea de crear iterando, de crear haciendo", explicó. Prefiere equivocarse temprano y corregir antes que planificar demasiado y llegar tarde, y destaca las posibilidades de aprender de manera autónoma: "Hay una cantidad de recursos disponibles enorme para aprender cualquier cosa". Esa lógica se extiende a su visión de la educación: "A mí me gustaría ver la educación, en realidad, más como un continuo", planteó, no como una etapa que termina antes de empezar a trabajar.

Una etapa de devolver

Hacia el final, la conversación se volvió personal. Santos reconoció que, mientras emprendía, no logró equilibrar el trabajo con el resto de su vida. "A mal puerto fuiste por leña", respondió cuando se lo preguntaron, aunque aclaró que en ese momento estaba haciendo lo que quería. Hoy eligió otro ritmo, con más tiempo para su familia, sus amigos y su salud. Al Miguel de 20 años le diría que haga "exactamente lo mismo". Al de 80 le gustaría que lo recuerden "como alguien generoso". Por eso dice que hoy está en una etapa de devolver, y que venir al IAE a conversar con alumnos y profesores es parte de eso.