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Publish in:La Prensa

Aumentan las amenazas para la economía a escala global

Pasados apenas tres meses, de octubre de 2019 a enero de 2020, el FMI volvió a recortar sus proyecciones del crecimiento mundial.

Y lo hizo pese a conocer el acuerdo comercial entre China y Estados Unidos firmado el 15 de enero pasado -parcial, pero relevante- y pese a desconocer la magnitud de la epidemia de coronavirus, cuyo desenlace final es incierto, pero ya está dañando las perspectivas de crecimiento mundial, y especialmente las de China.

Noticias especialmente malas para América Latina, que sigue siendo la región que menos crece en el mundo, apenas la mitad que el Africa Subsaharina. Mientras tanto, pese a su desaceleración respecto de 2018, cuando creció 2,9%, la economía norteamericana se muestra sólida en indicadores importantes.

La inflación se mantuvo muy a raya en 2019: 1,6% anual, contra 2,1% en 2018, y 1,6% contra 1,9%, en la versión núcleo.

La productividad creció un 1,4% anual en IV 2019, igualando al costo laboral unitario que, después de un prolongado letargo, mostró signos de vitalidad. El desempleo se mantuvo constante en enero (3,6%), con aumentos tanto de la población económicamente activa como de la tasa de empleo, y la creación de empleos fue aceptable en enero (225.000 puestos, de los cuales 206.000 en el sector privado).

Pese a no ser brillante, la reactivación de la economía mundial desde la Gran Crisis del 2008 podría estar cerca de su final, en un contexto en el que pueden estarse agotando las herramientas de política macroeconómica disponibles.

Además de la imprevisible reaparición del coronavirus, con efectos negativos sobre la economía real, las políticas fiscales expansivas están tocando límites y la política monetaria -con tasas bajas o incluso negativas según los países- difícilmente podrá sostenerse mucho más tiempo.

En fin, la fragilidad financiera está nuevamente presente, con valuaciones extravagantes de muchos activos, en especial en los Estados Unidos, y crecientes riesgos crediticios, en un contexto en el que la deuda global ya alcanzó el valor record de 230% del PIB mundial.

Desde 2016 se han acentuado la valorización del dólar, las bajas de las commodities - salvo el oro por su rol de supuesto refugio-, y la caída de los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos, típicas señales de temor y pesimismo que no se vieron en estos tres años largos.

Trump no se quedará de brazos cruzados, menos aún en un año en el que se juega la reelección.

Por lo pronto, ya anunció que depreciará al dólar, para lo cual necesita una problemática anuencia de la Reserva Federal bajando sus tasas de interés. En tal sentido, el coronavirus y sus consecuencias pueden ser la excusa que facilite la tarea de su presidente, Jerome Powell.

También lo ayuda en ese intento Xi Jinping, quien reconoció en estos días que el virus ya estaba afectando negativamente a la economía china.

Lamentablemente, todo indica que el viento de frente, que un presidente peronista no encontraba desde Perón en 1952, seguirá vigente requiriendo un programa económico que cambie las expectativas negativas prevalecientes sobre nuestro país.

Ex secretario de Programación Económica.
Catedrático del IAE Business School de la Universidad Austral.